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La figura olvidada de Ignacio Bolívar, el experto en bichos que hizo grande al Museo de Ciencias Naturales
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La figura olvidada de Ignacio Bolívar, el experto en bichos que hizo grande al Museo de Ciencias Naturales

Una exposición recién inaugurada desentraña las vicisitudes de este experto en entomología que logró convertir al Museo en referente internacional y exponer algunos de sus ejemplares más emblemáticos

Foto: Exposición Ignacio Bolívar. (Joan Costa)
Exposición Ignacio Bolívar. (Joan Costa)

Cualquier persona que haya visitado el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) recordará el dinosaurio que da la bienvenida a quien entra por sus puertas. El ejemplar de Diplodocus carnegii llegó al Museo cuando Ignacio Bolívar y Urrutia (1840-1940) era su director, cargo que ostentó desde 1901 hasta 1936. Bajo su mandato, el MNCN experimentó un crecimiento inusitado hasta el momento: se impulsó la investigación y las expediciones, aumentaron las colecciones, se publicaron revistas científicas y consiguieron el espacio que ahora ocupa, el Palacio de la Industria y de las Artes.

Ahora, una exposición denominada Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944). Director del Museo de Ciencias Naturales homenajea en el propio Museo el legado de uno de los mayores especialistas y más respetados de su tiempo en el terreno de la entomología, el estudio de los insectos, de su generación, y que terminó exiliado en México tras la Guerra Civil.

Soraya Peña de Camus, coordinadora de exposiciones del MNCN, se ha encargado de comisariar la muestra. "Bolívar fue el responsable de la mayor modernización y del prestigio que alcanzó el Museo en el primer tercio del siglo XX", introduce. Una de sus grandes hazañas fue conectar el MNCN con la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), liderada por Santiago Ramón y Cajal, institución que se encargaba de conceder becas a los estudiantes para completar su formación en el extranjero.

placeholder Exposición 'Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944). Director del Museo de Ciencias Naturales' (Joan Costa)
Exposición 'Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944). Director del Museo de Ciencias Naturales' (Joan Costa)

De esta forma, a partir de 1907 se reactivó la investigación en el Museo, con el consiguiente enriquecimiento de sus colecciones. Fue entonces cuando llegaron a la galería algunos de sus grandes ejemplares. Al dinosaurio ya mencionado, que arribó en 1913 donado por el magnate Andrew Carnegie, se le sumó el elefante africano, donado por el duque de Alba. Bolívar también consiguió exponer un ejemplar del lobo de Tanzania, ya extinguido, y de un okapi, un animal hasta entonces desconocido y que no tenía ningún museo del mundo. "Lo consiguió a base de negociaciones con los belgas, porque procedía del Congo belga", apunta la comisaria.

Bajo el mandato de Bolívar, al MNCN llegaron los hermanos y especialistas en taxidermia José María y Luis Benedito, experto en aves el primero y en mamíferos el segundo. "Los dioramas son preciosos, sobre todo el de los abejarucos, el grupo de lobos y el de zorros, donde ambos aunaron el arte de la escultura con sus conocimientos de historia natural y biología de los animales", afirma Peña de Camus.

Bolívar pone al Museo en el mapa

La actual ubicación del MNCN en el Palacio de la Industria y de las Artes no es, ni mucho menos, la única que ha tenido a lo largo de su historia. El mismo Bolívar inauguró en 1902 el Museo en la sede del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, en el Paseo de Recoletos, actual sede de la Biblioteca Nacional y del Museo Arqueológico Nacional. Sin embargo, el Museo ya había sufrido un desahucio en 1895, tras inaugurarse en 1776 en la calle Alcalá, justo donde ahora continúa la Academia de Bellas Artes de San Fernando, apenas un lustro después de su creación. De hecho, la inscripción sobre la piedra, firmada por Carlos III, así lo recuerda. "Ahí se dejó por escrito que en ese edificio se juntaban el arte y la ciencia para utilidad pública", cuenta la comisaria de la muestra.

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Tras tomar posesión de su cargo, uno de los grandes retos de Bolívar fue conseguir un espacio tan noble para el Museo como es su cometido con la sociedad. Lo logró cuando en 1910 se instaló sobre los altos del hipódromo, donde permanece desde entonces, y a donde llevó su propia colección de entomología, hasta ese momento a resguardo en el Museo del Doctor Velasco, ubicado en el actual Museo de Antropología, en la calle de Alfonso XIII. Primero con el ala norte y ya en 1935 con el ala sur, Bolívar dejó tras de sí la mayor y más noble sede que ha tenido nunca el MNCN.

