El Ruedo de la M-30 como ejemplo del malestar y la esperanza de las ciudades
El próximo sábado 13 de diciembre se presenta en el Teatro del Barrio 'El Encanto', una pieza de Massi Casu, donde ocho vecinas de El Ruedo cantan, hablan y son entrevistadas
Imagen distorsionada de nuestro presente, El Ruedo lleva décadas simbolizando mucho de lo malo que lleva asociada la periferia: droga, delincuencia y un urbanismo que ha fallado a la sociedad. Sobre ese edificio de Sáenz de Oiza, levantado junto a la M-30 como operación de realojo, se ha escrito mucho desde fuera y se ha escuchado muy poco desde dentro.
La pieza que Massi Casu presenta la próxima semana en el teatro de Lavapiés parte justo de ahí. "Me interesan esos espacios donde puedes encontrar algo de los engranajes de la ciudad, como si le vieras las costuras a cómo se ha construido", cuenta el italiano, uno de los artistas más inquietos en esto de preguntarse hacia dónde van las ciudades y los que las habitamos. El Ruedo le parece un espejo muy interesante a través del que mirar la historia de Madrid, no solo desde que existe El Ruedo, sino de los últimos 150 años.
Su mirada se distancia del relato habitual. En la obra hay "una parte larga dedicada a cómo la prensa ha tratado al Ruedo": titulares como "robar para poder vivir", piezas de televisión que amplifican los delitos y la droga, pero noticias en las que "no se entrevista a nadie que sea portador de ese relato". Lo define como "una constante manipulación y amplificación de todos los problemas del barrio", con "retórica que premia el escándalo" sobre robos, peleas y drogas.
Para Casu, lo interesante del Ruedo no es la caricatura, sino su carácter de caso límite. "Estos barrios verticales representan los casos más extremos, aquellos que nos pueden hablar de los malestares urbanos que más o menos todos compartimos", explica el también arquitecto e ideólogo de uno de los proyectos más bellos que se han realizado en Madrid, Ciudad Bailar, junto a Vanesa Viloria.
De fondo, una tesis clara: "La ciudad se ha construido a partir de una doble explotación de la pobreza. Por un lado, precarizando desde el punto de vista laboral y de los salarios". Y por el otro, el propio precio de la vivienda, que sirve para que una cantidad nada pequeña de esos salarios sea destinada a pagarla. Lo que hoy vivimos como la urgencia de unos alquileres imposibles y la falta de acceso a una casa digna, estas vecinas lo llevan padeciendo décadas.
'El Encanto': un concierto documental
El Encanto nace dentro de una línea de trabajo que Casu desarrolla desde 2022, en la que cruza tres elementos: prácticas sonoras y musicales; prácticas de magia tradicional popular "en su dimensión colectiva"; y luchas sociales por "condiciones dignas de vida". El método es siempre el mismo: partir de una práctica sonora vinculada a la vez a luchas civiles y a prácticas mágicas. En este caso, el canto.
"Trabajo con el canto, la cuerda vocal, el lanzamiento de magias a través del canto", explica. Le interesa también la conexión etimológica: encanto, desencanto, encantar vienen del canto. De ahí el título, pensado como reacción a lo que llama "el desencanto como paradigma de la contemporaneidad", esa sensación de impotencia y de incapacidad de producir cambio político. El Encanto, dice, es "reencantar la mirada, entendida como capacidad de imaginar otras configuraciones del mundo".
En escena, todo se organiza como un concierto documental: "Una fusión entre teatro documental y experimentación sonora. En algún momento más experimental y en otro más pop. Lo llamo concierto documental para contar de qué manera se unen texto y música y de qué manera la experimentación sonora está al servicio de un relato".
Durante seis meses ha trabajado con ocho vecinas del icónico edificio, todas entre 60 y 80 años, algunas de ellas gitanas, reunidas en torno a la asociación Caminar El Ruedo, activa desde 1988. La estructura de la obra repasa, a partir de principios del siglo XX, leyes, noticias e hitos que se cruzan con sus biografías: "No por fetiche de historiador, sino para razonar en torno a cómo ciertos ciclos y ciertas maneras de funcionar de Madrid son fundamentales para la ciudad. No son elementos de la coyuntura actual: es cómo funciona la ciudad".
Del Pozo del Huevo al dúplex abandonado
María Felicitas Rincón Sánchez, una de las participantes, recorre con su vida ese tránsito. Antes de llegar a El Ruedo vivía en el Pozo del Huevo. "Mi marido tenía derecho a comprar una casita allí muy pequeña", recuerda. Cuando se decide el derribo, les comunican el realojo: "Por lo que sabemos, el terreno nos lo cedió Tierno Galván para hacer estos pisos".
El traslado no fue sencillo. "Me costó seis veces arreglar papeles para poder venir aquí", explica. Aun así, la mudanza venía a representar la esperanza en su vida: "Venía con toda la ilusión aquí, porque donde yo estaba todo era campo. El autobús pasaba cada hora, era horroroso estar allí. Yo no quería que mi hija se criara en esas condiciones". Hoy el edificio acumula años de dejadez. "Aquí nos han dejado muy abandonados", cuenta María, que lleva de alquiler desde hace 35 años. "Yo estoy de alquiler, pero si se me rompe la caldera la tengo que cambiar yo. Si se estropea una ventana, la tengo que arreglar yo. Ellos no hacen nada, no entran aquí a hacer absolutamente nada".
A ello se suma ahora la edad de muchas vecinas que deben vivir en pisos que han sido diseñados como dúplex: "Molan muchísimo si eres joven", admite Casu, "pero estas mujeres ya empiezan a tener problemas de movilidad, y su escalera para subir a la cama empieza a ser un problema gordo".
Un coro de vecinas y un órgano de sirenas
Casu ha construido parte de la partitura a partir de la música que ellas oyen cada día. "Es una selección que va de la rumba a la copla. Lo que escuchan ellas", desgrana de una pieza donde se podrán oír versiones de María de la O o Campanera de Joselito. "Compartiendo escuchas, hablando de música, hemos encontrado las canciones que más se enlazaban con los elementos biográficos de ellas y con el relato general", explica. A partir de ahí ha conseguido montar un coro con ellas, coordinado por Gracia Texidor, mujer orquesta que se esconde bajo el nombre de Looping Greis.
En escena, las vecinas "cantan, hablan, son entrevistadas". Frente a ellas, Casu controla "los cacharros": sintetizadores y, sobre todo, una "orquesta de sirenas" que ha fabricado para la pieza. "Son sirenas que controlo por MIDI. Al subir la velocidad de giro sube la nota; teniendo el control del motor puedes modularlo. Es como un sinte monofónico que te cubre dos octavas. Tengo unas doce sirenas, un macro sinte electromecánico, un órgano raro al aire".
A Casu le fascina ese diálogo entre "el coro de sirenas humanas que son ellas y el coro de sirenas mecánicas", y la doble condición de la sirena: dispositivo de alarma y ser mitológico asociado al canto que seduce y lleva al desastre. "Cada sirena es como un sinte monofónico con una extensión de dos octavas. El conjunto, de unas doce sirenas, es un macro sinte electromecánico, una suerte de órgano de aire", concluye.
Imagen distorsionada de nuestro presente, El Ruedo lleva décadas simbolizando mucho de lo malo que lleva asociada la periferia: droga, delincuencia y un urbanismo que ha fallado a la sociedad. Sobre ese edificio de Sáenz de Oiza, levantado junto a la M-30 como operación de realojo, se ha escrito mucho desde fuera y se ha escuchado muy poco desde dentro.