Dónde come McCoy | La noche y el día: Amós llega al Villamagna y Urrechu en el Cielo
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Dónde come McCoy | La noche y el día: Amós llega al Villamagna y Urrechu en el Cielo

Arranco este artículo con lo que tendría que ser una novedad destacada: la apertura en Madrid de la sucursal del tres estrellas michelín cántabro El Cenador de Jesús Sánchez

Foto: Foto: Jesús Sánchez
Foto: Jesús Sánchez

Anda este servidor gastronómico de ustedes de capa caída, la verdad. Cogí una gastroenteritis de caballo a la vuelta de un viaje a Marruecos que me ha tenido alejado de las mesas una temporada, siendo esa la causa de que faltara a mi cita de la semana pasada, gajes del oficio. Mis más sinceras disculpas. Pero, peor aún, me está costando encontrar restaurantes redondos de los que salga diciendo ‘guau’, de los que me apetezca escribir de verdad. Hasta que llegue ese mirlo blanco me tendré que contentar con hacerles partícipes de parte de mi ruta culinaria semanal, por si les resulta de utilidad, que espero que sí.

Vayamos con ello

Arranco con lo que tendría que ser una novedad destacada: la apertura en Madrid de la sucursal del tres estrellas michelín cántabro El Cenador de Amós en el espacio del Hotel Villamagna que durante años, muchos, ocupó Tse-Yang. Antes de entrar en los detalles debo entonar un ‘mea culpa’: fue una comida precipitada que la jefa de sala resolvió proponiéndonos un ‘menú de cuchara’ que, ni mucho menos, refleja el potencial de la cocina de Jesús y que, además, estaba mal construido, como verán a continuación. Aún así, como resumen ejecutivo: buena comida y servicio de salir corriendo en un entorno demasiado impersonal para mi gusto.

Menudo tiquismiquis, McCoy. Pues puede que sí. Pero si un menú tiene dos platos principales y el primero es ‘crema de espinacas con brandada de bacalao’ y el segundo ‘garbanzos con espinacas, callos de bacalao y su lomo confitado’, o en el mercado solo había espinacas y bacalao ese día -vaya por Dios-, o el autor de la idea es costalero amante de la Cuaresma y lo refleja de este modo, o, simplemente no le da, que también puede ser. Ambos estaban superiores, pero es de un absurdo tal y se corresponde tan poco con lo que pretende ser un aterrizaje estrella en la capital, que hay que decirlo. Mejor por cierto estas viandas principales que unos entrantes más pretenciosos que efectivos -pobre de sabor el paté de pichón con tierra de remolacha y anodinas las aceitunas crujientes con mayonesa de mostaza-, o el postre ‘risky bet’ -tarta de higos-. Menos mal que encontramos buen consuelo en un Dominio de Atauta 2017, rico, rico y con fundamento.

Como decía antes, mención aparte merece el servicio, lejos de cualquier comedor de referencia que se precie. Mucho personal deambulando por la sala como pollo sin cabeza, para el que cualquier solicitud del cliente parecía entrar en una lista imaginaria de cosas pendientes perdiéndose definitivamente en ella. No sé las veces que tuvimos que pedir pan, las que dijimos que no retiraran las copas en vez de rellenarlas, las que insistimos para que trajeran la cuenta, las que… Una extraña sensación de caos lo rodeaba todo con múltiples conversaciones entre camareros y maestresala para tratar de ver por dónde les venía el aire. En fin, un desastre.

Les voy a hacer un vaticinio. O mucho cambia cocina y sala o la aventura madrileña de El Cenador está abocada al fracaso más absoluto. Ya se pueden poner las pilas porque la minuta es generosa y las alternativas infinitas a ese precio. Avisados quedan.

Si Amós es la noche cerrada, el nuevo comedor de la planta de arriba del Cielo de Urrechu es luz intensa. No había vuelto por sus predios desde la reapertura del local allá por el mes de mayo y lo que me he encontrado es una reforma que convierte su terraza en un ambiente excepcional para comer o cenar. Pena que el carecer de ese acceso directo a la calle del que disfruta su hermano mayor del Zoco de Pozuelo haga que está algo fuera de circuito, pero la visita merece la pena. Sé que tiene sus detractores, que ponen las más de las veces el foco en el precio, pero personalmente prefiero a igual comida pagar más por un entorno diferencial. Serán cosas de la edad, que más da.

Vamos con el orden inverso al de Amós

Lo mejor que tiene Urrechu, a años luz de muchos restaurantes en Madrid, es el servicio. Liderado por Jesús, Óscar o Mario, entre otros, el trato al comensal en mesa por parte del conjunto del personal es excelente, tanto en lo que funciona como en la solución de lo que no. En los años que llevo frecuentándolo poca queja puedo elevar.

Además, la comida tenía (y aún tiene) algunos altibajos que se han ido corrigiendo con el paso del tiempo. He vivido, por ejemplo, malas experiencias con el risotto, que no lo acaban de rematar. Sin embargo, si se sabe elegir, se puede disfrutar de buena materia prima, bien ejecutada -su cogote de merluza fuera de carta, por ejemplo, es de peregrinación- acompañada de una oferta de vinos que se sale poco de los clásicos de ayer y hoy, pero que resulta extraordinariamente efectiva.

En nuestra última visita, todo ex menú, un clásico que bordan como es el parmentier de patata con setas de temporada y huevo escalfado; el t-bone, único por tamaño, presentación, punto y sabor; y un steak tartar con tuétano que, bueno, está bien que esté de moda sacar los huesos de la vaca a pasear, pero que tampoco aporta mucho a la historia de la cocina. Sopa de cítricos con helado para terminar, un postre que personalmente, me gusta.

El Cielo de Urrechu es restaurante para tener de fondo de armario ante compromisos y celebraciones. Las posibilidades de fallar son las menos. Y la capacidad de ser sorprendidos positivamente altas.

O sea que, ya saben.

La semana que viene más y, seguro, mejor. Y siempre en Instagram (@_albertoartero).

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