Irse de picos pardos o el quinto pino: dichos que nacieron en Madrid y se expandieron gracias a la literatura
Numerosas expresiones populares que se usan en el día a día nacieron de acontecimientos de lo más variopintos que sucedieron en la capital
Un toro suelto de la plaza de toros de la calle Alcalá provocó el nacimiento de la expresión "eres un tonto del bote". "Ser más chulo que un ocho" procede de un tranvía repleto de chulapos. "Irse al quinto pino" se originó en el Paseo de Recoletos, lugar predilecto para el cortejo aristocrático. Y si decimos que "se ha liado la marimorena", sin quererlo hacemos referencia a una taberna del siglo XVI en la Cava Baja madrileña. El paso de los años ha dejado tras de sí cierto acervo en expresiones coloquiales que han superado las fronteras capitolinas en las que se entrecruza el mito y la leyenda con la historia y lo popular.
Si alguien escucha que otra persona "se ha ido o está de picos pardos" seguramente piense que está de fiesta, empalmando una caña con otra o bailando hasta el amanecer. La génesis de este dicho, sin embargo, está ligada al goce que tantos hombres buscaban en las concubinas durante el siglo XVII y XVIII. "En esos años Madrid era considerada la capital más libertina de Europa de toda la prostitución que se agolpaba en sus calles", relata Miguel Ángel Mira, historiador y divulgador de Madrid.
Este experto recuerda que aproximadamente hasta los años 60 del siglo XIX la capital estaba formada únicamente por lo que hoy se conoce como el distrito Centro. "En ese espacio, se calcula que en el siglo XVII había 800 mancebías, con unas 20.000 prostitutas en una población de unas 83.000 personas", añade el también artífice de los freetours de Redescubriendo Madrid.
Existían tantas meretrices en las calles de la capital que no se distinguían de aquellas mujeres que no se dedicaban a la prostitución. Por eso, en época de Carlos III se decidió uniformarlas. "Tenían que llevar un chal marrón o color pardo, terminado en picos o en puntas, y de ahí proviene lo de irse de picos pardos", explica Mira. La prostitución llegó a reglarse mucho más en época de Felipe IV, cuando la concubina debía presentar unos documentos a un juez que autorizaría su ejercicio.
De la marimorena a tócame Roque
Otro de estos dichos que nació del Madrid más tabernero se explica con una pequeña trifulca ocurrida en la Cava Baja en el año 1579. En esa zona existía una taberna regentada por un matrimonio. Él se llamaba Alonso Zayas, pero determinar el nombre de ella todavía sigue siendo difícil. Algunos aseguran que era María Morena, como nombre y apellido, y otros como María la Morena, como nombre y apodo.
Sea como fuere, un día de aquel año un grupo de soldados entraron en la taberna, cuando tenían prohibido hacerlo a no ser que fuera en acto de servicio. "Pidieron a María su mejor vino. No se sabe si ella se negó a servírselo porque no podían estar en la taberna como militares que eran o si se lo sirvió y ellos se negaron a pagarlo", cuenta Mira. El tira y afloja fue tan exacerbado que el follón terminó en juicio. De ahí viene "se armó la marimorena", como sinónimo de follón o trifulca.
Algo parecido sucede con la expresión "esta es la casa de tócame Roque". Resulta que antiguamente existía una corrala en la que convivían unas 70 familias al final de la calle Barquillo, esquina con Fernando VI, en las salesas. El propietario del inmueble, al morir, legó el enclave a sus dos hijos. Uno se llamaba Juan, el otro, Roque.
La leyenda cuenta que siempre estaban discutiendo para ver a quién le había tocado la corrala como herencia. "Se dice que todas las noches se oía un ‘tócame a mí, Juan’ frente a un ‘tócame a mí, Roque’, y finalmente acabó bautizada como la casa de tócame Roque", explica el divulgador histórico. La corrala, que terminó derribada en 1850, fue el germen de la expresión que hoy se utiliza como sinónimo de una casa o familia en la que se suceden las peleas, los gritos y los enfrentamientos.
Los cuentos de Calleja
Todo comenzó en la calle Valencia del barrio de Lavapiés. En 1876, Saturnino Calleja, escritor y editor, inauguró la editorial homónima a su apellido. Se especializó en libros infantiles. "Eran libritos de pequeño formato y con muchos dibujos, lo que hizo que muchísimos niños de las clases sociales más bajas que normalmente no tenían acceso a ese tipo de cuentos pudieran disfrutar de ellos", comenta Mira. En 1899 se sabe que Calleja llegó a vender 3,4 millones de ejemplares de sus cuentos.
