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La exposición que muestra cómo la Escuela de Cine de Madrid fue un oasis de libertad en pleno franquismo
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La exposición que muestra cómo la Escuela de Cine de Madrid fue un oasis de libertad en pleno franquismo

'Los 100 metros libres: vida y milagros de la Escuela de cine' repasa la historia de la institución, su legado creativo y su impacto en la industria durante los últimos años de vida del dictador

Foto: Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976) (Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)
Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976) (Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)

Entre 1947 y 1976, la Escuela Oficial de Cine de Madrid se erigió como un espacio donde poder imaginar otra España. Durante casi tres décadas, aquel lugar se convirtió en un hervidero de creatividad, una isla de libertad dentro del rígido panorama cultural del franquismo. De allí emergieron voces que redefinieron el cine español: Carlos Saura, Víctor Erice, Mario Camus, Jaime Chávarri, Cecilia Bartolomé y tantos otros. Con cada película que rodaban, aquellos estudiantes construían un puente con lo que luego sería el futuro, trazando líneas de conexión con temas que la mayoría de españoles no podían ni soñar.

Hoy, la Filmoteca Española rinde homenaje a esa escuela con la exposición Los 100 metros libres: vida y milagros de la Escuela de cine, un recorrido que reivindica la importancia de su producción cinematográfica y su archivo documental. Un proyecto monumental que no solo ilumina el trabajo de quienes pasaron por sus aulas, sino también las circunstancias excepcionales en las que se gestó. Desde storyboards y guiones hasta mediometrajes inéditos, la muestra revela cómo este espacio se convirtió en un laboratorio de experimentación, resistencia y audacia.

Por cierto, el nombre 100 metros libres hace referencia a una práctica de la Escuela de Cine que permitía a los estudiantes rodar libremente con un carrete de película de 100 metros, equivalente a unos 3 minutos de metraje. Este formato se convirtió en símbolo de creatividad y libertad dentro de las limitaciones técnicas y políticas de la época. La exposición puede verse hasta el 25 de abril de 2025 en su sede de la calle Magdalena, 10, muy próxima a las instalaciones del cine Doré que hay en Antón Martín, y en cuyas vitrinas también continúa el trabajo expositivo.

Una relectura del cine bajo el franquismo

El cine español del periodo franquista suele analizarse a través de un prisma cargado de prejuicios. Sin embargo, como explica el comisario de la exposición, historiador y coautor del libro que acompaña la muestra, Axier Aranzubia, hay un valor incalculable en mirar más allá de las narrativas oficiales. “Si se observa sin prejuicios, uno puede encontrar cineastas y películas muy interesantes, incluso en la década de los 40”, señala. Bajo esta premisa, Aranzubia ha dedicado años a desentrañar las complejidades de la Escuela de Cine y a demostrar cómo, a pesar de las limitaciones impuestas por el régimen, este espacio fue un foco de creación extraordinario.

placeholder Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976).(Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)
Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976).(Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)

La escuela, que funcionó durante casi treinta años, produjo alrededor de 1.750 películas, una cifra abrumadora que incluye cortometrajes, mediometrajes y otras piezas breves. Más allá de los números, lo que realmente destaca es la calidad y diversidad de estas obras, muchas de las cuales planteaban una ruptura con el cine profesional de la época. “La escuela era una especie de isla de libertad donde se podían decir y mostrar cosas que eran impensables en el cine profesional”, afirma.

En este entorno, los estudiantes desarrollaban sus habilidades técnicas y empezaban a definir la que sería su voz artística. Era un lugar donde la censura no dictaba las reglas. Los trabajos que pueden verse en la muestra ayudan a entender cómo fue posible lanzarse a la exploración de temáticas prohibidas y de experimentaciones formales. Obras como La tarde del domingo de Carlos Saura o Margarita y el lobo de Cecilia Bartolomé son solo algunos ejemplos de prácticas de licenciatura que, aún hoy, destacan por su fascinante audacia expresiva.

Un archivo que da vida a la memoria

La exposición se centra en los archivos que la Filmoteca Española ha conservado meticulosamente. Por un lado, se encuentra el archivo documental, una fuente inagotable de información que permite reconstruir la vida de la escuela desde múltiples perspectivas. Desde los exámenes de los estudiantes hasta correspondencia, guiones y storyboards, un material que permite entender perfectamente cómo se enseñaba el cine en aquella época.

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Una de las joyas de la exposición es el storyboard de una práctica dirigida por Julio Diamante basada en El proceso de Kafka. Delicado y meticuloso, este documento muestra la ambición creativa de los estudiantes y el cuidado con el que abordaban cada proyecto. Otro hallazgo fascinante son los dibujos que Luis García Berlanga, quien además de alumno fue profesor de la escuela, realizaba durante los exámenes. En ellos se mezclan el humor y el fetichismo característicos del cineasta, ofreciendo un vistazo íntimo a su personalidad creativa.

“Toda la documentación que generó la escuela durante sus 30 años de vida se conserva en Filmoteca Española”, recuerda Aranzubia, que resalta cómo cada alumno tenía una carpeta con su nombre donde reunía historias, exámenes, correspondencia, guiones. “Es un archivo voluminoso que nos ha servido para entender qué sucedió en la escuela y sus relaciones con las autoridades y el cine español”.

Por otro lado, está el archivo fílmico, compuesto por las más de mil películas que se rodaron en la escuela. Estas piezas, muchas de ellas inéditas, ofrecen un panorama diverso que abarca desde adaptaciones literarias hasta obras de ciencia ficción. Entre los ejemplos más sorprendentes se encuentran películas como Los buenos samaritanos o Soy leyenda, realizadas en los años 60 por estudiantes que, influenciados por autores como Ray Bradbury e Isaac Asimov, se adelantaron al boom del fantaterror.

