La capilla romana que renace en El Prado: siete frescos recuperados sobre la vida de san Diego de Alcalá
La nueva instalación permite redescubrir un conjunto excepcional del barroco italiano, conservado durante siglos entre Madrid y Barcelona tras el desmantelamiento del templo romano que los albergaba
Instalación de los siete fragmentos de pintura mural realizadas por Annibale Carraci y Francesco Albani. (EFE)
El Museo Nacional del Prado luce de una manera especial con larecreación de la Capilla Herrera, un espacio que devuelve a su escala original los siete frescos de Annibale Carracciy su taller, piezas que narran la vida de san Diego de Alcalá y que vuelven a contemplarse como fueron concebidas en Roma a comienzos del siglo XVII. Ante ellos, el visitante siente que el arte ha vencido al tiempo.
Durante casi dos siglos, estas obras permanecieron dispersas entre Madrid y Barcelona tras el desmantelamiento del templo que las albergaba. Hoy, la pinacoteca madrileña rescata este fragmento esencial del barroco italiano, en una instalación permanente que revive el espíritu de la desaparecidaiglesia de Santiago de los Españoles, una de las más emblemáticas del poder hispánico en Roma.
Vista de la presentación de la recreación de la Capilla Herrera en el Museo del Prado. (EFE)
Un conjunto único del barroco
Entre 1602 y 1605, Annibale Carracci —maestro de la escuela boloñesa— dirigió la ejecución de los frescos que decoraban la Capilla Herrera, encargada por el banquero palentino Juan Enríquez de Herrera. Cuatro de las composiciones, de forma trapezoidal, adornaban la bóveda; las otras tres, en formato oval, ocupaban las pechinas del crucero. El conjunto relataba los principales episodios de la vida del santo franciscano, canonizado en 1588, tras atribuirse a su intercesión la curación milagrosa del hijo del propio Herrera.
Tras la enfermedad de Carracci, sus colaboradores Francesco Albani y otros discípulos completaron el ciclo pictórico, manteniendo una armonía visual que impide distinguir las distintas manos. La instalación actual del Prado, ubicada en la sala 4 del edificio Villanueva, reproduce fielmente su disposición original y permite comprender la magnitud de la obra como un todo narrativo.
Así ha sido el montaje en el Museo del Prado de los frescos de la Capilla Herrera, punto clave del primer barroco en Roma. Esta nueva instalación en altura permite disfrutar de este conjunto excepcional tal y como fue concebido por Annibale Carracci pic.twitter.com/EkEldJFoUP
El proyecto de recuperación surge después de un largo proceso histórico. En 1833, la capilla fue desmantelada por el riesgo de ruina del templo romano, y los frescos fueron separados del yeso original y transferidos a lienzo. Parte de ellos se enviaron en 1851 a Barcelona, donde hoy se conservan en el Museu Nacional d'Art de Catalunya; los siete restantes pasaron a formar parte de las colecciones del Prado, donde han sido restaurados y custodiados hasta su reintegración en esta nueva instalación.
Gracias a la colaboración de OHLA y al diseño arquitectónico de Francisco Bocanegra, el montaje reproduce las proporciones y el carácter original de la capilla, ofreciendo al visitante una experiencia inmersiva que combina rigor histórico y sensibilidad estética.
Bajo los frescos, el Prado ha dispuesto quince pinturas adicionales de Carracci, Albani y su círculo, entre ellos Guido Reni, Ludovico Carracci y Domenichino, configurando un diálogo entre maestros que define el lenguaje pictórico del primer barroco europeo. Este conjunto permite apreciar cómo desde Bolonia se impulsó un estilo que transformó la pintura en la Roma del siglo XVII, integrando naturalismo, emoción y devoción.
Con esta recuperación, el Museo del Prado no solo devuelve al público una obra maestra fragmentada, sino que reconstruye y celebra un capítulo perdido de la historia del arte europeo, donde la fe, la técnica y la ambición estética confluyen para revivir la memoria de una capilla que renace en el corazón de Madrid.
El Museo Nacional del Prado luce de una manera especial con larecreación de la Capilla Herrera, un espacio que devuelve a su escala original los siete frescos de Annibale Carracciy su taller, piezas que narran la vida de san Diego de Alcalá y que vuelven a contemplarse como fueron concebidas en Roma a comienzos del siglo XVII. Ante ellos, el visitante siente que el arte ha vencido al tiempo.