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'El club de la lucha' madrileño: entre el entusiasmo, la ilegalidad y sorteando a la Policía
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Los profesionales lo critican

'El club de la lucha' madrileño: entre el entusiasmo, la ilegalidad y sorteando a la Policía

'Under Madrid' es un circuito ilegal de combates con guantes y casco que reúne a decenas de jóvenes en parques sin autorización. Cambian de ubicación en cada jornada para esquivar a la Policía

Foto: El club de la lucha madrileño. (Under Madrid)
El club de la lucha madrileño. (Under Madrid)
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En un parque del sur de Madrid, un grupo de jóvenes forma un círculo apretado sobre la tierra seca. Se vendan las manos, intercambian guantes, se saludan con un golpe de puños y aguardan al silbato. No hay ring, árbitros ni vallas de seguridad. Solo el murmullo de la gente y dos cuerpos tensos que empiezan a moverse. Es sábado por la tarde y está a punto de comenzar una nueva velada de Under Madrid, un circuito amateur e ilegal de peleas urbanas que se organiza desde hace cinco meses en ubicaciones secretas y que ya suma más de 150 peleadores y cientos de seguidores en redes sociales.

La iniciativa es obra de CJ, un boxeador peruano de 30 años que emigró a España por amor. En Lima dirigía una academia de deportes de contacto después de pelear de forma amateur en Muay Thai, MMA y boxeo. Al llegar a Madrid, se encontró sin tiempo para entrenar y sin un espacio que le permitiera mantenerse activo. "Quise apuntarme a algún gimnasio, pero no me cuadraba con el trabajo. Así que me propuse armar algo con los chavales aquí", cuenta en una conversación telefónica con este medio. Lo que empezó como la idea para hacer algo de sparring los fines de semana se transformó, poco a poco, en un controvertido y clandestino circuito de combates.

En Under Madrid no hay dinero en juego, taquilla ni patrocinadores. Todos los combates son voluntarios y gratuitos, y los participantes se inscriben por redes sociales —Instagram o TikTok— y reciben un enlace para entrar al canal de Telegram del grupo. Ahí deben indicar su nombre, peso, estatura, disciplina, nivel que creen que tienen y un número de contacto. CJ se encarga de emparejar a los luchadores según experiencia reflejada en estos formularios y categoría. “Nunca enfrentamos a un principiante con alguien avanzado. Eso no tiene sentido. Buscamos que el combate sea justo, intenso y seguro”, explica. ¿Y si alguien sobrevalora sus cualidades? ¿Qué ocurre cuando se da un combate poco equilibrado? “Lo paramos”, responde CJ sin dudar. Para entonces, eso sí, alguno se ha podido llevar ya unos cuantos golpes de más.

Una vez definidos los enfrentamientos, se crea un grupo de WhatsApp con cada pareja. La ubicación concreta no se revela hasta el mismo día, a veces apenas media hora antes del evento. "Lo hacemos así para evitar que venga demasiada gente o que aparezca la policía. Preferimos mantenerlo controlado", dice el organizador, que no es ajeno al carácter ilegal de estos encuentros. Las veladas suelen celebrarse en parques alejados del centro, con suficiente espacio para combatir. En esta época del año, además, buscan lugares con árboles que den algo de sombra. En cada jornada participan una media de 25 a 30 peleadores, y hasta la fecha se han celebrado media docena de veladas clandestinas que han acumulado unos 600 espectadores.

El Código Penal tipifica como riña tumultuaria cualquier enfrentamiento grupal en espacios públicos, incluso si hay casco y guantes, y contempla penas de prisión de hasta un año. Si hay lesiones, aunque sean leves, se suman cargos por daños físicos. Además, si se usan objetos peligrosos, como cinturones o barras, las penas se agravan. La ley de Seguridad Ciudadana permite a la policía intervenir de inmediato, disolver reuniones violentas y sancionar por alterar el orden público. Más que una batalla o un evento deportivo, las peleas de Under Madrid son hoy, a ojos de la ley, una infracción múltiple.

CJ opone a estos problemas la idea de que en el ambiente reinan el respeto y la concentración. Los luchadores calientan entre ellos, se vendan, estiran o golpean pads que les sostienen amigos o familiares. Algunos llegan en bicicleta; otros se tienen que ir corriendo al trabajo tras su combate. Hay participantes de todas las nacionalidades: colombianos, peruanos, bolivianos, rumanos, georgianos, senegaleses y españoles. “También hay mujeres en el público. En la última jornada incluso se acercaron padres, esposas e hijos de los luchadores”, ahonda el organizador.

