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Y la Casa de Campo fue un laboratorio de arquitectura: agricultura y modernidad en pleno franquismo
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Y la Casa de Campo fue un laboratorio de arquitectura: agricultura y modernidad en pleno franquismo

Auspiciada por la Fundación ICO, una exposición recuerda cómo hasta 75 hectáreas de la Casa de Campo se utilizaron durante un cuarto de siglo para albergar las Ferias del Campo que conseguían aglutinar a miles de visitantes

Foto: El Pabellón de los Hexágonos de la Casa de Campo en 1959. (Universidad Politécnica de Madrid)
El Pabellón de los Hexágonos de la Casa de Campo en 1959. (Universidad Politécnica de Madrid)

De sobra es conocido que la Casa de Campo es el principal pulmón de Madrid. Sin embargo, muchos desconocen algunas de las historias que, incluso durante décadas, albergó este parque urbano. Si uno pasea por el enclave, todavía podrá revisitar algunos de los pabellones que desde mediados del siglo pasado se erigieron para albergar las conocidas como Ferias del Campo. Son espacios ideados por arquitectos de la talla de Francisco de Asís Cabrero, Jaime Ruiz, Miguel Fisac, Alejandro de la Sota y José Antonio Corrales.

Ahora, una cuidada y laboriosa exposición en la sede del Museo ICO (Zorrilla, 3) recupera esta trama olvidada de la historia madrileña bajo el título Las ferias del campo. Paisajes y arquitecturas modernas en la Casa de Campo, que se podrá visitar de forma gratuita hasta el 11 de enero de 2026.

El arquitecto y profesor José de Coca Leicher ha comisariado esta muestra que repasa las Ferias del Campo desde su creación hasta los vestigios que todavía quedan de ellas. "Fueron un invento de los sindicatos franquistas. Se decantaron por un recinto que había sobrevivido algo dañado a la Guerra Civil, el mismo en el que la Asociación de Ganaderos del Reino celebraba sus ferias hasta 1931", explica.

Era 1948 y poco a poco se iba pergeñando lo que dos años después eclosionaría en la primera Feria del Campo: "Uno de los objetivos era volver a dar la imagen de esa España agrícola y ganadera en un contexto casi todavía de posguerra", comenta el también responsable del diseño expositivo de la muestra. Diego Aparicio López, el ideólogo del proyecto, comenzó la andadura junto a los arquitectos Francisco de Asís Cabrero y Jaime Ruiz, autores del trazado y de los pabellones principales del recinto.

placeholder Boceto de Francisco de Asís Cabrero, uno de los arquitectos que crearon los pabellones de la Casa de Campo. (Herederos de Francisco de Asís Cabrero)
Boceto de Francisco de Asís Cabrero, uno de los arquitectos que crearon los pabellones de la Casa de Campo. (Herederos de Francisco de Asís Cabrero)

Aquel mayo de 1950, en plena autarquía, la Feria abrió sus puertas con los pabellones edificados bajo el sistema tradicional de arcos y bóvedas combinadas. "Era algo barato y eficaz, de mucho aprovechamiento del material, ya que con poco ladrillo podías cubrir grandes espacios. Además, idearon los pabellones intentando sacar todo el partido expresivo posible", explica De Coca. La cesión del espacio llegó gracias a un acuerdo con Patrimonio Nacional a través de un contrato de arrendamiento por 30 años, hasta 1980, aunque su vigencia terminó con la disolución de los sindicatos franquistas en 1977.

Aquellas 15 hectáreas originales aumentaron a 70 hectáreas en 1953, cuando la Feria del Campo pasó a tener relieve internacional: "Ahí cambió totalmente el esquema. Pensaron que cada provincia podía tener su pabellón para exponer sus productos típicos y el folclore, además de acercar la arquitectura de cada región a los visitantes de la Feria a través de los propios pabellones", precisa el comisario. Por otro lado, se realizó un trazado de ciudad jardín, con itinerario adaptado a la topografía del lugar.

Foto: los-arquitectos-que-se-la-colaron-a-franco-en-el-charco-obrero-de-el-pardo Opinión

Un laboratorio de arquitectura en la Casa de Campo

Cabrero y Ruiz se convirtieron en los artífices de los pabellones más estructurantes, tal y como los denomina De Coca, es decir, aquellos que organizan el recinto y que poseían la perspectiva más moderna del lenguaje arquitectónico. Grandes firmas del momento como las de Fisac o De la Sota también participaron en la construcción de otros espacios. "Aquello era una especie de laboratorio de arquitectura", concede el experto.

Se celebraron diez Ferias del Campo durante el cuarto de siglo que estuvieron activas. Siempre en primavera, entre mayo y junio, el dictador Francisco Franco inauguró todas, hasta la de 1975, apenas unos meses antes de su muerte. "Es curioso porque en cada edición se fueron creando nuevos pabellones y colmatándose el recinto. Otros se derribaron y se construyeron nuevos, por eso se da cierta superposición entre ellos", añade el profesor de arquitectura. La exhibición de la Fundación ICO, en este sentido, reproduce una gran maqueta con todos los pabellones que De Coca ha podido documentar, unos 115 en total, lo que "facilita ver el contraste entre las arquitecturas más modernas y aquellas llevadas a cabo en los pabellones regionales, algo más eclécticas".

placeholder Zoco expositivo de la primera Feria del Campo (1950). (Universidad Politécnica de Madrid)
Zoco expositivo de la primera Feria del Campo (1950). (Universidad Politécnica de Madrid)

Por otro lado, De Coca remarca que las Ferias del Campo acogieron ciertos pabellones característicos. Es el caso del pabellón de los hexágonos, ganador del primer Premio de Arquitectura en la Exposición Universal de Bruselas de 1958, desmontado después y llevado a la Casa de Campo.