Su faceta como investigador y hombre de ciencias apenas tuvo parangón en su tiempo. Bolívar fue catedrático de la Universidad Central de Madrid -actual Complutense-, académico de la Real Academia de Ciencias y de la Real Academia Española, vicepresidente de la JAE y presidente desde 1934, cuando murió Ramón y Cajal, director del Real Jardín Botánico desde 1921 hasta 1930 y socio fundador de la Sociedad Española de Historia Natural con tan solo 20 años. "Llegó a ser una primera figura a nivel internacional en el tema de los ortópteros, el grupo de insectos en los que se incluyen los saltamontes, grillos y langostas", añade la coordinadora de exposiciones.

Una exposición-homenaje

La exhibición muestra el largo recorrido de Bolívar por el MNCN y su gran legado. Se podrán ver ejemplares de las colecciones que se encontraban en las distintas sedes del Museo, otras procedentes de las expediciones que en el primer tercio del siglo XX se realizaron al noroeste de África y de las investigaciones paleontológicas y prehistóricas de esa época. También se exhiben fotografías que muestran las salas de exposiciones, los talleres de taxidermia y algunos de los personajes del Museo bajo la dirección de Bolívar. Hay un espacio dedicado a su hijo, Cándido Bolívar Pieltain, que fue entomólogo como su padre. Además, están representadas las colecciones de insectos y las especies descritas o coleccionadas por ambos, así como una selección de sus numerosas publicaciones.

placeholder Exposición 'Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944). Director del Museo de Ciencias Naturales' (Joan Costa)
Exposición 'Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944). Director del Museo de Ciencias Naturales' (Joan Costa)

La muestra termina con algunas reseñas a un famoso congreso de entomología celebrado en Madrid en 1935, presidido por Bolívar, al que acudieron 400 especialistas en la materia de todo el mundo. Fue de las últimas celebraciones en las que tomaría parte, al menos en España. Un año después, llegó a Valencia junto a otros investigadores del Museo, donde ya estaba el Gobierno republicano.

Cuando enfilaba los 90 años, finalmente se exilió en México, después de dejar atrás España en 1939. "Ni el traslado ni la edad le impidieron fundar una revista dedicada a aglutinar el trabajo de todos los investigadores españoles en el exilio, y también de americanos en general", relata la comisaria de la exposición. Llamada Ciencia, la publicación estuvo en activo hasta 1975.

El exilio

Su ligazón con la República no se vertebró de manera directa a nivel político. Sin embargo, su presencia en la JAE, una institución eminentemente progresista, así como el trabajo conjunto con otros intelectuales del momento, sí le hizo pensar que la dictadura que se implantaría poco después en España le perseguiría. Además, huyó con su hijo, Cándido, entomólogo, pero también secretario oficial de Azaña desde que el alcalaíno se convirtiera en presidente de la República en mayo de 1936.

La decadencia que experimentaron la cultura y la ciencia españolas bajo el franquismo se puede comprobar en esas décadas en las que apenas avanzó el MNCN. "Las instituciones como la JAE desaparecieron, la revista Ciencia no se distribuía en España y la participación de Bolívar en el congreso de entomología de Madrid no se publicó en sus actas", ilustra Peña de Camus, quien añade que el Museo se volvió a dividir, dejando la investigación de lado.

Su compañero de andadura en la JAE, Ramón y Cajal, describió a Bolívar en su escrito Recuerdos de mi vida como "modestísimo cuanto sabio naturalista". Bolívar murió con 94 años, y hasta los últimos días de su vida continuó firmando sus trabajos como director del MNCN. Cuando le preguntaron por qué se exiliaba de España, si con los años que tenía era difícil que le pudiera pasar algo, él respondió con cuatro palabras: "Para morir con dignidad".

Cualquier persona que haya visitado el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) recordará el dinosaurio que da la bienvenida a quien entra por sus puertas. El ejemplar de Diplodocus carnegii llegó al Museo cuando Ignacio Bolívar y Urrutia (1840-1940) era su director, cargo que ostentó desde 1901 hasta 1936. Bajo su mandato, el MNCN experimentó un crecimiento inusitado hasta el momento: se impulsó la investigación y las expediciones, aumentaron las colecciones, se publicaron revistas científicas y consiguieron el espacio que ahora ocupa, el Palacio de la Industria y de las Artes.

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