Un bus para salir de la Cañada: "Sin esto no habría podido seguir estudiando"
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ANTES TENÍAN QUE ANDAR 6 KILÓMETROS

Un bus para salir de la Cañada: "Sin esto no habría podido seguir estudiando"

Durante años, los jóvenes de la Cañada Real tenían muy difícil seguir sus estudios una vez acabada la etapa obligatoria por la falta de transporte. Ahora, un autobús ha ampliado sus horizontes

placeholder Foto: Un chico juega en el patio de la asociación El Fanal, en la Cañada Real. (A.M.V.)
Un chico juega en el patio de la asociación El Fanal, en la Cañada Real. (A.M.V.)

Chaima quiere ser administrativa. Lamia, grabadora de datos. Ilias, mecánico y Amira graduada en imagen para el diagnóstico médico. Todos vuelven de clase en el mismo bus y a pesar de los diferentes futuros que imaginan, ninguno sería posible sin el transporte que hoy comparten.

Hasta hace unos meses, la única opción que tenían de seguir estudiando era caminar tres kilómetros de ida y tres de vuelta a la estación de Metro de Valdecarros, la más cercana a la zona de la Cañada Real, donde viven junto a otros compañeros de autobús. El camino, campo a través, desde el asentamiento ilegal más grande de España era difícil no solo por su distancia: tenían que atravesar un puente donde los drogadictos aprovechan para colocarse. O bien, esquivarlos por arriba atravesando las vías de un tren.

placeholder Un estudiante bajando del bus 'lanzadera' que comunica con la Cañada Real. (A.M.V.)
Un estudiante bajando del bus 'lanzadera' que comunica con la Cañada Real. (A.M.V.)

"Y cuando llovía se llenaba todo de barro. Nos poníamos bolsas en los zapatos y al llegar al metro nos cambiábamos para ir limpios a clase", cuenta Mohamed, de 17 años. "Algunos iban en pantalones cortos, aunque hiciese frío, hasta que llegaban a la estación", añade su amigo y tocayo. "Otras veces directamente nos teníamos que volver a mitad de camino porque no podíamos pasar".

"Muchos lo acabaron dejando. No solo por la caminata, también porque es peligroso, y si te hacen algo, no hay nadie por mucho que grites… Sin el bus directamente no habría podido estudiar", cuenta Amira, de 19 años, que desde el pasado mes de septiembre puede coger este bus que le deja en el metro en Sierra de Guadalupe y de ahí va hasta Pozuelo de Alarcón. Otros van a la Complutense, a Pozo del tío Raimundo o a Ciempozuelos.

placeholder Cerca de 60 estudiantes usan el bus para poder continuar sus estudios superiores. (A.M.V.)
Cerca de 60 estudiantes usan el bus para poder continuar sus estudios superiores. (A.M.V.)

Durante cuatro años, los jóvenes de la Cañada Real han estado reclamando una ruta escolar que les permitiese poder seguir estudiando superada la enseñanza obligatoria. Pedían que el aislamiento físico que sufre la zona, sin ningún tipo de transporte público, no se tradujese también en un aislamiento social. El pasado mes de septiembre lo consiguieron con el apoyo de la asociación El Fanal, que interviene en la zona, y la financiación de la Fundación Mutua Madrileña, que les cede este bus lanzadera con dos turnos diarios. La consejería de vivienda y administración local fue la que facilitó la firma del convenio a través del comisionado para la Cañada Real.

"Surgió de ellos mismos. Nos decían que querían seguir estudiando, pero no podían porque estaba lejos y a muchos, sobre todo a las mujeres, no las dejaban ir solas", explica Rocío Díaz, coordinadora de El Fanal. "Les planteamos que fuesen ellos quienes reivindicasen esa necesidad. Al principio nos decían: 'para qué, si nadie nos hace caso', pero han visto que sí, y eso les ha dado autoestima".

placeholder Centro de la asociación El Fanal, donde dan clases de refuerzo. (A.M.V.)
Centro de la asociación El Fanal, donde dan clases de refuerzo. (A.M.V.)

