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La historia del otro baile en Madrid: 'queer', migrante y racializado
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La historia del otro baile en Madrid: 'queer', migrante y racializado

Un acercamiento diferente a algunas de las fiestas más interesantes que han sucedido en Madrid en las tres últimas décadas, con una mirada puesta en el colectivo migrante y queer de la ciudad

Foto: Flor linyera. (Montecruz Foto)
Flor linyera. (Montecruz Foto)

Noviembre de 1996. Lavapiés se encuentra en un momento especialmente activo, con decenas de edificios okupados, centros sociales que dinamizan la acción vecinal, bares sin excesivas limitaciones y una vida de barrio efervescente, como no se recordaba desde hacía tiempo. Una noche de ese mes un grupo de mujeres decide entrar en una panadería abandonaba, situada en el numero 40 de la calle Embajadores, esquina con la calle de Rodas, y transformarla en la Eskalera Karakola, un lugar que se va a convertir en ejemplo y modelo del movimiento feminista mas libertario.

Foto: El grupo Ears On Earth pinchando en un evento. (Ears On Earth)

“Su inicial radicalidad okupa y autónoma fue poco a poco derivando a un posicionamiento okupa difuso con coqueteos con el reformismo, si bien manteniendo en buena parte y hasta la actualidad cierta radicalidad en el ámbito feminista, lesbiano y trans”, cuenta Antonio Martín sobre la Karakola en ‘Pequeña historia del reformismo okupa matritense’.

Desde Colombia con amor

Asor, mujer, migrante y lesbiana, estará vinculada desde sus inicios a este espacio y a otros muchos relacionados con el activismo. “Llevo 36 años en España, soy colombiana y soy queer. Estoy atravesada por todo, soy una ciudadana transnacional”, confiesa. En la Karakola se va a encargar de poner música de forma ininterrumpida, además de invitar a DJ's queer locales en su segunda etapa, entre el 2008 y el 2013. “Hacíamos fiestas y eventos para recaudar dinero para acciones políticas como Operación rosa contra el capitalismo”, dice de una música que cataloga de forma desenfadada como “pachanga queer” o “paquito el chocolatero queer”.

placeholder 1994 - Besada de Plataforma contra la homofobia de la Complutense. (Cedida)
1994 - Besada de Plataforma contra la homofobia de la Complutense. (Cedida)

La colombiana también recuerda noches de drags en Xenon, fiestas por los derechos humanos en un antiguo bar llamado Avapies o jornadas interminables en el Medea, el legendario bar de bolleras de Lavapiés regentado por un policía. “Un antro de verdad”, apunta. “Ahora el barrio está diferente, la gentrificación nos está precarizando la vida. Vamos a menos”.

Madrid en lucha

Hace unas semanas apuntaba en un reel para Instagram: “Es un problema real que la opción para producir fiestas se tenga que exiliar en jueves, domingos y aforos más pequeños. Porque el desbordamiento post pandemia ha subido frente a la demanda, tanto de alquileres como de entradas, cuyo precio se duplicó”.

Foto: Escenario de Noches del Botánico, la cita estival de la música en Madrid. (NDB)

Ella, sin embargo, sigue haciendo todo lo posible por dinamizar la ciudad. Su actividad no para y organiza el Besame bonito fest una vez al mes. “Son fiestas donde tiene gran importancia lo queer racializado, me gusta poner reggaeton, cumbia, pachangueo, ritmos tropicales”. También pone en valor otros espacios de especial interés para la comunidad queer como ESLA Eko de Carabanchel, La Villana de Vallecas, La Parcería o el Ateneo La Maliciosa. “Son espacios liberados donde se genera otra contracultura y se lucha contra el racismo”.

Calidez queer

A pesar de que es muy crítica con la evolución de la ciudad, también con la cultura del baile y de la noche, Asor tiende redes con otros colectivos y personalidades de la escena queer. Es el caso de Flor Lyniera, una de las integrantes de Kumbia Queers, el grupo argentino que se ha convertido en referente de la escena más politizada de la música de ascendencia tropical. Flor es argentina y vive en Madrid desde hace un año. “La escena de Madrid la encuentro más cálida que la de otros lugares”, responde y se pone a enumerar algunos de los eventos más relevantes de la capital. “Me gusta mucho Culpa y Wacha”, comenta. Esta última, que celebra su próxima edición el once de octubre en el club Velvet, se autodefine como “pibas organizando cumbia y neo perreo para todes”.

