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El campo de batalla donde Napoleón se aseguró la entrada a Madrid pasa a ser un espacio protegido
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El campo de batalla donde Napoleón se aseguró la entrada a Madrid pasa a ser un espacio protegido

Las tropas napoleónicas consiguieron penetrar en Madrid a través del puerto de Somosierra, donde la caballería ligera polaca consiguió doblegar a la infantería y artillería españolas. Ahora se protegerá el enclave, en el que permanece un fortín

Foto: Recreación histórica de la batalla de Somosierra (Comunidad de Madrid)
Recreación histórica de la batalla de Somosierra (Comunidad de Madrid)

Sucedió el 30 de noviembre de 1808, en el puerto de Somosierra, y aquella derrota militar supuso la entrada del ejército napoleónico en la capital en la conocida como segunda invasión, después de que el pueblo madrileño consiguiera expulsar a los franceses en mayo. De todo ello queda un fortín levantado por orden del emperador francés y la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, que data de 1654, así como el terreno en el que perecieron cientos de combatientes. Ahora, la Comunidad de Madrid declarará el enclave como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Sitio Histórico, algo que, según los expertos, deberían repetir otras comunidades autónomas con sus propios campos de batalla.

A finales de 1808, Napoleón intentó de nuevo conquistar España. Tras la batalla de Tudela, la guardia imperial y varias divisiones avanzaron hacia Madrid. Pronto ubicaron el punto estratégico situado en Somosierra. "Eso lo sabe también el ejército español, así que sitúa a casi 10.000 soldados de infantería y 16 piezas de artillería para defender la posición", explica Pablo Carrasco, arqueólogo y doctorando en una tesis sobre los campos de batalla de época napoleónica en la Universidad de Barcelona (UB).

Bajo el mando del general Benito San Juan, 9.000 soldados defendieron el puerto de Somosierra frente al avance francés. En el lado napoleónico, las tropas estaban formadas por tres regimientos de infantería con más de 7.500 efectivos, varios cuerpos de caballería con 2.500 jinetes y cuatro escuadrones de caballería ligera polaca con otros 678 jinetes.

placeholder Recreación de la batalla que se realiza en Somosierra cada mes de noviembre (Comunidad de Madrid)
Recreación de la batalla que se realiza en Somosierra cada mes de noviembre (Comunidad de Madrid)

El paso de montaña quedó casi infranqueable, así que las primeras intentonas napoleónicas fueron repelidas. "Necesitó a la caballería ligera polaca, que hizo dos cargas. Algunos analistas militares dicen que fueron suicidas debido a la dificultad de la operación", añade el experto. No parecía fácil: a caballo, cuesta arriba y con cañones disparando. A pesar del elevado número de bajas polacas, consiguieron su cometido. Según Carrasco, acabaron con los artilleros, tomaron las piezas de cañón y abrieron el paso para que entrara Napoleón. Durmió en Buitrago y, en pocos días Madrid cayó. La capital lo capituló el 14 de diciembre de 1808.

Una batalla estudiada en Francia y Polonia

El subdirector de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel García, incide en que es la primera vez en la región que se declara BIC al lugar que ocupó una batalla tan singular. "Entendemos que, dentro del conflicto bélico de la guerra de la Independencia, aquí hubo un hito, que es la consecución definitiva de la conquista del territorio hispano por Napoleón", introduce.

El paso de Somosierra está datado desde época prehistórica, según García, y la batalla de 1808 pasó a los anales de la historia militar. Tanto, que todavía se estudia en las academias militares de Francia y Polonia. "En España no porque fue una derrota", apunta el subdirector, quien subraya que "la superioridad numérica de los franceses era tremenda, al igual que su profesionalización, mientras que en el ejército español había voluntarios mal armados".

Foto: dos-de-mayo-goya-historia-madrid-infante-franceses

Un fortín y una ermita a conservar

Carrasco considera la batalla de Somosierra como el momento cumbre de toda esta campaña militar y la segunda invasión francesa. De aquello quedan ciertos vestigios. En 2001, los arqueólogos Javier Pastor Muñoz y María Jesús Adán Poza estudiaron el terreno mediante diversas metodologías.

