¿Cómo llegó la ermita de la Soledad de Barajas a quedarse aislada en mitad de una rotonda?
Diversas operaciones para conectar el Aeropuerto de Barajas con diversos puntos de Madrid han hecho que el templo esté rodeado de carreteras y con un acceso muy complicado para los vecinos
El día que levantaron la Ermita a Nuestra Señora de la Soledad en el pueblo de Barajas a mediados del siglo XVII no se podían imaginar el emplazamiento definitivo que ocuparía, que, sin embargo, es el mismo que en aquel momento. Lo curioso está en qué la circunda: una gran rotonda que ha dejado al templo en medio de una de las principales vías de acceso al aeropuerto de Madrid-Barajas y al que únicamente se puede acceder por un paso de peatones. Ubicada en el antiguo pueblo barajeño, ahora forma parte de este distrito de la capital que parece vertebrar su urbanismo en función del uso del coche en detrimento de su patrimonio histórico.
Esa es la tesis que defiende Alberto Sanz, director del Centro de Documentación de Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), quien define a la ermita como "un magnífico ejemplo de las ermitas que hace siglos poblaron Castilla y que siempre estaban dedicadas a un santo o virgen". A pesar de que en ellas no se celebraba misa todos los domingos, era el enclave al que acudía el pueblo en sus romerías.
Este ejemplo de arquitectura barroca rural, con el tiempo emplazada en la carretera que unía Barajas con otros municipios del sur, como Ajalvir y Vicálvaro, siempre tuvo un claro componente territorial. "Eran una especie de icono que marcaban la entrada y salida del pueblo. Mientras su pórtico mira hacia el casco antiguo de Barajas, la gente que llegaba al municipio podía vaticinarlo por la presencia de la ermita", ilustra Sanz.
Encomendarse a la virgen ante un viaje peligroso
Estos lugares de devoción popular también eran utilizados por los viajeros, que se encomendaban al santo o a la virgen a la hora de emprender un viaje que podía tornarse peligroso, añade Alberto Tellería, vocal de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio. La que se conserva en Barajas es un mínimo reducto de estos pequeños templos que poblaron Castilla y que, poco a poco, se han perdido tras las desamortizaciones y el crecimiento de las ciudades.
La Ermita a Nuestra Señora de la Soledad tiene un gran valor, asegura el responsable del Centro de Documentación de Arquitectura, ya que refleja a la perfección el modo de construir estos templos con base en elementos prismáticos "muy potentes" que se reflejan en el exterior, a diferencia de lo que ocurre en las iglesias francesas o italianas, por ejemplo.
Lo primero que se encuentra cualquier curioso, siempre y cuando consiga salvar el paso de peatones que la separa de la civilización, es el pórtico, seguido de la bóveda de los fieles, cubierta por una bóveda de cañón, para llegar al santuario de la ermita, cubierto por una cúpula. "Todo se colocaba claramente de manera ascensional, hacia el cielo. Detrás estaba la casa del ermitaño, el cuidador de la ermita", apunta el experto del COAM.
En este sentido, a día de hoy se aprecian cuatro volúmenes que se pueden observar con total detalle desde el exterior, realizados a base de ladrillo con refuerzos de piedra. El problema está en que, a pesar de que Barajas apenas ha crecido en los últimos tiempos, sí lo ha hecho el aeropuerto que da servicio a la capital, a algo más de un kilómetro de distancia del enclave.
La carretera arrincona a la ermita
La carretera de Vicálvaro a Barajas se convirtió en un lugar de gran fluidez de tráfico que debía ser mejorado. "En un primer momento, pensaron en el derribo de la ermita, algo que ahora puede sorprender, pero que hace apenas medio siglo no era tan extraño", comenta Sanz. Diversas manifestaciones del vecindario de Barajas en la segunda mitad de la década de los años 80 consiguieron frenar la operación. Ante las protestas, la Administración barajó incluso mover la ermita de lugar. En este sentido, Tellería sostiene que "una construcción de ladrillo y mampostería no se puede trasladar como si estuviera construida de piedra".
Consiguieron su objetivo, aunque no totalmente, ya que sí se creó una desviación de la carretera hacia la derecha, lo que dejó algo separada a la ermita de la calle. La intensidad de esa lucha no volvió a las calles con la segunda intervención que afectó al templo. El proyecto nació en 1995, cuando se decidió conectar Plaza de Castilla con el aeropuerto de Barajas mediante la nueva autovía M-11, tal y como recuerda Erik Harley en Pormishuevismo: Rotondas y mamotretos (Anaya Touring, 2025).
El trazado previsto pasaba justo por encima del templo. Como ninguna de las partes cedía en su postura, decidieron construir un túnel por debajo de la ermita. El colofón llegó algunos años más tarde, cuando un nuevo proyecto nació con la vocación de conectar la M-11 con la Avenida de Logroño mediante una glorieta. Casualidades del devenir, la virgen de la Soledad se quedó sola en el centro de la rotonda.
Tal y como recoge Harley en su monografía, "desde entonces, la ermita sigue en pie, literalmente sobre una losa que tapa el túnel, como si levitara por gracia divina, y los fieles acuden a misa todos los domingos a las once".
Expuesta a la contaminación y vibraciones
La ubicación de la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad en Barajas no es nada halagüeña para el templo. El problema es de múltiple índole, lo mismo que sucede con la Puerta de Alcalá y otros ejemplos de arquitectura patrimonial en Madrid que están en el centro de rotondas, asegura Sanz. "El mayor inconveniente es su gran exposición a la contaminación que, en este caso, se une a las vibraciones que la ermita soporta con el fluir de los coches y autobuses por debajo", ilustra el especialista, quien admite que eso es "un auténtico peligro".
La ermita no es lo único que ha quedado despegado de la urbe por la carretera, también lo ha hecho una pequeña pradera con árboles y bancos. "Llegar hasta ahí es realmente dificultoso. Aunque hay un paso de cebra, el pueblo ha quedado totalmente ajeno a la ermita", añade el director del Centro de Documentación de Arquitectura del COAM.
Sanz también defiende que, aunque por el templo pasen muchísimas personas, lo hacen en coche, lo que imposibilita apreciar su arquitectura. Y ni mucho menos podrán disfrutar de su interior, en donde se conserva un retablo barroco con bustos de la Virgen de la Soledad, Jesús y santa Rita que sobrevive al rugido del asfalto, tal y como recuerda Harley.
El integrante del Colegio de Arquitectos también responde a qué habría que haber hecho con el templo: "No habría que haberlo movido. Dentro de poco hará cuatro siglos que esa ermita está ahí. Al final, se trata de una política de infraestructuras viarias que a lo mejor no es la adecuada ante elementos que tienen valor local". Sanz, en este sentido, critica que parece que en Madrid los coches mandan. "El tráfico no está medido por las necesidades de los peatones, ni de la ciudad, ni de sus edificios, sino únicamente por las necesidades del coche", censura.
El día que levantaron la Ermita a Nuestra Señora de la Soledad en el pueblo de Barajas a mediados del siglo XVII no se podían imaginar el emplazamiento definitivo que ocuparía, que, sin embargo, es el mismo que en aquel momento. Lo curioso está en qué la circunda: una gran rotonda que ha dejado al templo en medio de una de las principales vías de acceso al aeropuerto de Madrid-Barajas y al que únicamente se puede acceder por un paso de peatones. Ubicada en el antiguo pueblo barajeño, ahora forma parte de este distrito de la capital que parece vertebrar su urbanismo en función del uso del coche en detrimento de su patrimonio histórico.