Foto: Rocío Torres y Alba Loughlin. (Cedida)

Además del proyecto de Kumbia Queers, con el que lleva vinculada desde 2007, recientemente ha dado vía libre a Romea, otro proyecto en el que expande el mensaje de lo queer en un formato que atraviesa lo urbano, el neoperreo y la linea mas siniestra. Son beats de electrónica que la propia Flor produce y en el que se deja llevar por las emociones y los sentimientos más profundos. “En directo somos tres personas, Juli Cruda.z y Pitti Vaccari. No me gusta definirlo o ponerle etiquetas, creo que es una mezcla de géneros”.

House integrador

Si se le pregunta a Hamilton, a quien le gusta intercalar los pronombres el y ella, uno se encuentra con una respuesta más crítica. Hamilton nació en Canarias, aunque desde el año 2000 vive en Madrid, y se encarga de producir 'La otredad al frente', más conocida como Others to the front, junto a otras cuatro personas. “Esta fiesta nació con la idea de resignificar la pista de baile. Es un espacio seguro sin mencionarlo explícitamente”, comenta mientras menciona las primeras fiestas de house que tuvieron lugar en Chicago y Nueva York. “Ahora este estilo ha perdido parte de su esencia y de las raíces. La comunidad queer siempre ha formado parte de él y es por eso que me decidí a hacer esta fiesta”.

Foto: Antonio Vega tocando en la Sala Moby Dick en 2004. (Moby Dick)

El manifiesto que el colectivo colgó hace un mes comenzaba de esta forma: “Cada vez somos más en los márgenes, o mejor dicho, cada vez somos más visibles todes aquelles que ni entramos, ni queremos entrar, en las identidades integradas”. Y seguía: “La revuelta contra el supremacismo blanco o la revuelta transfeminista molecular que está produciendo constantemente pequeñas pero innumerables revueltas contra el género, división primaria que nos clasifica y domina desde el origen, son expresiones del hartazgo generalizado que supone el sometimiento permanente de unas personas a otras por motivos que, bajo la apariencia de realidad normalizada, esconden una máquina incesante de destrozar vínculos, comunidades, vidas y ecosistemas”.

LSD

Cuando termino de hablar con Hamilton me pasa al teléfono a Luisa Sánchez Díaz, más conocida por sus siglas LSD. Luisa es gaditana y ha estado muy cerca de movimientos okupas, al igual que de fiestas rave como las que se celebraban en el mítico Monasterio de Perales del Rio, en Getafe. “Hicimos solo una fiesta allí y se llamó 'Réquiem por el caos'. Aquello fue en el año 2001, pero en seguida buscamos otros emplazamientos. No nos gustaba que la gente que luego iba no cuidara el espacio”.

placeholder Luisa. (Cedida)
Luisa. (Cedida)

Luisa comenzó poniendo música en la Karakola, siguió en el pub Taque y ha participado y ayudado en la organización de fiestas como Clit Power o Las lagartas siderales, en la sala Jimmy Jazz de Vallecas. Ahora se le puede ver habitualmente el bar vegano La Raposa, en Barcelona. En la web de Sync definen sus sesiones como “siempre frescas, divertidas y no aptas para machirulos. La primera fila siempre debe ser un lugar seguro para mujeres, bolleras y trans. Y lo consigue sabiendo elegir los temas adecuados”. Lo que más le gusta recordar de las fiestas es el sentimiento de comunidad que se forma. “Me gusta esa sensación de comunión cuando estás de subidón y se te ponen los pelos de punta”.

Noviembre de 1996. Lavapiés se encuentra en un momento especialmente activo, con decenas de edificios okupados, centros sociales que dinamizan la acción vecinal, bares sin excesivas limitaciones y una vida de barrio efervescente, como no se recordaba desde hacía tiempo. Una noche de ese mes un grupo de mujeres decide entrar en una panadería abandonaba, situada en el numero 40 de la calle Embajadores, esquina con la calle de Rodas, y transformarla en la Eskalera Karakola, un lugar que se va a convertir en ejemplo y modelo del movimiento feminista mas libertario.

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