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El Madrid del gotelé y los pantalones de Decathlon: así explica Madrid el autor Pablo Gallego en 'Bar Urgel'
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El Madrid del gotelé y los pantalones de Decathlon: así explica Madrid el autor Pablo Gallego en 'Bar Urgel'

La novela, galardonada con el Premio Diana Zaforteza, muestra una ciudad con sus dificultades y su vida de bar. Escrita bajo la influencia del café y el pincho de tortilla, anclada a un mostrador, es uno de los grandes debuts de la temporada

Foto: Pablo Gallego, autor de 'Bar Urgel' (Imagen cedida)
Pablo Gallego, autor de 'Bar Urgel' (Imagen cedida)

Madrid es una ciudad que respira a diferentes ritmos. Hay un Madrid de guías y postales, el Madrid monumental y centrípeto. Pero también existe otro Madrid, entre plataneros y cotorras, uno que se extiende más allá de sus ríos y de su M-30, un Madrid del extrarradio que Pablo Gallego Boutou ha convertido en protagonista de su novela debut, Bar Urgel, obra ganadora del I Premio Diana Zaforteza.

Para Gallego, nacido en Collado Villalba en 1989, Bar Urgel representa una deliciosa y accidentada cartografía emocional y social de una ciudad que cambia con rapidez y sin pausa. "Siempre he considerado que los márgenes de una ciudad son su verdadera esencia", dice. Su libro traza una línea entre lo personal y lo colectivo, entre la vida de bar y las historias fragmentarias que se construyen alrededor de una barra.

La inspiración nació en un bar de Carabanchel que ya no existe. "El bar Urgel era uno de esos bares que crean comunidad. Un lugar donde es fácil darse cuenta de que la gente no está de paso. Hay una permanencia, un estar, una especie de resistencia contra lo efímero", explica Gallego. Pero el espacio, como tantos otros en la periferia de Madrid, sucumbió al traspaso y al cambio. En el libro, sin embargo, permanece como una geografía simbólica, un lugar donde los personajes confluyen, dialogan y, a veces, chocan.

El bar como lugar de esparcimiento

El bar, en la narrativa de Gallego, es un marco de tensión y reconciliación. El autor escribe sobre una barra de bar con el mismo interés con el que otros describen un paisaje. Los clientes del Urgel representan, en palabras del autor, "masculinidades que me han hecho daño en el pasado, personas con las que nunca habría compartido un espacio, pero que a través del bar se convierten en algo diferente".

placeholder La barra del antiguo bar Urgel, lugar de inspiración para el último libro de Gallego (Imagen cedida)
La barra del antiguo bar Urgel, lugar de inspiración para el último libro de Gallego (Imagen cedida)

El escritor reconoce que esa convivencia no siempre es fácil. Su homosexualidad y su pasado en espacios donde se sentía vulnerable transitan y se desplazan en el mostrador como una especie de deriva a veces real y otras simbólica. "Yo era el primer hombre que llevaba una máscara al entrar en un sitio así", comenta, aludiendo a la necesidad de construir una fachada emocional con aquellos que, en otros contextos, le habían generado miedo o rechazo.

La novela no intenta ser un manifiesto. "No quise hacer literatura sobre temas. Me interesa que los lectores acompañen a los personajes, que los lean y se confronten con ellos sin que se sientan guiados hacia una conclusión moral", explica. Sin embargo, las escenas que describe tienen un peso social ineludible. Los personajes hablan de noticias, de la precariedad, de las familias que desaparecen del barrio mientras las inmobiliarias crecen como hongos. En sus palabras, "las ciudades hoy son profundamente hostiles, y eso creo que se puede entrever en las páginas del libro".

Notas fuera de la M-30

Entre las historias del Urgel, Gallego salpica su narración con momentos cotidianos que, en su fragmentación, construyen una rica y variada panorámica. De Pan Bendito a Puerta Bonita, con parada en plazas, calles y parques en las que se dibujan madres con ocho hijos cansadas de la vida y abuelas solitarias que esconden su lucidez tras la rutina. "Los pechos estirados y la grasa escondiendo su sexo", escribe con cruda sinceridad, dando voz a ese otro Madrid que rara vez aparece en los relatos oficiales.