Construidos al albor de los acontecimientos sociales y políticos del país, los pabellones también tenían cierto simbolismo. Es lo que ocurre con el de cristal, que cierra la época tecnocrática y fue utilizado para exponer la maquinaria agrícola en sus más de 70 metros de ancho por 127 de largo, totalmente diáfano, sin ningún pilar que corte la vista desde su interior. De Coca ubica en 1965 el punto álgido de las Ferias del Campo, cuando se dio el mayor número de pabellones, visitantes y volumen de negocio. "Había hasta una sucursal de Banesto allí", recuerda mientras se ríe.

Rehabilitaciones puntuales e insuficientes

Una vez disueltos los sindicatos franquistas, el recinto pasó a manos del Ayuntamiento de Madrid, por lo que no volvió a ser propiedad de Patrimonio Nacional. Un censo de 1977 inventarió unos 127 pabellones, de los que, medio siglo después, solo quedan unos 40 en pie. "Hay que recalcar que la arquitectura de la Casa de Campo está protegida al ser considerada desde 2010 bien de interés cultural en la categoría de sitio histórico", subraya el comisario.

Unos años antes, arquitectos como De Coca se esmeraron en elaborar un plan especial, un instrumento urbanístico de protección y catalogación de los pabellones. "A día de hoy se han rehabilitado algunos de ellos: dos de los más importantes, como el de exposiciones, y otros dos menores, como el de Valencia, y también el de convenciones y el de los hexágonos", detalla el especialista.

placeholder Vista de sala de la exposición Las Ferias del Campo. (Julio César González)
Vista de sala de la exposición Las Ferias del Campo. (Julio César González)

Él mismo destaca que se trata de actuaciones puntuales sin un plan que les aporte el contenido necesario. "Habría que recuperarlos para la ciudad y devolverles su uso público, porque falta una idea de conjunto y ahora parece que se utilizan como comodín. También están muy bien ubicados, cerca del lago de la Casa de Campo, del núcleo de la ciudad y una de las principales entradas a Madrid desde la avenida de Portugal", añade.

Una exposición que imagina una feria al aire libre

Encargado asimismo del diseño expositivo de la muestra que ahora presenta la Fundación ICO, De Coca ha reservado la planta baja para contar los antecedentes de las ferias de ganaderos y las Ferias del Campo, así como la primera, celebrada en 1950 y de ámbito nacional. La planta superior está dedicada a las nueve Ferias del Campo ya internacionales celebradas con carácter bianual o trianual desde 1953 hasta 1975.

En esta segunda planta, De Coca ha logrado conseguir la idea que se propuso: que el espacio expositivo pareciera una feria en sí misma. "Quería que la gente pudiera ir de un lado a otro a su gusto, que se creara esa libertad de una feria. Así pueden ver las maquetas, las revistas de arquitectura o los paneles explicativos a su gusto, al igual que algunos capítulos del No-Do que hablan de las Ferias del Campo, para conocer cómo las vivía la gente más allá de su carácter propagandista", desarrolla.

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Los colores también juegan un papel importante en la exhibición a la hora de crear esa sensación de feria al aire libre. De Coca aúna el azul del techo como si de un cielo se tratara con el verde del pinar, el naranja del ladrillo y el rojo con el que el arquitecto Cabrero pintaba sus estructuras metálicas.

Por último, el fotógrafo de arquitectura Luis Asín ha conseguido cumplir los deseos de De Coca y ha realizado un reportaje en el que plasma en instantáneas lo que cualquier paseante puede ver en la Casa de Campo sobre las Ferias del Campo, unas imágenes que se recogen en un cuidado y bonito catálogo editado ex profeso. "Quería que tuviera esa mirada para que trasladara también la sensación de estar dando un paseo por donde hace décadas tenía lugar la feria", explica el comisario.

Al final de la exposición, estas fotografías se proyectan en un vídeo como invitación para que, ahora sí y de verdad, el visitante de la muestra se acerque a la Casa de Campo a contemplar con sus propios ojos este apreciado patrimonio arquitectónico prácticamente desconocido entre los madrileños.

De sobra es conocido que la Casa de Campo es el principal pulmón de Madrid. Sin embargo, muchos desconocen algunas de las historias que, incluso durante décadas, albergó este parque urbano. Si uno pasea por el enclave, todavía podrá revisitar algunos de los pabellones que desde mediados del siglo pasado se erigieron para albergar las conocidas como Ferias del Campo. Son espacios ideados por arquitectos de la talla de Francisco de Asís Cabrero, Jaime Ruiz, Miguel Fisac, Alejandro de la Sota y José Antonio Corrales.

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