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El último videoclub de Madrid que resiste al 'streaming': un refugio cinéfilo que ofrece más de 10.000 títulos en el barrio del Pilar
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¿SU FINAL ESTÁ CERCA?

El último videoclub de Madrid que resiste al 'streaming': un refugio cinéfilo que ofrece más de 10.000 títulos en el barrio del Pilar

Aunque este negocio familiar fundado en 1977 centra su venta en servicios de impresión y revelado de fotografías, su videoclub sigue siendo un pilar irrenunciable

Foto: Imagen del videoclub que planta cara al 'streaming', situado en el barrio del Pilar. (Archivo)
Imagen del videoclub que planta cara al 'streaming', situado en el barrio del Pilar. (Archivo)

Hubo una época en la que la fiebre y magia de los videoclubs era tangible entre cintas VHS y BETA. Era una época dorada para los cinéfilos más fieles que entonces no acudían a una pantalla para evadirse de la realidad, sino que lo hacían a pie de calle, entre estanterías rebosantes de películas clásicas y títulos de culto que de forma temporal custodiaban en sus casas como un tesoro. Era todo un ritual peregrinar hasta Import Video, uno de los videoclubs más antiguos de Madrid que tristemente cerró sus puertas en Vallecas tras más de 40 años dedicados al cine y al alquiler de películas. Otra dolorosa despedida fue la de Ficciones, tras no poder superar el golpe de las plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix o Amazon Prime Video. Su popularidad fue creciente en la década de los 80. Ahora, son la única oquedad visible y tabla de salvación de los que se siguen decantando por los formatos físicos y quieren ganar la batalla a la piratería, una de las grandes culpables de su desaparición.

Pero lo cierto es que los videoclubs no han muerto en la capital. Hay un negocio familiar que ha sabido cómo plantar cara a la era del streaming. Su nombre es Videoclub Arfe (calle de Fermín Caballero, número 70), y aunque la gran mayoría de sus clientes acuden para realizar impresiones o comprar cartuchos, su videoclub sigue luciendo imponente, con estanterías que recogen filmes de drama, acción y comedia, así como últimos estrenos. Aún hay clientes que salen con un DVD o más de uno, sonrientes y orgullosos, dispuestos a hacer un maratón de categoría. Eso es suficiente para que sus propietarios continúen creyendo en esos primeros formatos domésticos y no bajen la persiana de este local tan emblemático.

Tras décadas de cambios, el videoclub —que ofrece más de 10.000 títulos—se mantiene como una pieza secundaria pero esencial en la vida de este negocio familiar del barrio del Pilar. Nacido en 1977 como tienda de fotografía y electrónica, su sección de alquiler de películas tardó en arrancar, vivió años de esplendor y hoy vuelve a compartir protagonismo con otras actividades, sigue siendo un pilar irrenunciable.

La evolución de Arfe ha ido mucho más allá de competir con el streaming. Actualmente, el local suma al alquiler de películas, servicios como venta de cartuchos de tinta y fotocopias. Esta diversificación ha sido clave para resistir donde otros no lo lograron. La gran victoria de Arfe es su férrea resistencia ante la sobresaturación de contenidos de las plataformas. El algoritmo ha cambiado, pero la buena noticia es que lo auténtico no caduca, se reinventa. Aunque estemos en la era del individualismo, la inmediatez y las prisas, este videoclub sigue ganando la batalla, con la mirada puesta en seguir forjando un vínculo con sus clientes y apostando por esa cultura del videoclub que renace a golpe de nostalgia.

Hubo una época en la que la fiebre y magia de los videoclubs era tangible entre cintas VHS y BETA. Era una época dorada para los cinéfilos más fieles que entonces no acudían a una pantalla para evadirse de la realidad, sino que lo hacían a pie de calle, entre estanterías rebosantes de películas clásicas y títulos de culto que de forma temporal custodiaban en sus casas como un tesoro. Era todo un ritual peregrinar hasta Import Video, uno de los videoclubs más antiguos de Madrid que tristemente cerró sus puertas en Vallecas tras más de 40 años dedicados al cine y al alquiler de películas. Otra dolorosa despedida fue la de Ficciones, tras no poder superar el golpe de las plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix o Amazon Prime Video. Su popularidad fue creciente en la década de los 80. Ahora, son la única oquedad visible y tabla de salvación de los que se siguen decantando por los formatos físicos y quieren ganar la batalla a la piratería, una de las grandes culpables de su desaparición.

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