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Madrid no tiene nada que envidiar a BCN en novela negra y esta exposición lo demuestra
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EXPOSICIÓN

Madrid no tiene nada que envidiar a BCN en novela negra y esta exposición lo demuestra

La Biblioteca Regional Joaquín Leguina traza en una completísima exposición, abierta hasta el 11 de enero, la historia del género negro en la capital, desde Cervantes hasta las series actuales

Foto: Despliegue policial en Alcalá de Henares. (Europa Press/Carlos Luján)
Despliegue policial en Alcalá de Henares. (Europa Press/Carlos Luján)

"¿Y por qué no?", debieron de pensar Tania Serrano y Lorenzo Silva. Es verdad que Barcelona fue la pionera en instaurar y demarcar lo que era la geografía del crimen en una ciudad. Pero no lo es menos que si se busca, no es complicado encontrar también referentes próximos en la historiografía madrileña. Un Madrid de novela negra nace dentro de la programación cultural de la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, institución que se ha hecho conocida en estos últimos años por combinar de forma magistral archivo, depósito legal y centro de estudios. "La biblioteca es mucho más que un espacio de préstamo", explica Serrano, comisaria de la muestra. "Y desde hace tiempo querían elaborar una expo sobre el género negro".

El impulso definitivo llegó a través del escritor Lorenzo Silva, que ha trabajado ayudando y asesorando el proyecto. "Silva me lo comentó porque yo trabajo mi tesis doctoral sobre su narrativa policíaca. Me dijo: ‘La Biblioteca Regional está preparando algo sobre novela negra madrileña, ¿por qué no te implicas?’ Y así empezó todo". El planteamiento es todo un acierto, ya que combina y entrelaza investigación académica y divulgación. Una ocasión ideal, además, para poner en valor los fondos literarios y también para mostrar al público que Madrid tiene una tradición negra propia. "Aunque menos visible que la barcelonesa", señala la también profesora y filóloga.

Cervantes, el primer rastro del crimen

El recorrido se inicia en el Siglo de Oro. La comisaria justifica esta elección con naturalidad: "Entre los filólogos hay un consenso, quien estudia narrativa contemporánea tiene que mirar al primer narrador moderno, que es Cervantes". Por eso la exposición arranca con La fuerza de la sangre, una de las Novelas ejemplares del escritor madrileño, nacido en Alcalá de Henares. "No podemos etiquetarla como novela negra, porque el género no existía, pero contiene sus elementos básicos", dice Serrano de un trabajo que cuenta un crimen, una víctima que investiga y un proceso racional de deducción. "La protagonista recuerda un crucifijo, lo asocia con el agresor y va reconstruyendo la verdad. Es un antecedente clarísimo".

A partir de ahí se dibuja un hilo histórico que conecta estas primeras narraciones con las obras realistas del siglo XIX. En ese tramo destacan Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. Galdós como responsable de El crimen de la calle Fuencarral, que ya introduce una estructura de investigación. Y Pardo Bazán como autora de una producción policiaca muy importante. "Aunque casi nadie la asocie al género", señala Serrano.

placeholder 'El crimen de la calle de Fuencarral', de Benito Pérez Galdós. (Biblioteca Regional de Madrid)
'El crimen de la calle de Fuencarral', de Benito Pérez Galdós. (Biblioteca Regional de Madrid)

La exposición recupera ese legado temprano con manuscritos originales y ediciones de época procedentes de la Biblioteca Nacional y de la Real Academia Gallega. "Lo importante era mostrar que la novela negra no nace de la nada, sino que hereda una forma de mirar la realidad y de interrogarla moralmente", continúa explicando.

De García Pavón a la Transición

El salto al siglo XX muestra una evolución desigual. "Entre finales del XIX y los años sesenta hay casi setenta años de vacío", explica la comisaria. "El género se desprecia, se parodia y se copian mal los modelos norteamericanos".

El equilibrio llega con Francisco García Pavón, creador del inspector Plinio, que establece las bases de la novela policiaca española moderna. Un autor excepcional que desarrolla un modelo propio, con escenarios reconocibles y un lenguaje plagado de localismos. La Transición democrática coincide con un periodo de efervescencia. Entre 1975 y 1982 aparecen autores como Carlos Pérez Merinero, Jorge Martínez Reverte y Julián Ibáñez, que trasladan la intriga a un contexto social cambiante. Es ahí cuando nace la verdadera novela negra madrileña: "Urbana, política y moralmente ambigua", según Serrano.

placeholder Retro de Emilia Pardo Bazán. (Cedida)
Retro de Emilia Pardo Bazán. (Cedida)

Posteriormente, de 1982 a 2010, se consolida el género y se profesionaliza. "Es la generación que sigue la estela de la Transición. Ahí aparece Lorenzo Silva, cuya primera novela negra es de 1995 y la última de hace pocos meses. Lleva casi treinta años construyendo un universo policíaco con dos protagonistas estables y una visión crítica del país", analiza la experta.

Esa continuidad es lo que permite al visitante, también al lector, identificar Madrid como escenario natural del crimen literario. "Ya no se copia a los autores extranjeros. Hay una mirada local, una forma de narrar la ciudad y sus contradicciones", dice.

Un mapa criminal

Y es ahí cuando la exposición viaja a la periferia y a los pueblos madrileños. "Siempre insisto en que hay mucho más allá de la M-30", comenta Serrano. "Queríamos incluir toda la Comunidad porque los relatos también se desarrollan en esos espacios periféricos".

