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El mejor secreto del Hipódromo de la Zarzuela se llama Armando Olivas
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CUANDO LLEGÓ NO SABÍA MONTAR

El mejor secreto del Hipódromo de la Zarzuela se llama Armando Olivas

Migró en 2016 y consiguió regularizar su situación gracias a su sensibilidad por los caballos a los que cuida, como Lordofthehorizon, el ganador en 2021 del Gran Premio de Madrid

Foto: Armando Olivas, en primer plano, guía a un caballo. (Cedida)
Armando Olivas, en primer plano, guía a un caballo. (Cedida)

“Cuidar caballos no se me hace un trabajo porque en Nicaragua me dedicaba a la agricultura, recorría el campo con un machete. Me levantaba a las cuatro de la mañana y volvía a las cuatro y media de la tarde”. Armando Olivas salió de su país en 2016, cuando aún tenía 26 años. Llegó sin nociones, con la esperanza de un futuro menos esclavo. Seis años después trabaja en el Hipódromo de la Zarzuela y uno de los caballos a los que cuida con mimo, Lordofthehorizon, ganó el año pasado el Gran Premio de Madrid.

Olivas partió del pueblo donde vivía en el municipio Totogalpa para llegar a España, donde vivían su madre y un primo. “Cuando nació mi hijo, ellos me dijeron que me ayudarían a encontrar algo”. Aterrizó un miércoles y ese sábado ya tenía una entrevista para cuidar ovejas, aunque no terminaba de verse en aquella ocupación. Entonces, su primo, que trabajaba en el hipódromo de San Sebastián, le propuso a su jefa que le diera un empleo. “Yo no sabía ni lo que era”, recuerda. Su familiar le enseñó a trotar y su ilusión creció a medida que entendió aquel mundo.

placeholder Carrera de caballos en el Hipódromo de la Zarzuela en marzo de 2021. (EFE/Víctor Lerena)
Carrera de caballos en el Hipódromo de la Zarzuela en marzo de 2021. (EFE/Víctor Lerena)

Al principio le asustaban los caballos; no por el animal, sino por todos los cuidados que requerían. Allí aprendió las bases, pero el entrenador dejó de tener caballos y el nicaragüense de 32 años decidió buscar fortuna en Madrid. Se enfrentaba a la precariedad e inestabilidad de no tener papeles.

Lo resolvió tres años y medio después de su llegada: el preparador del Hipódromo de la Zarzuela, Patrik Olave, le ayudó a regularizar su situación. Los dos recuerdan con complicidad su recorrido juntos. Están sentados en la cafetería de la instalación, que se encuentra desierta de usuarios. Normalmente hay mucho revuelo, pero al atardecer es un lugar silencioso.

Es una hormiga. Alguien que ha venido a España sin nada y a base de trabajar y apoyado por su familia se introdujo en el mundo del caballo”, defiende el bilbaíno de 35 años sobre su compañero. Explica que, con sus raíces, no lo imagina trabajando en una oficina: “Este es un nicho que le ha abierto un futuro en un país que no es el suyo”.

Foto: Hipódromo de la Zarzuela.

Para el preparador, Olivas “es muy buen jinete del hipódromo”. Lo evidencia con resultados: ha montado día a día al caballo ganador de la importante carrera del Gran Premio de Madrid. “Es como si fuera la Champions League. Todos los profesionales tienen el sueño de participar en este evento en algún momento de su vida”. El nicaragüense no se podía creer ese éxito.

– ¿Cómo te sentiste?

– Me puse a llorar. Grité, salté y bajé corriendo a por él. Yo vivo las carreras intensamente. Me dijeron que venían participantes del extranjero que eran muy buenos pero yo tenía fe. Sabía que mi caballo iba a ganar.

Esta unión se crea porque en la cuadra, a los 25 caballos los cuidan unos seis jinetes que sacan, a cada uno de los animales, al menos una hora y media al día. Comienzan a las 6.45 de la mañana y suelen tener a los mismos caballos a cargo, como si fueran “sus niños”, cuenta Olave. “A los jóvenes no se les aprieta tanto, a los mayores se les exige más y Armando tiene una sensibilidad especial para saber cómo tratarlos, congenia mucho con ellos”.

placeholder Armando Olivas. (Cedida)
Armando Olivas. (Cedida)

Les ponen hasta motes. A Lordofthehorizon –que era un caballo que llegó de Inglaterra y ahora es del futbolista Jota Peleteiro– le llama cariñosamente negro. Hay otro al que le dicen gordo, porque es “dormilón y comilón”, a otro le bautizaron como Rocky Balboa y hay un Karate Kid. “Ahora mismo tenemos uno al que trato como un bebé”, explica el mozo. “Acababa de debutar hace 15 días y al parecer lo puso muy nervioso, había dejado de comer. Lo que hago es sacarlo al paso cada mañana o se lo corto y se lo mezclo con su comida. Hasta que yo llego no toca su plato”, cuenta.

Olave saca el teléfono y muestra unas fotos de Olivas tocando a un caballo, rodeados de hierba. “Se dio cuenta de que le pasaba algo y hoy se ha quedado comiendo verde, que también le viene bien”. Para él, lo que diferencia a un buen jinete de uno malo no es solo la postura, es esa sensación de entender cuándo está triste. Incide en que no es un oficio en el que se pulsa un botón y se apaga un ordenador. “Si un caballo está enfermo, hay que quedarse por la noche a cuidarlo. No todo el mundo sirve”.

Foto: Ejemplar participante en el Salón Internacional del Caballo (Sicab 2021). (Foto: EFE)

“Armando los vigila, los mira, es un poco también la filosofía de cuadra”. Sostiene que todos los entrenadores de caballos de carreras tienden a estar siempre “muy obsesivos-compulsivos”, al querer buscar si hay cosas que no van bien.“Él es un tío muy profesional, apto y válido, que dentro del hipódromo ha podido hacer su carrera profesional en Europa y regularizar su situación”.

El secreto está en los detalles. Un jinete que monta a diario entiende cuándo el animal está agobiado, asustado, nervioso o si la carga de trabajo le está afectando. Para Olave, se trata de una conexión, de fluir: “Al caballo no le puedes mentir, él no te miente a ti. Es algo que se transmite montando, cepillándolo y cuidándolo todos los días”. “Los caballos son como las personas. Solo les falta hablar”, añade el nicaragüense. Él se dedica a escucharles.

“Cuidar caballos no se me hace un trabajo porque en Nicaragua me dedicaba a la agricultura, recorría el campo con un machete. Me levantaba a las cuatro de la mañana y volvía a las cuatro y media de la tarde”. Armando Olivas salió de su país en 2016, cuando aún tenía 26 años. Llegó sin nociones, con la esperanza de un futuro menos esclavo. Seis años después trabaja en el Hipódromo de la Zarzuela y uno de los caballos a los que cuida con mimo, Lordofthehorizon, ganó el año pasado el Gran Premio de Madrid.

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