El bar también representa un lugar de escape. Los fines de semana de cerveza, de vermut, de paella recalentada y nuggets descongelados son un remedio temporal contra la soledad. Es el Madrid de los pantalones de montaña del Decathlon, de las terrazas en Carabanchel y las urbanizaciones de bloques apretados. Un espacio donde el gotelé sesentero de las paredes del bar sugiere paraeidolias que hablan del paso del tiempo.

placeholder Pablo Gallego con su libro 'Bar Urgel'
Pablo Gallego con su libro 'Bar Urgel'

Las notas que Gallego recopiló durante los tres años que frecuentó el bar sirven de excepcional tapiz de piezas que dan forma a la novela. "No sé lo que es librar desde los 15 años", dice Paco, el dueño del Urgel. La fragmentación, según el autor, es una elección deliberada. "La novela carece de una trama lineal, me interesaba cómo la memoria y la escritura pueden recoger la realidad en su propia forma fragmentaria".

Referencias literarias y emocionales

Gallego confiesa que una frase del propietario del bar le empujó a escribir el libro: "Si yo escribiera un libro con la gente que pasa por aquí me forraba". Esa idea, sumada a las referencias literarias que siempre le han acompañado, desde Pedro Lemebel hasta Katherine Mansfield, terminan de moldear una novela que el jurado del Premio Diana Zaforteza, en el que se encontraban Héctor Abad Faciolince, Isabel Coixet, Aixa de la Cruz, Ignacio Martínez de Pisón y Azahara Alonso, calificó como innovadora y profundamente humana.

El libro también puede remitir, y por momentos hace guiños a series fotográficas como las de Anders Petersen y Rafael Bernis, que se fijaron en la clientela de tascas y tabernas para construir una obra única y original. Del Café Lehmitz, en el barrio rojo de Hamburgo, y que Petersen retrató con tan solo 24 años, en 1968, a aquel Bar Chino de El Raval, el bar de la Senyora Olvido, que Bernis consigue inmortalizar en plena Transición.

Transformaciones y resistencia

El Urgel de la novela es también un reflejo del cambiante Madrid que vivimos hoy. La gentrificación, el encarecimiento de los alquileres y el desplazamiento de los vecinos son temas que atraviesan tanto el libro como la vida del autor. "En cinco años, he visto cómo el barrio se transformaba. Las clínicas dentales y las inmobiliarias ocupan espacios donde antes había panaderías y bares. Las familias se van, expulsadas a los círculos exteriores de la ciudad", reflexiona Gallego.

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Esa transformación también le toca a nivel personal. Explica cómo el proceso de escritura le ayudó a confrontar sus propias experiencias. "Escribir fue una forma de escuchar y de resistir. Hay una raíz latina de la palabra obedecer, oboedesquere, que significa saber escuchar. Eso me emocionó mucho cuando lo descubrí. Escribir fue para mí una forma de escucharme y de escuchar a los demás".

Una voz en el panorama literario

El Premio Diana Zaforteza, dotado con 20.000 euros, nació para fomentar la innovación literaria y apoyar a autores emergentes. Bar Urgel representa como ningún otro este espíritu. Gallego la describe como una "novela lírica", un espacio donde la autoficción y la observación de la realidad se entremezclan en un híbrido que va mucho más allá de géneros.

Pablo Gallego, cuyos presente está en la actuación dentro del teatro y en la mediación cultural, cuenta que esta novela es solo el inicio. Mientras planea su próximo proyecto literario y termina un poemario, su voz ya se perfila como una de las más interesantes de su generación. Un nombre y una vida que, entre fragmentos e historias, permea todo lo que sucede en Carabanchel y el Urgel.

Madrid es una ciudad que respira a diferentes ritmos. Hay un Madrid de guías y postales, el Madrid monumental y centrípeto. Pero también existe otro Madrid, entre plataneros y cotorras, uno que se extiende más allá de sus ríos y de su M-30, un Madrid del extrarradio que Pablo Gallego Boutou ha convertido en protagonista de su novela debut, Bar Urgel, obra ganadora del I Premio Diana Zaforteza.

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