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Feria de San Isidro | Tarde completa en Las Ventas con la puerta grande de Ángel Tellez
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Feria de San Isidro | Tarde completa en Las Ventas con la puerta grande de Ángel Tellez

Seis toros de Victoriano del Río de entre 535 y 597 bien presentados, serios, astifinos agresivos de pitones con kilos, sin embargo, cuarto y quinto fueron protestados

Foto:  El diestro Ángel Tellez. (EFE/Miguel Osés)
El diestro Ángel Tellez. (EFE/Miguel Osés)

Lleno de no hay billetes en un cartel atractivo, que no perdió fuerza con la obligada sustitución de Emilio de Justo por Ángel Téllez. No pocos pensarán que al contrario, después de la expectación levantada tras su última actuación en esta plaza. Tarde agradable con viento, pero menos presente que estos últimos días. Cuando los toros embisten parece que el viento molesta menos.

Seis toros de Victoriano del Río de entre 535 y 597 bien presentados, serios, astifinos agresivos de pitones con kilos, sin embargo, cuarto y quinto fueron protestados, aunque personalmente no entiendo la causa. Algo montados los tres últimos. Sin ser un diez de presentación, corrida muchísimo más que digna. Faltos de fuerza y acometividad, cumplieron en los caballos por encima de la media. Soso el segundo y con clase el tercero, aunque le costaba humillar hasta el final. El cuarto, el más grandón, humillaba sin repetir con ritmo y sin rematar al final, se vino abajo en el último tercio de la lidia. Quinto flojo, algo rebrincado en los primeros tercios, noble, se vino abajo estrepitosamente en la muleta. El mejor el sexto, que embistió humillando, con bravura y con recorrido suficiente para permitir armar una faena completa.

Foto: El diestro Daniel Luque. (EFE/Mariscal)

Diego Urdiales de verde militar y azabache, silencio y silencio con alguna protesta. Alejandro Talavante de gris perla y oro, ovación y silencio. Ángel Tellez, que sustituía a Emilio de Justo, de blanco y plata oreja tras aviso y oreja tras aviso. Salió por la puerta grande tras una memorable faena en su segundo que encandiló por su pureza y sencillez al público. Gran tercio de banderillas de Miguelín Murillo, que saludó montera en mano en el quinto.

Siento dejarlo por escrito, pero me joden los profetas. Lo digo después de anunciar el talento de Ángel Téllez en una tarde sorpresa hace con hoy los diez días. Me impresionó la facilidad de transmitir su inocencia. Ese toreo tan puro que, rozando casi la inconsciencia, enerva la percepción del arte a quien lo contempla. Me lo encontré al día siguiente en el patio de cuadrillas en torno al sagrado evento del sorteo matutino. Arrinconado y tímido, rodeado de los suyos que aún no son muy taurinos, o quizá lo que no sean son simplemente matutinos, me acerqué a felicitarle con la humildad del que, puesto delante de un toro, cree reconocer la diferencia cuando hay cuajo y hay talento. No cabía en su sorpresa, ni le cabía su orgullo en el pantalón de pitillo, en esa camisa estrecha, blanca para más señas, que apenas sí contenía la felicidad de una oreja que pudo ser y no fue, negada por la ineficiencia en su manejo de espadas.

El dejar abierta la puerta a volver de sustituto no necesitó de apéndice, tal fue el calado de su sincero discurso. Supongo que la comparecencia al entorno del despacho de quien suple las bajas forzadas durante la feria la sintió como obligada. Y celebro que esa determinación de llamar con humildad a la puerta de las firmas permitiera en una semana el fruto de su presencia. Tenía aquella mañana una sonrisa sincera que era un premio merecido a tantas tardes portátiles, a tanto esfuerzo de escuela, al cuajar como un milagro toda una tarde completa. Esa que me pareció sorpresa y que aún sin cortar orejas dejó gran ambiente en el foro, que hoy le metió en la feria.

El dejar abierta la puerta a volver de sustituto no necesitó de apéndice, tal fue el calado de su sincero discurso

Feliz decisión su inclusión a las primeras de cambio, felicito a quien proceda. Volvió ese blanco y plata con fajín descomunal que me encandiló el otro día y que dan ganas de preguntar quién es su mozo de espadas. Tiene planta de torero, mirada un poco perdida, manos desproporcionadas y pantorrillas muy finas. Nariz brusca, culo liso y principio de escoliosis. Flequillo tirando a antiguo, cuello largo, mentón propio… y en franca y seria retirada, huyendo de la propia cara, podríamos decir puntiagudo. Tiene sonrisa de dientes tirando a que rompan filas, que junto a la asimetría de ojos que le dio Dios para compensar otros talentos, te pueden generar una mueca. Una nariz prominente que divide en dos su cara y renuncia a la aspiración de las proporciones áureas. Ojeras de cincuenta años, peinado de Manolete, patillas top de guateque y aire de desvalido. Conjunto por el que no lucharán ni las marcas ni las niñas. Pero sabemos que no importa. ¿Qué más te dará una marca cuando descarrilas la embestida de un toro descomunal en Las Ventas? Cuando das pases que reclaman oles y asustas a quien aplaude. Cuando oreja tras oreja, da igual que pinches o descabelles, tu toreo santifican y lo sacan en volandas camino de puerta grande. Segunda oreja merecida desde mi punto de vista. Puerta grande de gran mérito y un futuro espeluznante con trofeo y sin trofeo. Manifestando su arte. Torero nuevo y feliz, y de una pureza extrema, que nos hace dirimir que no siempre lo bueno pega. Quedan tardes y quedan gentes aún no contaminadas. Nos queda Angelito Téllez para una buena temporada.

Sé que era Talavante. Cartel y facciones confirman. Mando, plaza, gusto y temple apuntaban las maneras en ese, que vestido de perla, mató el quinto y el segundo. Estilo, planta, buen gusto, me decían Alejandro. Ambiente, petición de entradas, rodillas en mis omóplatos apuntaba Talavante. Joselito en la tronera encorbatado y enjuto, confirmaban la sospecha de que yo no erraba mucho. Vine a ver a Talavante en viernes de atasco de mierda. Esos días que la plaza está más lejos que Mérida. De aparcar mejor no hablamos, que entré arrastrando al primero y con mi sitio ocupado. Mueca bajo montera, palo vestido de luces y la mano izquierda negra a causa de neopreno, despejaban cualquier duda sobre el artista actuante. Era, sin ninguna duda, mi admirado Talavante.

Tanta certeza empírica, tanto consultar por si acaso localidades vecinas, me dejaron con la duda tras rematar sus faenas. ¿De verdad es Alejandro? Las formas eran del pacense, la pose también inequívoca, tercera tarde en las ventas y ni rastro de su espíritu. Yo que le he visto volar, brillar y hasta hacer milagros, he percibido la ausencia de la magia de su alma, de la vibración tan buena que consiguió alistarme en esa peculiar tauromaquia que mezcla valor y arte. Seguro que está de vuelta aunque yo hoy no lo apreciara.

Tarde completa en Las Ventas con la puerta grande de Ángel Tellez. Qué más se puede pedir a una tarde cualquiera.

Lleno de no hay billetes en un cartel atractivo, que no perdió fuerza con la obligada sustitución de Emilio de Justo por Ángel Téllez. No pocos pensarán que al contrario, después de la expectación levantada tras su última actuación en esta plaza. Tarde agradable con viento, pero menos presente que estos últimos días. Cuando los toros embisten parece que el viento molesta menos.

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