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Feria de San Isidro | Como los ángeles
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LAS VENTAS

Feria de San Isidro | Como los ángeles

Seis toros de Arauz de Robles de entre 515 y 580 kilos, desiguales de presentación, altos, zancudos, en la línea de su encaste, astifinos, estrechos de cara, con movilidad y poniendo a prueba a los toreros

Foto: El torero mexicano Joselito Adame este martes. (EFE/Lizón)
El torero mexicano Joselito Adame este martes. (EFE/Lizón)

Plaza Monumental de Las Ventas, 17 de mayo de 2022.

10ª de la Feria de San Isidro.

Algo más de media plaza en tarde agradable y perfecta para celebrar una tarde de toros. Casi tres horas de festejo debido a la devolución de los dos primeros toros.

Seis toros de Arauz de Robles de entre 515 y 580 kilos, desiguales de presentación, altos, zancudos, en la línea de su encaste, astifinos, estrechos de cara, con movilidad y poniendo a prueba a los toreros. Con juego también muy desigual. Imposible el lote de Pepe Moral. Destacó el tercero por encima del resto, con nobleza y temple, ovacionado en el arrastre, y complicado el cuarto que volteó en el primer muletazo a Joselito Adame. El sexto, descastado, no dio opción de triunfo. El primero de Arauz fue sustituido por un sobrero de Chamaco tras romperse una pata. A su vez fue sustituido por su flojedad por otro de la misma ganadería con cuajo, pitones y bella estampa que dio buen juego sin ser fácil, algo rebrincado, pero que llegó embistiendo al final de la faena.

Foto: El torero Ginés Marín. (Alfredo Arévalo)

Joselito Adame, de verde esmeralda y oro, ovación y vuelta al ruedo.

Pepe Moral de verde carruaje y oro, silencio con algunos pitos tras dos avisos y silencio.

Ángel Téllez de blanco y plata, vuelta tras fuerte petición y ovación tras leve petición de oreja.

Joselito Adame fue trasladado a un centro hospitalario para someterse a pruebas radiológicas tras rematar su segundo toro después de una voltereta escalofriante en el inicio de la faena. Quedó maltrecho y con medio cuero cabelludo a la vista, pudo ser mucho peor por la violencia con la que impactó su cuello con la arena.

Tremendo Fernando Sánchez con los palos, un tercero que puede ser de los que mejor ejecutan la suerte de banderillas en la actualidad. Ovacionado también por un quite salvador en el lío de la cogida de Joselito Adame.

Se guardó un minuto de silencio al acabar el paseíllo por el reciente fallecimiento del propietario del hierro actuante.

Yo quiero hacer bien las cosas y me esfuerzo en el intento. Estar en el sitio correcto, el comentario adecuado, la propuesta siempre a tiempo o la corrección acertada me obsesionan en mi oficio. El comportamiento impecable, la atención poco egoísta, la renuncia a lo superfluo, la entrega sin condición a un bien mayor que es lo perfecto para satisfacer al resto, me ofuscan en mi día a día. Dar siempre el paso oportuno, mostrar la actitud apropiada, siento que tienen origen en una predestinación que no está al alcance de todos. Una cosa es lo que quieres y otra lo que te salga. Vocación y voluntad, propósito y resultado, no van siempre de la mano y eso justifica el éxito, como justifica el fracaso. En torno de la medianía nos movemos los humanos y son pocos los que sintonizan su aptitud y su destino.

Los que metemos la pata a cada paso que damos no nos podemos comparar con los que andan flotando por este mundo inescrutable, como si fueran unos ángeles entre el resto intercalados. Hay gente que se le nota que tienen un don divino para desarrollar un mandato. Da igual que sea el cante, el toreo o el control del tráfico. Es la misma sensación para el porteo o el CEO. Para el cajero de banco, para el asesino siniestro. Es ese misterioso mix de algunos que nos rodean, que hacen como los ángeles desempeños de personas. Tienen ese don evidente con la tortilla de patatas, con el cuadro impresionista, con la raqueta en la mano, con un niño en su regazo, con bisturí de por medio o con un trozo de barro. Son híbridos que solo verlos notas que alguien les dio alas para sobrevolar más que el resto sobre las dificultades diarias. Hoy he visto uno de esos. En una plaza de toros, uno de esos elegidos, vi un ángel toreando.

Cara de torero caro. Blanco y plata de debut. Fajín de anchura inexplicable, y negro, entiendo, que por sensible adhesión al triste y cercano deceso. Quite a las primeras de cambio, para anunciar competencia, aunque el toro de Joselito no mostrara cualidades que exprimir entre puyazos. Pasos de toreo de veras. Temple en toda su actuación. Gestos de ser importante y transparente actitud. Llegó al inicio de faena con toda nuestra atención, después de serenar la lidia, de aguantarles el tirón a los toros de Arauz, que dificultan, por su origen, el toreo de capote.

Foto: Álvaro Lorenzo en la Feria de San Isidro. (EFE/Fernando Villar)
Feria de San Isidro | Heridos
Juan José Cercadillo

Todo lo hizo bien Ángel en ese noble tercer toro. Dio muestras de estar tocado por la gracia de los que elige Dios para su discreto ministerio. De ser uno de esos espíritus celestes que forman su noveno coro, y que junto con los principados y los arcángeles, la tercera jerarquía, actúan de mensajeros divinos en esta dolosa Tierra. En este caso elegido para mostrar lo que Él mismo haría en la cara de un buen toro. Pose, pausa, pase y paso se concatenaron en sublime ritmo y cadencia para elevar a los cielos la obra maestra del antes de un muletazo. Todo lo que hay que hacerle bien a un toro vino Ángel y se lo hizo. Si no reventaron las Ventas es porque el toro, permanente ángel caído, no le aplicó codicia a su lucha, ni fuerza suficiente para evitar su martirio.

Perfecto de cite y de sitio, de colocación y de entrega, de temple, de tempo, de toreo a la cadera, de remate por abajo y de reincidente escena, aunque fuera uno a uno, dados los tiempos del toro para tomar la muleta. Suave, lento y de verdad me pareció verle alas al final del trincherazo que dio a mitad de faena. Blanco y plata ese vestido pudo sugestionarme, pero me creo que no. Que vestido de bombero me hubiera sacado los oles. Que yo solo veía muleta, ritmo, cadencia y arte, vestido de lo que fuera.

Pinchó Ángel en metáfora de no poder matar a nadie y arruinó que celebráramos una anunciación torera, la de un nuevo profeta de categoría importante. Pensé que tanta clase, tanto detalle sublime, después de su hierro a espadas, quedaría de la cuenta del jefe de los arcángeles y le mandaría de sexto un toro con el que se exhibiera. Pero los caminos del Señor también son inescrutables.

También Dios a veces se rodea para acreditar sus señales de valientes soldados de los que hoy fue muestra un torero mexicano. Adame, como escudado en una protección divina, se puso sin precaución entre este mundo y cuatro toros. Dos que se devolvieron y dos que no daban mucho. La voltereta que le pegó el castaño que hizo cuarto solo tiene una explicación de no acabar en tragedia, su alistamiento en ese ejército protegido por el cielo. Tremenda superación para ponerse de pie y plantar cara al morlaco. Sin recogerle los frutos más allá de una ovación, dio dimensión de ser uno de esos soldados de la más alta graduación. Esperamos ya su vuelta y sus sinceras batallas.

Ángeles y soldados al alcance de una entrada en una tarde que el cielo quiso regalar a Las Ventas.

Plaza Monumental de Las Ventas, 17 de mayo de 2022.

Tauromaquia
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