Las reglas son claras y todo el mundo las sabe. Cada combate se disputa a tres asaltos de dos minutos, con uno de descanso entre ellos, y no se permite golpear en la nuca, usar agarres ilegales ni atacar si el rival está indefenso. “Si veo que uno de los dos recibe demasiados golpes y no tiene guardia, paro la pelea de inmediato. No buscamos que nadie se haga daño”, aclara CJ, que hace además de árbitro, editor de vídeo y community manager del proyecto. Su botiquín está siempre listo.

La mayoría de los enfrentamientos se graban con móviles y se editan con música y títulos llamativos. Under Madrid cuenta con su propia cuenta de Instagram, donde cada reel acumula miles de visitas. En uno reciente, publicado el 5 de julio, se ve cómo un peleador cae redondo tras un golpe directo. Al fondo, veinte jóvenes observan en silencio. La publicación supera los 1.100 me gusta y ha generado más de 20 comentarios en pocos días.

“La mayoría me pregunta dónde es. Pero no lo decimos. Solo le damos la dirección a quienes ya están inscritos. Es una forma de cuidar el ambiente”, dice CJ. Como si se tratara de una versión madrileña y joven de El club de la lucha, aquí también rige una primera regla: nadie habla de Under Madrid fuera de Under Madrid.

Foto: abner-lloveras-ufc-king-of-the-streets-mma-peleas

CJ admite que le gustaría profesionalizarlo en algún momento: “Me gustaría tener un equipo. Gente que se encargue de grabar, de emparejar, de organizar. Por ahora, lo hago todo solo. Pero el sueño es convertirlo en algo como COTS o Yaguareté, organizaciones parecidas que he visto en Europa y Argentina. Con producción, con logística, con seriedad. Pero sin perder lo que somos”.

¿Y qué es Under Madrid? Ellos se definen como un lugar donde se entremezclan disciplina, comunidad y oportunidad. "Muchos de los participantes vienen de situaciones complejas. Son jóvenes que dejaron de entrenar hace meses, que viven en situación de calle o que buscan alejarse de entornos conflictivos. Esto les da un motivo. Les da estructura. Les exige compromiso. Se preparan, se cuidan, se respetan. No son salvajes, son chavales que han elegido algo mejor", dice CJ, que recuerda que, tras cada combate, los dos luchadores se arrodillan uno frente al otro en señal de respeto.

"Está muy lejos de un deporte"

Pero no todo el mundo lo ve tan claro como CJ. Cinco títulos mundiales contemplan al exboxeador argentino Sergio Maravilla Martínez, de 50 años y con más de tres décadas de experiencia en el ring. No tiene dudas sobre Under Madrid: "Me parece una verdadera locura. Está muy lejos de lo que es deporte. Es una pena que exista, porque aunque sea pactado y no haya agresión en el sentido legal, sí que es muy violento". Para el excampeón, este tipo de encuentros clandestinos no solo carecen de rigor, sino que representan un riesgo real: "Esto no tiene nada que ver con boxeo ni con MMA. El que quiere hacer deporte va a un gimnasio, entrena con seriedad, con las medidas de seguridad correspondientes. Esto es una barbaridad".

Foto: abner-lloveras-king-of-the-streets-peleas-ufc-mma

Martínez se muestra especialmente preocupado por el impacto que puede tener en los más jóvenes: "Hay chicos, niños y niñas que pueden ver esto y pensar que es normal. Pero eso no es deporte. No se puede romantizar el caos. Cuando se naturaliza la violencia, estamos en problemas". Y añade: "No hay profesionalismo, no hay protección, no hay control. No sé en qué puede desembocar, pero no puede ser nada positivo. La salud de quien pelea siempre tiene que estar por delante. Aquí, claramente, no lo está”.

Por ahora, Under Madrid se mueve entre lo invisible y lo viral. El fenómeno vive entre árboles y se replica en redes que muestran un ring imaginario que se monta y se desmonta sin dejar huella. Pero quien lo ha visto, como poco, lo recuerda. La próxima velada será el domingo 27 de julio. Esta vez, si nada ni nadie lo impide, será en una nave alquilada. Under Madrid crece ajeno a toda norma que no sea la suya propia.

En un parque del sur de Madrid, un grupo de jóvenes forma un círculo apretado sobre la tierra seca. Se vendan las manos, intercambian guantes, se saludan con un golpe de puños y aguardan al silbato. No hay ring, árbitros ni vallas de seguridad. Solo el murmullo de la gente y dos cuerpos tensos que empiezan a moverse. Es sábado por la tarde y está a punto de comenzar una nueva velada de Under Madrid, un circuito amateur e ilegal de peleas urbanas que se organiza desde hace cinco meses en ubicaciones secretas y que ya suma más de 150 peleadores y cientos de seguidores en redes sociales.

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