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'Tattoo': un accidentado recorrido por la historia del tatuaje hasta su glorioso presente
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EXPOSICIÓN

'Tattoo': un accidentado recorrido por la historia del tatuaje hasta su glorioso presente

La exposición, que acoge el Caixaforum hasta el 17 de abril, reúne más de 240 obras. A lo largo del mes de marzo se han programado varias conferencias ligadas a la muestra

Foto: Cartel de la exposición en CaixaForum.
Cartel de la exposición en CaixaForum.

“La piel es, ante todo, prueba de presencia humana”, escribió el sociólogo y antropólogo francés David Le Breton en un ensayo imprescindible, ‘El tatuaje’ (Casimiro, 2013). Un libro que de algún modo sobrevuela en una de esas exposiciones que aparentan mucho menos de lo que en realidad son. La muestra, 'Tattoo: Arte bajo la piel', aterrizó hace unos meses en el Caixaforum y puede verse hasta el 17 de abril en la sede cultural que la institución bancaria tiene en el paseo del Prado. Considerando que se inauguró en 2014 en París y que ha girado por medio mundo, no parece tarde para posar la mirada en ella.

Foto: 100 ideas para tatuajes: de los más originales a los más típicos (Fuente: iStock)

Detrás se encuentra la comisaria Anne Richard, editora de la revista 'Hey! Modern art & pop culture', más de cincuenta prestadores y una parte de la imponente colección del Musée du quai Branly-Jacques Chirac. La selección la conforman más de 240 obras, entre las que podemos encontrar fotografías, herramientas, dibujos, pinturas, máscaras o sellos. Además de prototipos hiperrealistas donde algunos de los tatuadores más renombrados del planeta han dejado sus diseños. Una de ellas es la madrileña Laura Juan, cuya obra reflexiona sobre el aislamiento social y la incertidumbre de la pandemia.

Un pasado de 5.000 años

El conjunto de obras artísticas y la disposición de todas es relevante porque ayuda a viajar en el tiempo cinco mil años. Pero no se detiene en una faceta histórica o antropológica, sino que también apuesta por adentrarse en cuestiones más complejas como son la religión, la colonización, la violencia o la visión del extrarradio, siempre incomprendida o juzgada de forma sesgada. Es por este motivo que Tattoo va mucho más allá del análisis artístico.

Lo primero que llama la atención son esas conexiones con el pasado. También el cuestionamiento cristiano y las desviaciones sociales que se plantean. “A menudo se cree que cuanto más retrocedemos en el tiempo, más extendida estaba la práctica del tatuaje”, escribe Luc Renaut en una parte inicial del catálogo. “En realidad, el tatuaje es más sensible a las estructuras sociales que al paso del tiempo. En las ciudades estado y en los reinos antiguos, las inscripciones en la piel se usaban exclusivamente con fines coercitivos”. Y concluye que para encontrarse el tatuaje como ornamento hay que salir “fuera de las zonas administradas”.

Foto: El cuerpo de Otzi cuenta con 61 tatuajes, algunos muy profundos en la piel. (EFE)

Es de este modo que la perspectiva global se amplía hasta espacios descentralizados, fuera del centro. Es el caso de la momia de Ötzi, un hombre cuyo cuerpo tatuado se conservó durante 4.500 años en el hielo de los Alpes tiroleses, donde se encontró en 1991; o de muchos de los restos aparecidos en pueblos celtas situados en Europa Occidental, como son Francia, Bélgica, Italia o una parte de Alemania.

Deshonra y sometimiento

La religión también es una parte determinante para que podamos entender porque en algunos lugares no se ha desarrollado y porque se fue asociando a lo marginal. El tatuaje fue símbolo de deshonra, sometimiento y pérdida de identidad, desempeñando una función discriminatoria. Hubo desde marcas a esclavos en la antigua Roma hasta a aquellos criminales de la China imperial. El tatuaje señalaba y servía de instrumento de control, de los cuerpos.

Marca de deshonra o signo de sometimiento, el tatuaje desempeñó durante siglos una función discriminadora

Marca de deshonra, signo de sometimiento o de pérdida de identidad, el tatuaje desempeñó durante siglos una función discriminadora. Desde las marcas de los esclavos en la antigua Roma hasta la estigmatización de los criminales en la China imperial, pasando por el Código Negro de Colbert en Francia, que castigaba a los esclavos acusados de robo o fuga, el tatuaje, instrumento de control de los cuerpos, señalaba de modo definitivo e inmediatamente reconocible al individuo peligroso.