Conexiones con el cine profesional y la cultura popular

Uno de los aspectos más interesantes de la producción de la escuela es su relación con el cine profesional y las corrientes culturales del momento. Como explica Aranzubia, muchas de las prácticas reflejan temáticas y estilos que luego se desarrollarían en la industria. Por ejemplo, el motivo de la ciudad-provincia, presente en obras como Calle Mayor de Bardem o Nueve cartas a Berta de Patino, tiene su eco en prácticas de la escuela como Despedida de soltero de José Luis Viloria. “La crítica a las costumbres provincianas de la España de los años 50 y 60 es mucho más beligerante en estas prácticas que en las películas profesionales”, apunta Aranzubia.

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Otro hilo conductor es el humor. Influenciados por la revista La Codorniz, varios estudiantes de la escuela crearon comedias que, en su tono y estilo, se conectan con una tradición satírica muy española. Ejemplos como El viejecito de Manuel Summers o Historia de un ciprés de Francisco Regueiro recuperan este humor irreverente, demostrando cómo los estudiantes de la escuela se nutrieron de las corrientes culturales del momento.

Un espacio de libertad y aprendizaje

Más allá de las películas y los documentos, lo que realmente define a la Escuela de Cine es el ambiente que allí se vivía. Los antiguos alumnos que han contribuido a la exposición recuerdan con nostalgia la sensación de libertad que reinaba en sus aulas. Para muchos, la escuela era un refugio donde podían expresarse sin temor a represalias. Fernando Méndez-Leite, uno de los estudiantes de la época, lo resume con una anécdota reveladora: “Cuando salía de la Facultad de Derecho y entraba en la escuela, sentía que estaba entrando en otro país”.

Pero la escuela no solo era un espacio de libertad; también era un lugar de aprendizaje colectivo. Jaime Chávarri recuerda que el nivel intelectual de sus compañeros era altísimo: “La gente que entraba ya había estudiado una carrera, leído muchísimo y visto todo el cine que se podía ver. Aprendías tanto de tus compañeros como de los profesores”. Este ambiente de camaradería y debate constante fue clave para que muchos de estos estudiantes se convirtieran en cineastas excepcionales.

Margarita y el lobo: feminismo y provocación

Cecilia Bartolomé creció en Guinea Ecuatorial, donde ya de niña dirigía pequeñas funciones de teatro. A los 14 años, descubrió a través de un noticiero que existía una escuela de cine en Madrid. Desde entonces, su meta fue clara: llegar allí y formarse como cineasta. Sin embargo, el camino no fue sencillo. “Tuve que engañar a mis padres para que me dejaran venir a Madrid. Me matriculé en Económicas, pero nunca iba a clase. Mi verdadera intención era entrar en la Escuela de Cine”, cuenta entre risas.

placeholder Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976) (Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)
Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976) (Imagen cedida: Filmoteca Española/ Beatriz Velasco)

Para Bartolomé fue un espacio vital. “La escuela era un oasis. Teníamos acceso a equipos profesionales, a un plató magnífico y, sobre todo, a profesores extraordinarios como Berlanga, Bardem, Saura o Borau. Si no aprendías allí, era mejor que te dedicaras a otra cosa”, relata.

Uno de los momentos más destacados en la trayectoria de Bartolomé en la escuela fue la realización de Margarita y el lobo (1970), una práctica de licenciatura que sigue siendo un referente por su enfoque feminista y su audaz puesta en escena. En un tiempo en el que las mujeres tenían pocas oportunidades de expresarse libremente en el cine, Bartolomé no solo rompió barreras, sino que lo hizo con una contundencia que aún resuena.

“La película surge de lo que vivía y observaba: mujeres atrapadas en roles impuestos, la falta de control sobre sus propios cuerpos. Era una crítica a la sociedad machista de la época, pero también tenía un toque de humor y de ironía”, explica.

El fin de una era

La Escuela de Cine cerró sus puertas en 1976, pero su destino quedó sellado años antes. En 1969, en pleno estado de excepción, la institución se radicalizó políticamente, convirtiéndose en un foco de oposición al régimen franquista. Este ambiente politizado, sumado a la audacia de las películas que se producían, llevó a las autoridades a decretar su cierre en 1971. Sin embargo, como señala Aranzubia, “la escuela nunca fue un instrumento de propaganda franquista; siempre fue un espacio de resistencia, incluso en sus primeros años”.

A pesar de su desaparición, el legado de la escuela perdura. En sus aulas se dio cabida a una manera de entender el cine diferente, que lo convertía en un medio de expresión artística y social. Y hoy, gracias a la Filmoteca Española y a proyectos como 100 metros libres, ese legado sigue vivo, recordándonos que, incluso en los momentos más oscuros, el arte encuentra formas de florecer.

Entre 1947 y 1976, la Escuela Oficial de Cine de Madrid se erigió como un espacio donde poder imaginar otra España. Durante casi tres décadas, aquel lugar se convirtió en un hervidero de creatividad, una isla de libertad dentro del rígido panorama cultural del franquismo. De allí emergieron voces que redefinieron el cine español: Carlos Saura, Víctor Erice, Mario Camus, Jaime Chávarri, Cecilia Bartolomé y tantos otros. Con cada película que rodaban, aquellos estudiantes construían un puente con lo que luego sería el futuro, trazando líneas de conexión con temas que la mayoría de españoles no podían ni soñar.

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