Ese mapa literario incorpora lugares poco habituales. Teresa Cardona, por ejemplo, ambienta sus novelas en El Escorial, mientras que Julián Ibáñez sitúa a su protagonista, un soplón de la policía, en Móstoles. Silva, con sus guardias civiles, tiene su sede en Madrid, pero los desplaza a cualquier punto de la geografía.

"No es lo mismo el Madrid norte que el sur, ni Vallecas que Chamartín. Los barrios determinan las historias y reflejan las diferencias sociales y económicas. La ciudad dormitorio propicia otro tipo de delitos", comenta de unas decisiones nada inocentes.

placeholder El escritor Lorenzo Silva. (EFE/Fernando Alvarado)
El escritor Lorenzo Silva. (EFE/Fernando Alvarado)

Entre los espacios destacados figura el mural de Puerta Cerrada, de Alberto Corazón, con el lema Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son. "Ese mural aparece en Reina Roja y también en otras obras. Lo usamos como símbolo porque representa el origen de la ciudad y su resistencia", explica Serrano, como si la historia de Madrid y la del género negro corrieran en paralelo.

Un Madrid que es tanto real como moral. "El crimen literario no solo es un hecho, es un modo de describir la sociedad. Y eso en Madrid se percibe bien porque la ciudad concentra todos los contrastes", concluye la comisaria, que también comenta cómo ha querido hacer un trabajo pensado para un público amplio.

"No queríamos algo solo para especialistas. Había que ser divulgativos sin perder precisión", afirma, a la vez que detalla cómo las vitrinas mezclan manuscritos, notas de edición y todo tipo de objetos. Cuentan con ediciones originales de las Novelas ejemplares, manuscritos de Galdós y de Pardo Bazán, y documentos contemporáneos de Berna González Harbour, Rosa Montero, Eduardo Bastos o Carmen Pineda. "Algunos mecanografiados, otros impresos con anotaciones. Curiosamente, ha sido más fácil localizar materiales del XIX que actuales, porque ahora todo se guarda en digital", indica.

Del archivo al presente

El cine y la televisión ocupan una parte importante de la muestra. Se proyectan fragmentos de El clavo (1944) y de las series Plinio y Brigada Central. "Mucha gente recuerda esas series y no sabía que venían de novelas. Es bonito ver cómo la literatura ha configurado el imaginario audiovisual", destaca.

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En la parte contemporánea predominan las adaptaciones en formato de serie, con ejemplos como Reina Roja o La novia gitana. Serrano apuntala una de las máximas que no es difícil intuir cuando se llega a esa parte más moderna: "Los escritores actuales escriben de forma muy visual. Sus tramas fluyen hacia la pantalla. Es lógico que las productoras se interesen por ellas". El programa paralelo incluye conferencias y mesas redondas. Otras actividades abordarán los orígenes manchegos del género y la presencia femenina, con escritoras como Marta Robles, Berna González Harbour y Rosa Montero. Además, el proyecto expositivo se completa con un estupendo ciclo de cine negro y un taller de escritura.

Cinco novelas que cuentan el Madrid criminal

1. 'El clavo' (Pedro Antonio de Alarcón, 1853)

"Tengo especial predilección por las obras realistas, porque ya son auténtica novela negra. El clavo, de Alarcón, transcurre, por ejemplo, en nuestro actual Teatro de la Comedia o en el Teatro Apolo, que siguen existiendo. Son muy curiosas, sobre todo por esa antigüedad".

2. Los casos de Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán, 1972–2003)

"A Vázquez Montalbán lo asociamos con Barcelona, pero Carvalho pasa por Madrid. En la exposición se proyecta la imagen de Carvalho bajando en el aeropuerto de Barajas, casi espantado de ver esos edificios y torres. Esa mirada del que viene de fuera me parece muy curiosa".

3. Las novelas de Plinio (Francisco García Pavón, 1953–1975)

"Aunque sea de Ciudad Real, García Pavón está. Al final, la Mancha y Madrid están tan cerca que comparten territorio. Lo que hace en Plinio se entiende perfectamente desde aquí".

4. La estrategia del agua (Lorenzo Silva, 2010)

"Dentro de su narrativa policíaca tengo mucho cariño a La estrategia del agua, inspirada en un crimen real. Se sitúa en parte en Getafe y parte en el corredor del Henares. Las descripciones encajan con una ciudad típica del sur de Madrid. Es una novela muy especial".

5. Un bien relativo (Teresa Cardona, 2022)

"A mí me gusta especialmente Un bien relativo. Aparece una monja fallecida en un camino de El Escorial y la investigación lleva a la España de los niños robados. Lo decía un compañero: la novela negra se ha convertido en costumbrismo, porque para aclarar el crimen acabas retratando la historia del país"

"¿Y por qué no?", debieron de pensar Tania Serrano y Lorenzo Silva. Es verdad que Barcelona fue la pionera en instaurar y demarcar lo que era la geografía del crimen en una ciudad. Pero no lo es menos que si se busca, no es complicado encontrar también referentes próximos en la historiografía madrileña. Un Madrid de novela negra nace dentro de la programación cultural de la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, institución que se ha hecho conocida en estos últimos años por combinar de forma magistral archivo, depósito legal y centro de estudios. "La biblioteca es mucho más que un espacio de préstamo", explica Serrano, comisaria de la muestra. "Y desde hace tiempo querían elaborar una expo sobre el género negro".

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