Aparecieron en periódicos, organizaron carreras solidarias y consiguieron que se hablase de la Cañada Real más allá de droga y reyertas. Y aunque los que iniciaron la reivindicación no son los que la están disfrutando ahora, para todos los jóvenes de la Cañada el futuro es ahora más ancho: "La tasa de abandono escolar era muy alta y el que seguía estudiando siempre era mecánica, porque era lo que tenían cerca andando. Ahora pueden plantearse cualquier profesión, porque pueden llegar a cualquier parte, y plantearse un proyecto de vida", añade Díaz.

"Ahora pueden plantearse cualquier profesión, porque pueden llegar a cualquier parte"

Las rutas de los colegios e institutos solo cubren a estudiantes de enseñanza obligatoria. Ni siquiera los de bachiller podían seguir con tanta facilidad, como el resto de alumnos madrileños, las clases, porque solo podían subir si quedaban plazas libres. Por supuesto, nada de extraescolares ni clases de refuerzo.

A veces, la marginalidad llegaba incluso a las etapas obligatorias. "Este año empecé primero de la ESO y el primer trimestre tuve 49 faltas porque la ruta del instituto llega después de la primera clase. Primero va a buscar a otro grupo y cuando los dejan, vienen a por los de la Cañada. Los profesores lo saben y no ponen partes, pero he suspendido muchos exámenes que eran a primera hora, hasta que un día mi hermano habló con la asociación y ahora me dejan ir en su bus", dice Yousra, quien por el momento, se imagina un futuro pintando.

placeholder Varios chicos jugando en la Cañada Real. (A.M.V.)
Varios chicos jugando en la Cañada Real. (A.M.V.)

En total, son casi 60 los estudiantes que cuentan con el carné necesario para poder subirse, aunque los organizadores creen que el curso que viene habrá muchas más peticiones. "Muchos se han enterado con el curso empezado, y ni se planteaban seguir estudiando hasta que han visto que sí pueden", añade Díaz.

La Empresa Municipal de Transportes siempre se ha negado a poner ninguna línea que conecte la zona con el resto de la red, alegando que era un área conflictiva. Sí lo hizo en 2017​ en otra de las zonas del asentamiento, que se extiende a lo largo de 15 kilómetros y donde viven más de 8.000 personas —2.500 de ellos, menores—, según el censo de 2017.

Sin luz desde hace un año

El bus ha tenido otro beneficio inesperado. Sin luz desde hace casi un año, ha sido su única opción para poder seguir las clases en un curso donde el covid ha obligado a alternar la presencialidad con las clases en remoto. "Cuando no tenemos que ir a clase podemos ir a una biblioteca a estudiar. Otras veces nos vamos hasta el centro comercial de la Gavia a conectarnos al wifi para poder seguir las clases", cuenta Mohamed desde la última fila del bus.

"Nos vamos hasta el centro comercial de la Gavia a conectarnos al wifi para poder seguir las clases"

Ya en la Cañada, todos se dispersan a sus casas. Isma, de 20 años, mata el tiempo en la esquina que hace de parada, aunque hoy no ha necesitado el bus porque no tenía clase. "Este curso ha sido muy difícil sin luz… He pasado de suspender solo una el año pasado a aprobar solo una. Es que era imposible estudiar, se me congelaban las manos. He pensado muchas veces en dejarlo", cuenta mientras da cuenta de una naranja. "No quiero fotos, en clase nadie sabe que vivo aquí, no quiero que piensen que soy drogadicto", añade este estudiante de mecánica. Esta zona está ocupada mayoritariamente por familias de origen marroquí, que vinieron a España buscando un futuro mejor y acabaron en la Cañada.

placeholder Clase de la asociación El Fanal. (A.M.V.)
Clase de la asociación El Fanal. (A.M.V.)

"Es curioso porque sus padres, la anterior generación, daban nombres falsos. Ahora muchos dicen que viven en Vallecas, a veces incluso piden a sus amigos que les dejen ahí y vienen andando", cuenta Díaz. "Es una pescadilla que se muerde la cola: si no damos oportunidad a los chavales de estas familias, van a seguir repitiendo los mismos roles sociales: quedarse en casa, o tener un trabajo precario. Y es más caro dar ayudas sociales que ponerles un bus para que progresen y no tengan que pedirlas".

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