La gran expulsión de Madrid: 400.000 vecinos, ante una subida salvaje de su alquiler
Los contratos firmados después del covid, muchos de ellos a la baja, pierden su protección a lo largo de 2026. Se esperan subidas de, al menos, un 50% de lo firmado en 2021
La pandemia ha sido el único evento capaz de frenar la escalada de precios de alquiler en Madrid. Entre el verano de 2020 y el de 2021, el precio del metro cuadrado retrocedió un 12%, marcando la primera caída consistente desde la crisis de 2008. Aprovechando la bonanza del mercado, y hastiados por los tres meses de confinamiento, en torno a 400.000 madrileños optaron por cambiar de piso, a menudo en busca de luz o espacios exteriores desde los que poder respirar en caso de repetirse el encierro.
Esos contratos firmados a la baja perderán a lo largo de 2026 la protección contra subidas. Esto significa que los caseros podrán revisarlos e imponer unas condiciones acordes a la realidad del mercado, que registra un incremento del 47% con respecto a 2021. Una subida salvaje para un colectivo, el de las personas que viven de alquiler, al que ya le llegaba el agua por el cuello. Según datos del portal inmobiliario Fotocasa, los madrileños gastan un 71% de su salario bruto en pagar la renta, más del doble de los máximos establecidos por la ortodoxia financiera.
Para miles de vecinos, este año será el último en el que puedan permitirse vivir en la capital. Marina V. trabajaba en Berlín cuando se decretó el confinamiento. Regresó a España, a la casa de sus padres en Vitoria, para no pasarlo sola en Alemania, y poco después se trasladó a Madrid, al barrio de Embajadores. "Encontré un piso, no diré que barato, pero sí decente. Pago 1.300 euros por dos habitaciones y una pequeña terraza, de sobra para mí sola, pese a que es más pequeño y más caro que lo que tenía en Berlín", explica a este periódico.
La relación con su casero, detalla, ha sido "excelente" durante estos años, si bien algo cambió hace un par de meses. "De repente empezó a mandarme ofertas de pisos de mi edificio, comentando lo caro que estaba todo. En principio me dio buena onda, porque se quejaba de los precios, pero poco a poco fui entendiendo que lo que estaba haciendo es prepararme para una subida grande", afirma la vitoriana. "Y así fue. La semana pasada me pidió tomar un café y me adelantó que, por lo menos, iba a pedirme 2.000 euros por el piso. Me dijo que me hacía precio especial por ser tan buena inquilina, porque podría ponerlo a 2.500 y alquilarlo igual".
El nuevo precio desconcertó a Marina: "Soy ingeniera, trabajo para una multinacional alemana, gano muy por encima del madrileño promedio, pero no puedo permitirme el alquiler de un piso de 70 metros cuadrados en una zona que ni siquiera es el centro de Madrid", lamenta. "¿Pero quién puede pagar 2.500 euros por un alquiler en Madrid? Es que no lo entiendo, hace un tiempo era lo que costaba un chalet de dos plantas con piscina".
En los barrios pobres la subida hace más daño. En la calle Isidra Jiménez, en Usera, Edwin y Sofía consiguieron un alquiler de 450 euros después del confinamiento. Es un bajo comercial de 50 metros cuadrados, pero tiene trampa: 20 de ellos pertenecen a una suerte de despensa, una especie de cueva en el suelo, con humedades y roedores. "Esto ha sido muchas cosas, en los últimos tiempos una tienda para hacerte las uñas. Una amiga de Sofía vivía aquí en la zona y vio que se cerraba el negocio, así que preguntó y le dijeron que sí, que podíamos entrar a vivir", dice Edwin, de origen colombiano.
"¿Pero quién puede pagar 2.500 euros por un alquiler en Madrid? Es que no lo entiendo"
La pareja sostiene que firmó el contrato incluso sin cumplir las mínimas condiciones de habitabilidad, con la promesa de que el casero iría mejorando el inmueble a medida que fuese reuniendo capital. "Fue tal cual. Hemos pasado cuatro años con reformas: ha levantado tabiques, ha instalado un sistema de calefacción, ha aislado las ventanas... todo menos el sótano, que lo da por perdido", afirma Edwin. "En cuanto ha estado todo hecho, con su licencia de primera ocupación, nos ha dicho que a partir de marzo tenemos que pagar 1.000 euros".
Ambos son repartidores de comida a domicilio y Edwin está seguro de que no podrán pagar la nueva cuota. "Lo vamos a intentar, a ver cómo sale, pero es más del doble de lo que estamos pagando ahora. A este barrio lo llamaban el 'pequeño Bogotá' porque hay una colonia colombiana muy importante, pero tengo un montón de amigos que han tenido que irse a Alcalá de Henares, Móstoles y Leganés porque ya no pueden pagar. Seguramente será nuestro caso este año", explica resignado.
Este periódico ha realizado una pequeña encuesta en redes sociales. A la pregunta "¿Vives en Madrid? ¿Tu contrato vence en 2026? ¿Te han comunicado una subida del alquiler? ¿De cuánto?", han respondido más de 40 usuarios, de los cuales un 84% ha avanzado una subida del alquiler que, en promedio, supera el 50% de incremento, unos puntos por encima de la evolución del mercado.
Un seísmo nacional
Según los datos del Ministerio de Consumo, en 2021 se firmaron 632.000 contratos de alquiler en toda España, por lo que los afectados, en términos globales, se situarían en torno a 1,6 millones de ciudadanos. Pese a que en la capital es donde se encuentra la mayor parte de afectados, no es la ciudad en la que más van a sufrir las subidas. Destacan Baleares y Comunidad Valenciana, con incrementos por encima del 60%, si bien la situación en las islas es más peliaguda, en tanto que partían de un precio medio superior al de Valencia y que se ve agravado por la falta de espacio para construir y por la alta rentabilidad de los alquileres vacacionales.
El ministerio de Bustinduy cuantifica en 300 euros mensuales la subida promedio de esta oleada de renovaciones o, lo que es lo mismo, en torno a 3.600 euros más al año. Esta situación llega, añade el Ministerio, en un momento en el que 1 de cada 3 españoles dedica más del 30% de su salario al alquiler. Al respecto, Sumar ha puesto sobre la mesa una medida concreta para evitar la fuerte subida de precios que sufrirán miles y miles de personas, proponiendo al Ejecutivo central la renovación automática de todos los contratos de alquiler con la única subida del IPC.
Por último, desde el Sindicato de Inquilinas recomiendan a los afectados que se unan a su plataforma #NosQuedamos, desde la que pretenden colectivizar el problema, presionando a los caseros para que se sienten a negociar con los inquilinos. El sindicato propone llevar la situación a una negociación colectiva, así como la creación de una caja de resistencia para los desahucios y un calendario de manifestaciones para hacer visible el problema.
La pandemia ha sido el único evento capaz de frenar la escalada de precios de alquiler en Madrid. Entre el verano de 2020 y el de 2021, el precio del metro cuadrado retrocedió un 12%, marcando la primera caída consistente desde la crisis de 2008. Aprovechando la bonanza del mercado, y hastiados por los tres meses de confinamiento, en torno a 400.000 madrileños optaron por cambiar de piso, a menudo en busca de luz o espacios exteriores desde los que poder respirar en caso de repetirse el encierro.