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Bruno Munari, el diseñador outsider que nos ayudó a pensar mejor
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Bruno Munari, el diseñador outsider que nos ayudó a pensar mejor

La Fundación Juan March redescubre a este artista italiano, al que aún ningún museo español había dedicado una exposición. Un trabajo que puede visitarse hasta el 22 de mayo en sus salas del barrio de Salamanca

Foto: Bruno Munari rodeado de varias de sus obras en 1967. (Ugo Mulas)
Bruno Munari rodeado de varias de sus obras en 1967. (Ugo Mulas)

Sumar. Esa es una de las máximas de Manuel Fontán del Junco, el Director de Exposiciones de la Fundación Juan March, en cuanto se le tira un poco de la lengua. Y con la muestra que presentan estos días —dedicada a uno de los personajes menos conocidos en España del diseño italiano— seguro que lo consiguen. El nombre que han puesto sobre la mesa es el de Bruno Munari, representante tangencial del arte milanés del siglo XX, reverenciado en Estados Unidos y Japón, donde se le calificó de “tesoro nacional viviente”.

Foto: Cartel de la exposición en CaixaForum.

Las obras que pueden verse en la sede de la calle Castelló se adentran en disciplinas como el juego, la literatura infantil, la publicidad o el diseño industrial. Mostrando una frescura radical, completamente actual y muy desprejuiciada. Donde también se aprecia la función pedagógica y el ser accesible. Unas obras pensadas y diseñadas, en muchos casos, para la infancia. Lo que no era habitual en su tiempo y sigue siendo vanguardia; puede verse en la última estancia del recorrido, donde se invita a niños y jóvenes a descubrir el laboratorio que creó el artista.

placeholder Sala de exposición de la muestra. (Fundación Juan March)
Sala de exposición de la muestra. (Fundación Juan March)

Ruptura suave

El libreto que se entrega al comienzo de la exposición se abre con la que es una verdadera declaración de intenciones: “Hay artistas que han tenido una influencia significativa en la cultura del siglo XX y sin embargo pocos los conocen”. A partir de este punto, Munari y su forma de entender el mundo se abren ante el espectador y el visitante. Con obras que derrochan ingenio e inventiva.

Munari, que fue consultor de Olivetti y Mondadori, práctica la levedad y la sencillez

Munari, que fue profesor, además de consultor de compañías como Olivetti o Mondadori, práctica la levedad y la sencillez. Una de sus frases define, por ejemplo, esto mismo: “Complicar es fácil, simplificar es difícil”. Y lo más complicado es eso mismo, plantear un viaje a su imaginario desde la simplicidad, sin caer en alambicados discursos o enrevesadas explicaciones. Son más de 300 obras, muchas de ellas de pequeño formato, defendiendo la idea que tenía de que el arte debía ser portátil, con las que Munari ejecuta una “ruptura suave de los tradicionales cánones modernos”, explica Fontán.

Intuición e ironía

“En una exposición de este tipo, plantear con simplicidad un recorrido expositivo complejo e interconectado constituye el primer desafío” según cuenta el propio Fontan. “La organización de las obras y los materiales de Munari en la muestra se ha hecho identificando las similitudes creativas entre diversas piezas de su obra y reorganizándolas para proporcionar una visión de su actividad basada en la conexión entre lenguajes”.

placeholder Una de las salas de la exposición. (Fundación Juan March)
Una de las salas de la exposición. (Fundación Juan March)

El paseo comienza con su relación de cercanía con el movimiento futurista, aquella segunda generación previa a la Segunda Guerra Mundial. Donde también le da una vuelta a los conceptos del surrealismo, siempre desde un acercamiento descentralizado e intuitivo. Aquí destacan piezas cinéticas, como las incluidas en su serie de ‘Máquinas inútiles’ de mediados de los años treinta.

Posteriormente serán significativas obras como ‘Negativo-positivo’, de los cincuenta, buscando superar lo planteado por Malevich, o ‘Silla para visitas brevísimas’, un asiento planteado de forma ingeniosa. Sus ‘Fósiles del 2000’, las ‘Esculturas de viaje’, los ‘Tenedores parlantes’ o los ‘Prelibros’, serán otros trabajos que permitan trazar el contorno de su figura.

Versátil y transversal

Ángel Calvo, en su acertada crítica para El Cultural, decía que “Munari mantuvo siempre el objetivo de enseñar a vivir mejor, a simplificar y a hacer entender la importancia de crear entornos versátiles, cuyas funciones no nacieran delimitadas”. Y es ahí, en ese genial intersticio, donde su arte cobra vida.

Una vida que atraviesa no solo lo artístico y a todos los personajes que van a su rebufo, sino que toca, sobre todo a partir de finales de los setenta, una audiencia amplia y transversal. Los profesores, sus alumnos y una delicada aproximación a la mayéutica -que pretende que aprendamos a partir de nuestros propios conocimientos-, serán sus compañeros de viaje en sus últimos años de vida, hasta su fallecimiento en 1998.

placeholder Escultura de Munari, 1958. (Fundación Juan March)
Escultura de Munari, 1958. (Fundación Juan March)

Marco Meneguzzo, comisario invitado de la exposición, vinculado a la Academia de Brera, y hombre que trató a Munari, comenta que el milanés nunca se desplazaba a presentar proyectos, si alguien quería verle debía acudir a su casa de Vittoria Colona, donde residía con su mujer, Vilma. Es necesario tomarse la molestia de acercarse a descubrir a este outsider del diseño, que entendía el arte como “algo colateral”, en palabras de Meneguzzo.

Munari era eso: “artista y algo más, diseñador y algo más, pedagogo y algo más, activista, agitador y algo más”. Siempre, sin embargo, sin poner el acento en ese más. Siempre desde un pensamiento y una crítica, feroz, pero sutil. Por eso mismo decía que la revolución debía hacerse sin que nadie lo notara. A fin que lo logró.

Sumar. Esa es una de las máximas de Manuel Fontán del Junco, el Director de Exposiciones de la Fundación Juan March, en cuanto se le tira un poco de la lengua. Y con la muestra que presentan estos días —dedicada a uno de los personajes menos conocidos en España del diseño italiano— seguro que lo consiguen. El nombre que han puesto sobre la mesa es el de Bruno Munari, representante tangencial del arte milanés del siglo XX, reverenciado en Estados Unidos y Japón, donde se le calificó de “tesoro nacional viviente”.

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