El nuevo paraíso del queso en Madrid que promete conquistar a los turistas 'gourmet': un bar-tienda navarro con rebaño propio
Una quesería artesana con rebaño propio, catas maridadas y productos navarros desembarca en pleno centro de Madrid con una propuesta que mezcla tradición rural, afinado manual, pensada para conquistar a los paladares más exigentes
Tabla de quesos del bar que ofrece delicias navarras en pleno centro de Madrid (Google)
Un aroma envolvente, una tabla bien servida y una promesa de viaje al corazón del Pirineo navarro sin salir de la capital. Quienes se dejenguiar por la intuición —o por el olfato— y crucen el umbral del número 90 de la calle de Alcalá descubrirán un rincón que huele a campo, a leche cruda y a mohos nobles cuidadosamente cepillados a mano. Con solo cruzar la puerta, el visitante se transporta del bullicio madrileño a la calma de una granja navarra.
Los orígenes del proyecto
Ubicado junto al Nuevo Teatro Alcalá, este nuevo espacio gastronómico se inspira en la tradición rural deLegasa, un pequeño pueblo navarro situado en la comarca de Alto Bidasoa, y que destaca por las casas con tejado a dos aguas. El nombre no es casual: proviene del caserío familiar Kamioa, y en esta historia el linaje importa tanto como el producto. Detrás del mostrador y de cada corte de queso están Ainara Ansa, ingeniera agrónoma, su marido, el veterinario Alberto Migueltorena, y sus tres hijos, todos implicados en una empresa familiar nacida en 2006 y alimentada con el esfuerzo de su propio rebaño de 4.000 ovejas.
Kamiku Madrid ha convertido sus quesos en una experiencia sensorial completa. De martes a sábado organiza catas maridadas donde se prueban entre cuatro y seis variedades, acompañadas por mermeladas artesanas, panes de masa madre y vinos seleccionados. Todo ello mientras los anfitriones explican la historia del producto, sus técnicas de afinado y los secretos de su sabor.
El más demandado es el curado con mohos de Bertiz, un queso elaborado con mimo que requiere hasta diecisiete cepillados manuales durante su afinado. La tabla de quesos, servida con membrillo casero y frutos secos, se ha convertido en una de las grandes atracciones del local.
Lejos de ofrecer una carta al uso, Kamiku apuesta por una experiencia gastronómica completa. En sus dos plantas —una con barra y tienda, otra más íntima para eventos— se pueden probar todas las elaboraciones de la casa: el queso tierno con bífidus, suave, ideal para fundir o enriquecer una ensalada; el Camembertiz de oveja, que se derrite al primer contacto con el paladar; el curado de cinco y nueve meses, donde el tiempo marca sutiles diferencias de textura y sabor.
La joya de la casa es el queso curado con mohos de Bertiz
También brillan en su carta el ahumado con madera de roble y haya, que respeta el carácter láctico sin camuflarlo; el curado de más de un año, quebradizo y con personalidad intensa; y el gran reserva de más de dos años, mantecoso y ligeramente picante, que se sirve como una joya. Como acompañamiento, Kamiku ofrece también tostadas, carrilleras, pimientos rellenos, verduras navarras, ibéricos, anchoas de Santoña y otras conservas selectas, todos disponibles para compra en su tienda. El espacio abre de miércoles a domingo entre las 11:30 y las 23:30 horas, y se ha convertido ya en un punto de peregrinación para los amantes del queso.
La idea de abrir tienda propia en la capital nació tras años de participar en catas y comprobar el interés creciente por sus productos. "Somos una familia granjera con rebaño propio, hacemos queso artesano y venimos desde el Pirineo para acercarnos a los consumidores de Madrid", explica Ainara Ansa a navarracapital.es. Y es que si la ciudad ya tenía buenos bares y buenas tiendas, ahora también tiene —por fin— una quesería con alma y acento pirenaico donde cada bocado cuenta una historia.
Desde que abrieron sus puertas junto al Nuevo Teatro Alcalá, las muestras de cariño no han dejado de llegar. Y no es solo el sabor: es la atención cercana, la conexión con lo rural y el respeto por el producto lo que ha convertido a Kamiku en algo más que una quesería. Es, quizás, el nuevo templo del queso artesano en Madrid.
Un aroma envolvente, una tabla bien servida y una promesa de viaje al corazón del Pirineo navarro sin salir de la capital. Quienes se dejenguiar por la intuición —o por el olfato— y crucen el umbral del número 90 de la calle de Alcalá descubrirán un rincón que huele a campo, a leche cruda y a mohos nobles cuidadosamente cepillados a mano. Con solo cruzar la puerta, el visitante se transporta del bullicio madrileño a la calma de una granja navarra.