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¿Qué había antes en el edificio del Museo Thyssen-Bornemisza? La historia detrás del palacio de Villahermosa
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PASADO ARISTOCRÁTICO, CULTURA Y BANCARIA

¿Qué había antes en el edificio del Museo Thyssen-Bornemisza? La historia detrás del palacio de Villahermosa

El Museo Thyssen-Bornemisza ocupa el histórico palacio de Villahermosa, un edificio con siglos de historia. Antes de convertirse en pinacoteca, fue residencia aristocrática, sede cultural y espacio bancario en pleno Paseo del Prado

Foto: Fachada interior del palacio de Villahermosa, sede del museo Thyssen-Bornemisza
Fachada interior del palacio de Villahermosa, sede del museo Thyssen-Bornemisza

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es uno de los principales referentes culturales de Madrid, situado en pleno Paseo del Prado, en un edificio con una historia fascinante. Su sede fue originalmente concebida como una residencia aristocrática en el siglo XVIII, aunque con el paso del tiempo ha albergado diferentes instituciones y usos antes de convertirse en la prestigiosa pinacoteca que conocemos hoy.

El palacio de Villahermosa, junto a los museos del Prado y Reina Sofía, forma parte del triángulo del arte de Madrid. Sin embargo, antes de convertirse en un espacio dedicado a la cultura, el edificio tuvo una evolución que lo llevó desde la aristocracia hasta la banca, pasando por importantes etapas como la del Liceo Artístico y Literario. Su transformación en museo en 1992 consolidó su papel dentro del patrimonio cultural de la capital.

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El inmueble, de estilo neoclásico, se asienta en un solar cuya historia se remonta a la expansión de Madrid en el siglo XVI. En aquel entonces, la zona era principalmente un conjunto de huertas y terrenos que con el tiempo pasaron a manos de la nobleza. Desde entonces, ha sido testigo de la evolución urbana de la ciudad y de la transformación de sus usos a lo largo de los siglos.

Un solar con siglos de historia

Durante el reinado de Felipe II, Madrid se convirtió en la sede definitiva de la corte española, lo que impulsó su crecimiento hacia el este. En este contexto, el solar donde hoy se encuentra el museo fue adquirido por Pedro Franqueza, un alto funcionario que acumuló una gran fortuna y llegó a ser conde de Villalonga. Sin embargo, tras ser acusado de corrupción, sus propiedades fueron confiscadas y vendidas a distintos compradores.

Con el paso de los años, los terrenos fueron agrupados nuevamente por Diego de Silva, conde de Galve, quien mandó construir una casa solariega en el siglo XVII. Esta construcción es la que se cree que aparece en una pintura atribuida a Jan van Kessel III, que actualmente se exhibe en el vestíbulo del museo. La propiedad fue heredada por la familia de su esposa y pasó por diversas manos hasta que, en 1746, fue adquirida por la duquesa de Atri.

El palacio de Atri y su transformación en Villahermosa

Margarita Leonor Pío de Saboya, duquesa viuda de Atri, decidió construir un nuevo palacio en el solar siguiendo la estética rococó de la época. Encargó la obra al arquitecto Vigilio Rabaglio, quien diseñó una elegante residencia de dos plantas con un acceso principal en la Carrera de San Jerónimo.

placeholder Fachada del palacio Atri antes de convertirse en el palacio de Villahermosa (museothyssen.org)
Fachada del palacio Atri antes de convertirse en el palacio de Villahermosa (museothyssen.org)

Tras su fallecimiento, el palacio pasó a manos de su segundo esposo, el abate Pico della Mirandola, quien lo vendió en 1771 al duque de Villahermosa. El nuevo propietario, Juan Pablo de Aragón-Azlor, impulsó reformas en el edificio, aunque fue su esposa, María Manuela Pignatelli, quien llevó a cabo la transformación más importante a principios del siglo XIX.

La ampliación del palacio, realizada por Antonio López Aguado en 1805, dio al edificio su aspecto neoclásico actual. Sus fachadas sobrias y sus proporciones armoniosas convirtieron al palacio en una de las construcciones más destacadas del Paseo del Prado. Sin embargo, la duquesa apenas pudo disfrutar de la residencia, ya que la invasión napoleónica obligó a la familia a abandonarla en 1808.

De residencia aristocrática a sede cultural y bancaria

La Guerra de la Independencia dejó su huella en el palacio, que fue saqueado por las tropas francesas. Tras la contienda, el edificio quedó en manos de los descendientes de la duquesa, pero su uso residencial se fue diluyendo. En 1839, el inmueble se convirtió en la sede del Liceo Artístico y Literario de Madrid, institución que acogió recitales y conciertos, entre ellos el del pianista Franz Liszt en 1844.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el palacio pasó a otros propietarios y perdió parte de sus terrenos originales. En la posguerra, el edificio fue utilizado como sede del Sindicato Nacional del Combustible y, posteriormente, albergó oficinas bancarias. La Banca López Quesada adquirió la propiedad en 1971 y llevó a cabo una reforma integral que modificó por completo su interior.

Con la quiebra de la entidad en los años 80, el edificio pasó a manos del Banco de España y se barajó la posibilidad de integrarlo en el Museo del Prado. Sin embargo, finalmente fue adquirido para albergar la colección de arte del barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, quien buscaba una sede adecuada para sus obras.

El nacimiento del Museo Thyssen-Bornemisza

El arquitecto Rafael Moneo fue el encargado de transformar el antiguo palacio en museo, respetando su esencia palaciega pero adaptándolo a las necesidades de una pinacoteca moderna. Su inauguración en 1992 marcó el inicio de una nueva etapa para el edificio, consolidándolo como uno de los museos más importantes de Madrid.

De residencia aristocrática a epicentro cultural, este emblemático edificio ha sabido reinventarse sin perder su esencia histórica

En 2004, el museo se amplió con la incorporación de los palacios adyacentes de Goyeneche y Guaqui, adaptados para albergar exposiciones temporales y la Colección Carmen Thyssen. Desde 2021, el Thyssen forma parte del Paisaje de la Luz, reconocimiento otorgado por la UNESCO al Paseo del Prado y el Retiro como Patrimonio Mundial.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es uno de los principales referentes culturales de Madrid, situado en pleno Paseo del Prado, en un edificio con una historia fascinante. Su sede fue originalmente concebida como una residencia aristocrática en el siglo XVIII, aunque con el paso del tiempo ha albergado diferentes instituciones y usos antes de convertirse en la prestigiosa pinacoteca que conocemos hoy.

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