Esos precios económicos a los que Calleja vendía sus cuentos escondían una trampa. "Para no pagar derechos de autor, cambiaba el nombre de los títulos y algo de la trama del propio cuento. Por ejemplo, Hansel y Gretel se llamaba Juanito y Margarita, o el Barón de Munchausen era el Barón de la Castaña", ilustra el historiador. Su catálogo inmenso de títulos le llevó a protagonizar la expresión "tienes más cuento que Calleja", en alusión a alguien que se está inventando una historia.
El toro y el tonto del bote
Este tipo de dichos también pueden ser algo despectivos. Es lo que ocurre con la expresión "ser un tonto del bote". Mira recuerda que antiguamente había un convento de Los Capuchinos de San Antonio del Prado donde ahora se ubica el Hotel Palace, en la Carrera de San Jerónimo. "En la puerta de la iglesia se ponía un chico a pedir limosna llamado Julián. Se dice que tenía un bote y se sentaba en una silla medio rota y hacía algunos sonidos con la boca, gesticulaba mucho", señala.
En aquel momento, la plaza de toros de Madrid estaba ubicada en la calle Alcalá, cerca de la Puerta del mismo nombre, en el barrio de Salamanca: "Un día se escapó un toro y recorrió algunas calles hasta que se quedó frente a Julián. El animal se acercó a él, lo olió, dio un bufido y se marchó". Al día siguiente, todos los periódicos pintaron a Julián como una especie de héroe que derrotó al toro.
Esa idea pronto se disipó. La gente se percató que la impavidez de Julián ante el bravo animal procedía más de su bloqueo ante la situación que del afán de enfrentamiento con el toro. De ahí que la expresión "ser un tonto del bote" remita a alguien con pocas luces, que continuamente es objeto de escarnio o bromas pesadas por parte del resto de la gente.
Un prostíbulo, el cortejo y los chulapos
La cita "hasta el 40 de mayo no te quites el sayo" suele remitir al tiempo meteorológico. Sin embargo, Mira apuntilla que hay otras variantes, y una de ellas nace en la calle Montera, en pleno centro madrileño. "Se cuenta que ahí había un prostíbulo que se llamaba ‘40 de mayo’. El cliente se acercaba a escondidas para no ser reconocido, con un sayo, un abrigo, que le cubría hasta la cabeza", prosigue el divulgador.
Otra de las expresiones que nacieron en Madrid alude al Paseo de Recoletos, como la de "irse al quinto pino". "Esta era una zona de paseo de la aristocracia, donde se iba a ver y a ser visto, y donde se crearon muchas parejas", introduce el especialista. Así pues, las chicas acompañadas por una carabina, en ocasiones, pedían estar a solas cinco minutos con el galán que las cortejaba. "En Recoletos había pinos. En el último de la hilera, el quinto, había un banco. Por eso las carabinas les decían que se fueran al quinto pino y no tardaran mucho en volver", dilucida el historiador.
Los medios de transporte también han dejado su impronta en el acervo popular. Decir a alguien que "es más chulo que un ocho" tiene su origen en el tranvía número 8 de la capital. "Cuando se celebraba la verbena de San Isidro, este tranvía iba repleto de chulapos vestidos con el atuendo típico madrileño", expone Mira como nacimiento de la expresión.
Todas estas expresiones, aunque nacidas en Madrid, viajaban de un lugar a otro en parte gracias a las obras de escritores contemporáneos al momento, como Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. "Lo plasmaban en sus novelas y escritos y así se difundían todos estos dichos que ahora se pueden escuchar en cualquier parte de España, al igual que Madrid también ha adquirido algunas costumbres llegadas desde otros lugares", finaliza el divulgador.
Un toro suelto de la plaza de toros de la calle Alcalá provocó el nacimiento de la expresión "eres un tonto del bote". "Ser más chulo que un ocho" procede de un tranvía repleto de chulapos. "Irse al quinto pino" se originó en el Paseo de Recoletos, lugar predilecto para el cortejo aristocrático. Y si decimos que "se ha liado la marimorena", sin quererlo hacemos referencia a una taberna del siglo XVI en la Cava Baja madrileña. El paso de los años ha dejado tras de sí cierto acervo en expresiones coloquiales que han superado las fronteras capitolinas en las que se entrecruza el mito y la leyenda con la historia y lo popular.