En una parte del recorrido se nos insiste que el cristianismo proscribió el tatuaje. Quedó prohibido en el Levítico y en el Nuevo Testamento y luego fue vedado oficialmente en el año 787 por el Segundo Concilio de Nicea. Este tipo de cuestiones, cada vez menos silenciadas, también son una parte relevante del catálogo, donde se comenta que “bajo la presión colonialista y sus visiones evangelizadoras, Occidente quiso reprimir, cuando no erradicar, el tatuaje religioso e identitario que se practicaba en las lejanas tierras invadidas”.

Renacer en el siglo XIX

No será hasta finales del siglo XIX cuando todo comience a cambiar. A medida que se pasea por la exposición se puede contemplar la pluma eléctrica presentada por el inventor Thomas Edison en 1877, un claro antecedente de la máquina de tatuar que hoy día se utiliza; o un baúl para transportar las herramientas de tatuadores de principios del siglo XX. Son esos años en los que todo cambia. Las relaciones entre Estados Unidos y Japón se estrechan, sobre todo la de aquellos tatuadores que necesitan viajar y conocer el trabajo de grandes artistas orientales.

placeholder Hombre de las Islas Marquesas tatuado en el Siglo XIX.
Hombre de las Islas Marquesas tatuado en el Siglo XIX.

La exposición hace un recorrido pormenorizado por técnicas —es el caso de la hanebori, que se emplea para los degradados— o figuras que han marcado el devenir del tatuaje como fue el caso de Haruo Tamabayashi, un eminente especialista en representar guerreros, héroes legendarios, personajes femeninos, animales o figuras religiosas. En torno a 1891, Sutherland Macdonald, el llamado Miguel Angel del tatuaje, ya incluía en sus tarjetas de visita el término artista tatuador, lo que otorgaba un significado y una importancia muy diferente a lo que se venía viviendo los siglos anteriores.

Zonas de influencia

Otra de las secciones más relevantes e interesantes del conjunto que se puede ver en el espacio cultural del llamado triángulo del arte, frente al jardín botánico, es aquella que avanza hasta el presente y plantea las conexiones que el tatuaje ha establecido con sus lugares de origen. Es en ese momento cuando la inscripción sobre la piel regresa a Nueva Zelanda, Samoa, Polinesia, Filipinas o Tailandia para rescatar aquellos modos y diseños de antes. Reescribiendo y reformulando la historia que había sido silenciada y vedada.

Marcia Tucker, la fundadora del New Museum of Contemporary Art de Nueva York, comentaba a principios de los ochenta: “El tatuaje es reconocido de una vez por todos como una forma de expresión integrada en las bellas artes. Actualmente hay un deseo de trabajar más allá de los medios tradicionales, de dirigirse a un público no versado en las artes y de situar la propia obra en un contexto más amplio de lo que parecía posible hasta ahora”.

Nombres como los de Charlie Cart Wright, Jack Rubby, Freddy Negrete, Leo Zulueta, Alex Binnie, Xed Le Head o Yann Black, bajo su adscripción al fine line chicano, el irezumi japonés, la vena salvaje, la línea francesa o la vieja escuela americana han hecho que ahora el tatuaje se adscriba a un nuevo sentimiento. En palabras de Elisa Durán, directora general adjunta de la Fundación La Caixa: “El tatuaje es un fenómeno global y una realidad a la que los museos no habían prestado atención”. Un dato para concluir, se estima que al menos un 12% de los europeos están tatuados en algún lugar de su cuerpo. La piel como cartografía y el arte como rincón donde replantear la historia.

(Hasta finales de marzo, todos los miércoles, se podrá disfrutar de una conferencia impartida por un especialista del tatuaje. Adentrándose en muchas de las cuestiones y problemáticas que este arte ha planteado a lo largo de la historia. Por el auditorio de Caixaforum pasarán nombre como Mik Garreta o Cristina Vara y se podrá entender el proceso que ha consistido en salir de la condena y el miedo para adentrarse en las luces de la admiración).

“La piel es, ante todo, prueba de presencia humana”, escribió el sociólogo y antropólogo francés David Le Breton en un ensayo imprescindible, ‘El tatuaje’ (Casimiro, 2013). Un libro que de algún modo sobrevuela en una de esas exposiciones que aparentan mucho menos de lo que en realidad son. La muestra, 'Tattoo: Arte bajo la piel', aterrizó hace unos meses en el Caixaforum y puede verse hasta el 17 de abril en la sede cultural que la institución bancaria tiene en el paseo del Prado. Considerando que se inauguró en 2014 en París y que ha girado por medio mundo, no parece tarde para posar la mirada en ella.

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