Un 4-M sin control: la sobreactuación con las amenazas revienta la campaña
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OTRA CARTA DIRIGIDA A AYUSO

Un 4-M sin control: la sobreactuación con las amenazas revienta la campaña

La nueva amenaza con balas dirigida a Ayuso termina de hacer saltar por los aires una campaña que ya estaba embarrada y que se hace eterna para los candidatos

placeholder Foto: Varios de los candidatos al 4-M en el debate de Telemadrid. (EFE)
Varios de los candidatos al 4-M en el debate de Telemadrid. (EFE)

A seis días de las elecciones autonómicas en Madrid, la campaña ha terminado de saltar por los aires con una nueva amenaza, en esta ocasión dirigida a Isabel Díaz Ayuso. La carta con balas fue interceptada por los Mossos d’Esquadra en la provincia de Barcelona. El envío se suma a los conocidos en días anteriores que afectaban a Pablo Iglesias, al ministro del Interior, a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, y a la titular de Industria, Reyes Maroto (en su caso, el autor ya ha sido identificado y lo que mandó no fueron balas, sino una navaja presuntamente ensangrentada). De cualquier manera, la entrada de Ayuso en el indeseable club de los amenazados supone un nuevo giro en una campaña que ya estaba embarrada y que para los candidatos empieza a ser eterna.

Sigue la tensión en la campaña de las autonómicas madrileñas

La condena por parte de los dirigentes de la izquierda madrileña no se hizo esperar al conocer la noticia, adelantada por este diario. A Mónica García (Más Madrid) se unió rápidamente Ángel Gabilondo (PSOE) y, a continuación, llegó la reacción de Iglesias, asegurando que “frente a la violencia no hay peros, ni excusas”. Incluso Pedro Sánchez fue contundente en un mensaje volcado en sus redes sociales: “Nuestra condena sin paliativos y la mayor repulsa contra estos actos”. Ninguno de los líderes incluyó en sus valoraciones el “peligro de la ultraderecha” al que asociaron las anteriores amenazas, ni tampoco insistieron en el cordón sanitario a Vox.

La posición de Ayuso, por su parte, fue exactamente la misma que venía defendiendo estos días cuando, a pesar de condenar las amenazas de sus rivales, sugirió que la izquierda contribuía a un “circo” con sus posiciones y alentaba “un efecto llamada” que podía provocar actuaciones similares. La presidenta regional intervino en distintas entrevistas anoche en las que aseguró que “daba la importancia que merece” a lo sucedido, que a su juicio es “ninguna”. Afirmó que algunas personas “buscan su minuto de gloria” y reiteró su confianza en la sociedad española y en que “España y Madrid son lugares seguros”.

Foto: Los mossos blindan la estación de francia ante la visita del rey y sánchez

Como hizo a lo largo del martes, igual que otros dirigentes populares, volvió a poner de ejemplo el puñetazo que Mariano Rajoy recibió en Pontevedra durante la campaña electoral de 2015, recordando que el entonces presidente del Gobierno “pidió serenidad” en vez de avivar la polémica y el miedo. En el PP, llevan días criticando una cierta “sobreactuación” de la izquierda, negándose a asumir que estos sucesos protagonizaran el resto de la campaña. Más todavía con el marco generado por estos partidos, que introdujeron el mensaje del “peligro que corre la democracia”, relacionando las balas con la ultraderecha y, en concreto, con Vox. “Esto no va de libertad, sino de democracia o fascismo”, añadían.

El propio Gabilondo aseguró al conocer el envío dirigido a Reyes Maroto el lunes que “no se podía ni se debía gobernar con Vox”, en línea con lo que ya había manifestado el líder de Unidas Podemos y que después apuntaló el Gobierno a través de su portavoz, María Jesús Montero. Fuentes del entorno de la presidenta autonómica consideran que su actitud frente a la amenaza que le incumbe “desmonta por completo la estrategia” de la izquierda.

Foto: El candidato de UP, Pablo Iglesias. (EFE)

En el caso de Vox, Rocío Monasterio salió al paso “condenando todas las amenazas” en referencia a Ayuso, pero poniendo el foco una vez más en que esperaba “que la izquierda condene” las agresiones que sufren en su formación. El líder del partido ultra, Santiago Abascal, llegó a llamar “llorón” y “cobarde” a Iglesias el pasado fin de semana después de que el líder de Podemos avisara de las amenazas que había sufrido.

Antes incluso de conocerse la investigación de los Mossos, fuentes del entorno de la presidenta regional insistían a este diario en que Ayuso había salido indemne de la ofensiva de la izquierda, con un giro estratégico encaminado a movilizar el bloque y sustentado, en parte, en los ataques sufridos. En el PP no solo no aprecian movimientos demoscópicos reseñables, sino que aseguran que los sondeos internos (igual que las encuestas más recientes como la de hoy de GAD3) apuntan a que la candidata popular sale igual de fortalecida en la última semana. En la Puerta del Sol no descartan que pueda rozar la mayoría absoluta el 4 de mayo.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)


Seis días de amenazas en cadena

Todo comenzó hace solo seis días. Fernando Grande-Marlaska, el líder de Unidas Podemos y la directora general de la Guardia Civil recibieron tres cartas que contenían balas sin percutir y se acompañaban de mensajes amenazantes. El enfrentamiento abierto vivido en el debate organizado por la Cadena SER, con la candidata de Vox dudando de la credibilidad del Ejecutivo y el líder de la formación morada abandonando el foro, echó más leña a un fuego que comenzaba a prender.

Durante los actos de campaña de los días posteriores, el mensaje desde las formaciones de izquierda giró en torno a las balas. Por la parte socialista, Gabilondo aprovechó el momento aupando al ministro del Interior e incluso a Gámez al papel central de los mítines. La directora del Instituto Armado lanzó en uno de ellos: "Ángel, presidente, necesitamos palabras y no balas. Necesitamos tu palabra y tu ejemplo, presidente".

Foto: La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. (EFE)

Sin embargo, el punto álgido aún estaba por llegar. Mientras arreciaban las críticas por la laxitud de los controles que propiciaron que las misivas con munición no fueran detectadas a tiempo, una nueva carta —al parecer, desvinculada de las anteriores— subiría la tensión un punto más. La ministra de Industria recibió una navaja con manchas rojas simulando sangre. El autor del envío fue localizado en horas, ya que esta nueva misiva se envió con remitente desde una vivienda de El Escorial. Tras su declaración ante la Policía y la Guardia Civil, sus abogados destacaron que el hombre lleva décadas enviando cartas de este tipo fruto de un trastorno a varios políticos, sedes oficiales y militares.

Los candidatos de izquierda han asumido en estos días que la violencia que se desprende de las misivas viene alimentada por un discurso de ultraderecha, fascista y que empuja al odio a los representantes de partidos progresistas. Iglesias llegó este martes a recriminar al Rey su silencio ante la violencia fascista. En este contexto, la aparición de una cuarta carta, la dirigida a Ayuso, no cuadra en el estereotipo de enemiga de la derecha más radical. Algo parecido sucede entre quienes, en el otro extremo, dudaron de la veracidad de los primeros envíos.

Después de que este diario adelantara que los Mossos habían detectado el envío dirigido a la líder del PP en Madrid, Moncloa informó en un mensaje de que, además de esta, los sistemas de seguridad de Correos en el Centro de Tratamiento Automatizado (CTA) de Vallecas habían detectado también otra remitida a la Dirección General de la Guardia Civil y que contendría cuatro proyectiles, y trasladó su solidaridad “tanto a la presidenta de Madrid como a la directora general de la Guardia Civil”.

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