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Franco, la egiptomanía y un lavado de imagen: así llegó el Templo de Debod a Madrid
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Países Bajos, Italia y EEUU se sumaron

Franco, la egiptomanía y un lavado de imagen: así llegó el Templo de Debod a Madrid

¿Qué hizo que una dictadura como la franquista se volcase con una campaña internacional para proteger el patrimonio egipcio? Tanta fue la implicación que a España le regalaron el mayor de los templos

Foto: Templo de Debod en Madrid
Templo de Debod en Madrid

Sobre el Templo de Debod hay mil incógnitas. La más repetida, y que esta semana ha regresado al debate público madrileño, si se debe o no proteger más. Cubrir o no cubrir, esa es la cuestión. Pero, en lo que parece que sí hay unanimidad es en un nombre propio, el de la persona que adentró al régimen de Franco en el mundo egipcio y metió a España en la carrera por el estudio de las primeras civilizaciones occidentales: Martín Almagro Basch. Arqueólogo, historiador y director del Museo Arqueológico Nacional fue una de las personas más implicadas para que este monumento viajara hasta Madrid.

Con unos 2.200 años de antigüedad, el Templo de Debod se levantó como un espacio de culto local en la región de Nubia, en la primera catarata del Nilo. Para su época no era una construcción demasiado grande: "Es una capilla dedicada al Dios Amón, una de las principales divinidades egipcias", cuenta Tito Vivas, historiador y egiptólogo, quien argumenta que "aunque Nubia no estaba dentro del propio Egipto y por ello el templo no gozaba de la protección faraónica, al estar dedicado a este Dios logró formar un corredor sagrado con el país".

En la década de 1950, el Gobierno egipcio decidió aumentar el volumen de la presa de Asuán, construida a principios de siglo a unos 16  kilómetros del Templo, para tratar de terminar con las inundaciones que azotaban a la parte más baja del Nilo como consecuencia del repentino aumento del caudal. Pero esta decisión traía consigo una consecuencia: provocaría un daño irreparable a algunos templos que se levantaron en la zona, entre los que estaban el de Debod. "En ese momento, la Unesco decidió hacer un llamamiento internacional para pedir ayuda y que estos templos milenarios no se perdiesen", explica Teresa Fernández Tayala, cronista de la Villa de Madrid.

Foto: empresarios-y-arquitectos-reabren-a-almeida-el-debate-zanjado-por-el-templo-de-debod

"Fue entonces cuando Martín Almagro vio la oportunidad de involucrar a España en el mundo de la egiptología. Es incluso un afán personal suyo", señala Vivas. Distintos países colaboraron con exploraciones científicas y ayudas económicas para salvar la zona. Como obsequio, Egipto les ofreció templos. Pero no a todos los estados colaboradores, sino que la recompensa dependió del grado de implicación. Italia, Países Bajos y Estados Unidos se llevaron tres templos y España, el de Debod, el más grande de todos. "Hubo una gran negociación entre ambas partes e incluso el Gobierno de Franco tuvo que aumentar la inversión en el país africano", sostiene el egiptólogo.

Los primeros años de la década de los 60 transcurrieron con grandes trabajos de documentación en la zona. España creó su propio Comité de salvamento de Nubia, liderado por Martín Almagro. "El 6 de junio de 1968 salieron los barcos con el Templo desde la isla Elefantina. El traslado fue muy costoso porque se trajo piedra a piedra, todas empaquetadas y en palés. El día 18 de julio llegaron hasta aguas internacionales, donde se produjo el intercambio y finalmente las piezas entraron a territorio nacional por Valencia", detalla Fernández Tayala.

Algunas localidades españolas como Barcelona o la capital del Turia mostraron su interés por quedarse con el monumento egipcio. "Pero finalmente fue Madrid, bajo el Gobierno local de Carlos Arias Navarro, quien lo consiguió. Por aquel entonces, el cuartel de la montaña de Príncipe Pío era un espacio que se quería recuperar, porque había quedado totalmente destrozado durante la Guerra Civil. Y allí se asentó el Templo de Debod, que comenzó a montarse en noviembre de 1970 y se inauguró unos años después, en 1972", continúa la cronista.

"Al régimen le gustó la idea porque España acababa de ser aceptada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y era una manera de exponerse como una nación más abierta al mundo. Fue una operación asequible y a la vez muy fructífera desde el punto de vista diplomático", comenta Alfonso José Martín, comisario de la exposición Debod 1954-1964 que puede visitarse hasta finales de marzo de 2026 en el Museo San Isidro. Todo el proceso de documentación que se hizo previo al desmontaje puede verse ahora en esta muestra organizada por el Ayuntamiento.

"El Templo de Debod se reduce al propio espacio, no hay información escrita en él o en el entorno para que los visitantes puedan entender su contexto histórico o religioso. Con el museo hemos querido proporcionar todo eso, dar contexto de la presa de Asuán y el salvamento del monumento, documentar la situación del Templo y contar cómo se produjo el viaje hasta traerlo a aquí", detalla Martín.

Los archivos históricos recogidos en el Museo de San Isidro revelan características "inéditas" sobre el monumento y su estado. Pero no solo eso. Los comisarios han querido poner énfasis en explicar cómo eran las personas que vivían cerca del Templo y de qué manera les afectó la construcción de la Gran Presa de Asuán, que provocó que muchos tuviesen que ser evacuados de su tierra. La exposición está dividida en tres partes, que se corresponden al período histórico de los 50 y 60: la alerta, la documentación y el traslado. Además de las fotografías se exponen objetos etnográficos nubios, recogidos por los miembros de la Misión Española que trabajó en la región.

Un museo así es una de las grandes reivindicaciones de muchos expertos, quienes inciden en la importancia de cubrir íntegramente el templo para protegerlo del vandalismo, la climatología o la contaminación. "Actualmente, se ha convertido en un museo per se aquello que debería de haber estado protegido en uno", sostiene Vivas. El Ayuntamiento, de momento, se mantiene firme en su posición, adoptada el pasado mes de febrero después de unos cuatro años de consultas a expertos que finalizaron en la elaboración de un Plan Preventivo. El templo "no requiere de acciones inmediatas de restauración" y "el mantenimiento y el uso que se está haciendo del bien son adecuados para su correcta conservación", zanja la institución local. De momento, el cambio que sí tiene entre manos el Gobierno local es recuperar la lámina de agua que durante años adornó el espacio.

Sobre el Templo de Debod hay mil incógnitas. La más repetida, y que esta semana ha regresado al debate público madrileño, si se debe o no proteger más. Cubrir o no cubrir, esa es la cuestión. Pero, en lo que parece que sí hay unanimidad es en un nombre propio, el de la persona que adentró al régimen de Franco en el mundo egipcio y metió a España en la carrera por el estudio de las primeras civilizaciones occidentales: Martín Almagro Basch. Arqueólogo, historiador y director del Museo Arqueológico Nacional fue una de las personas más implicadas para que este monumento viajara hasta Madrid.

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