Gracias a una prospección arqueológica con un detector de metales, encontraron evidencias de la batalla, tales como proyectiles, balas de fusiles, botones regimentales y otros elementos, como fragmentos de sables, que a día de hoy atesora el Museo del Ejército. Asimismo, excavaron el fuerte y realizaron una estratigrafía. "Los franceses también sabían que Somosierra era un paso estratégico, por eso construyeron un fortín en él", añade Carrasco. La denominación BIC también protegerá los restos del puente de piedra sobre el río Duratón.

placeholder Recreación histórica de la batalla de Somosierra (Comunidad de Madrid)
Recreación histórica de la batalla de Somosierra (Comunidad de Madrid)

Y todavía queda la ermita, testigo de la batalla, con una gran ligazón con Polonia. El investigador de la UB recalca que sus vidrieras fueron cofinanciadas por el Gobierno polaco. Es así porque durante aquella guerra los polacos eran una nación sin estado. "Haber ganado la batalla era una forma de reivindicarse ante Napoleón para que les ayudara a recuperar su estado perdido, y en parte así ocurriría en el futuro", agrega el experto.

La memoria de los campos de batalla

El subdirector de Patrimonio Histórico de la Comunidad tilda de "oportuno" este reconocimiento BIC que protege al enclave. En este caso, la mayor parte de los terrenos forman parte de la autopista y antigua carretera de Burgos y difícilmente se podrían alterar para trastocar el paisaje militar. Los terrenos son rústicos, dedicados a la ganadería y agricultura, detalla García.

Carrasco, por su parte, considera que la declaración BIC de este tipo de espacios es una manera de reivindicar la memoria de los campos de batalla. "Son paisajes que en muchos casos carecen de elementos patrimoniales, pero que acogieron, por unas horas, un evento dramático que dejó huellas en el lugar y que se pueden vislumbrar a través de los hallazgos arqueológicos", describe el investigador.

Más allá de la protección que aporta la catalogación como BIC, este arqueólogo reivindica una labor pedagógica de cara a la ciudadanía: "Es importante que los espacios en los que ocurrieron hechos históricos de relevancia se conozcan, que se señalicen y se expliquen". Y para ello es esencial la labor de las recreaciones históricas, como la que se produce en Somosierra cada noviembre y en la que parecen resucitar el ejército español del siglo XIX y la Grande Armée napoleónica y la caballería polaca.

Foto: patones-arriba-reino-secreto-esquivo-ejercito-napoleon

Para Carrasco, recrear una batalla ayuda a visibilizar unos hechos muy difíciles de ver de manera tangible. "No hablo de blanquear las batallas, porque fueron sucesos muy violentos y hay que respetar ese lugar, pero también conocer las consecuencias e implicaciones que tuvo el conflicto", desarrolla. Las recreaciones, por otra parte, cada vez ganan más adeptos en España. Sus espectáculos generan interés incluso a nivel internacional. “Pensemos que en las guerras napoleónicas participaron soldados de prácticamente todos los países de Europa”, invita el propio Carrasco.

A fin de cuentas, los campos de batalla tocan numerosas aristas, identidades y memorias. "Eso a los arqueólogos nos deja sorprendidos. Un hecho que ocurrió en unas horas deja una marca en el paisaje brutal, con balas, botones, hebillas, armas... Y todo eso nos conecta con los que allí lucharon y murieron. Es una manera de recordar aquella violencia y un mensaje del pasado hacia el presente para no olvidar las guerras y lo que implican", finaliza el experto en campos de batalla de época napoleónica.

Sucedió el 30 de noviembre de 1808, en el puerto de Somosierra, y aquella derrota militar supuso la entrada del ejército napoleónico en la capital en la conocida como segunda invasión, después de que el pueblo madrileño consiguiera expulsar a los franceses en mayo. De todo ello queda un fortín levantado por orden del emperador francés y la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, que data de 1654, así como el terreno en el que perecieron cientos de combatientes. Ahora, la Comunidad de Madrid declarará el enclave como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Sitio Histórico, algo que, según los expertos, deberían repetir otras comunidades autónomas con sus propios campos de batalla.

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