Del coronavirus a Matanzo

El asesinato de la noche madrileña (y sus imprevisibles consecuencias)

El covid arrasa la vida nocturna en Madrid, aunque los sobresaltos vienen de lejos

Foto: Chico y chica en la barra de un bar en Madrid. (Carmen Castellón)
Chico y chica en la barra de un bar en Madrid. (Carmen Castellón)
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"Los atascos a las tres de la madrugada un sábado hacían a Madrid especial". "Seña de identidad". Lo dijo Isabel Díaz Ayuso durante la campaña electoral, y media España se rio, pero quien ríe el último, ríe mejor: el tono evocador de Ayuso ha resultado ser una iluminación profética. En efecto, a estas alturas de 2020, no es que se echen de menos los atascos, es que ni siquiera hay bares y personas en las madrugadas madrileñas.

Caminar por Madrid a medianoche se empieza a parecer a hacerlo por una capital de provincia mediana antes del covid. La decadencia de la vida nocturna —que empieza a pintar más estructural que coyuntural— tiene muchas consecuencias. Algunas tan claras y graves como las económicas (el sector del ocio nocturno habla de 10.000 millones en pérdidas en toda España y un 80% de los negocios cerrados para 2021). Otras más difíciles de explicar, pero también inquietantes: una nueva generación huérfana de socialización nocturna.

La CAM acusa al Gobierno de hundir Madrid con el estado de alarma pero, respecto a la noche, no hay grandes diferencias entre ambos: el plan Ayuso de septiembre obligó a cerrar bares y restaurantes a las 23:00 en 37 zonas de la CAM y el plan Illa de octubre impuso el mismo horario de cierre nocturno a la ciudad de Madrid. A mitad de agosto, cuando el covid volvió a resurgir, Madrid ya dispuso que terrazas, bares y restaurantes bajaran verja a la 01:30 y las discotecas permanecen cerradas desde entonces.

Vida nocturna en la calle. (Carmen Castellón)
Vida nocturna en la calle. (Carmen Castellón)

En resumen, con Illa o con Ayuso, la cosa pinta mal este curso para la noche madrileña, que además viene de tres meses de cierre total. Podría ser incluso peor: Barcelona acaba de cerrar bares y restaurantes 15 días. Con datos de infectados más bajos, Macron ha declarado un mes de toque de queda de 9 de la noche a 6 de la madrugada en París y otras siete ciudades francesas. Si esto sigue así, las grandes urbes europeas podrían tener el menor nivel de vida nocturna en... ¿un siglo? ¿Volvemos a unos hábitos de ocio parecidos a los de los años cincuenta? Dicho así suena gordo, a escenario de consecuencias sociológicas imprevisibles.

Más allá de lo que nos parezcan las medidas contra el covid, lo que vivimos estos días podría ser la muerte de la noche madrileña para una generación.

La bronca entre la CAM y el Gobierno por la ruina nocturna, centrada en rascar una hora más o menos a las restricciones, resulta curiosa puesta en contexto histórico, pues Madrid era antes del covid una de las comunidades autónomas más rácanas con los horarios nocturnos. De domingo a jueves: 2:00 horas (bares), 3:00 (pubs) y 5:30 (discotecas). Fines de semana: 2:30, 3:30 y 6:00.

Según datos recopilados por 'ABC' en 2019, los bares, pubs y discotecas de 13 comunidades autónomas cierran más tarde que los de Madrid, con Asturias y Valencia a la cabeza. Los pubs asturianos cierran dos horas más tarde que los madrileños los fines de semana, y las discotecas una hora y media.

A grandes rasgos, los locales asturianos tenían antes del covid unos horarios como los de Madrid a finales de los ochenta/principios de los noventa, cuando todavía era posible estar de bares por Madrid hasta el día siguiente sin pasar por un after.

El pistolero

El covid ha atestado el golpe definitivo a la noche madrileña, pero las pequeñas malas noticias se acumulan desde 1989.

En concreto, desde que llegó Matanzo y mandó parar.

En efecto, hubo un tiempo (1989-1993) en el que el virus de los bares de Madrid no se llamaba covid, sino Ángel Matanzo España. El pistolero había llegado a la ciudad...

Cartel electoral de Ángel Matanzo.
Cartel electoral de Ángel Matanzo.

Concejal del distrito Centro de estilo bronco, Matanzo acabó con los restos del jolgorio 'tiernogalvanista' a golpe de multas, redadas y clausuras de locales. Conocido como "el sheriff" del centro de Madrid, Matanzo dejó grandes joyas retóricas: "En esta ciudad hay demasiados barrios chinos. Tienen que desaparecer algunos".

Pero su pose de Harry el Sucio no era solo de boquilla. Matanzo no era un burócrata chupatintas; presumía de tener armas y encabezó redadas policiales contra el ocio nocturno. Matanzo activó una guerra permanente contra vendedores ambulantes, camellos y yonquis de poca monta, prostitutas de andar por casa, porreros y bebedores impenitentes, cuando el distrito Centro conservaba parte de su aura canalla. El concejal cerró, entre otros, el bar Elígeme, por donde paraba Joaquín Sabina, y el teatro Alfil, por un motivo heterodoxo: el concejal se enfadó porque estaba siendo satirizado en una obra teatral (no es broma, fue exactamente así y generó un pollo interno colosal en el consistorio de José María Álvarez del Manzano). Ángel Matanzo España, patrullando la noche cañí como elefante en cacharrería.

Habla Mauro Entrialgo, referente del cómic español y observador avezado de la noche madrileña, sus gentes y sus bares: "De Matanzo recuerdo cómo expulsó a hostias a los artesanos de la plaza Santa Ana para ampliar las terrazas de los garitos. De alguno de los cuales, luego se descubrió que él mismo era socio. También recuerdo como el PP insistía mucho en que era una persona moderada y que la fama de filofascista radical le venía por una campaña de desprestigio de la izquierda. Después, cuando dejó el ayuntamiento, se afilió al partido de ultraderecha de Ynestrillas, Alianza por la Unidad Nacional y encabezó su candidatura. También recuerdo todos los acosos a los locales de ocio nocturno. Tenía especial tirria a aquellos cuyos propietarios se hubieran significado públicamente. Por ejemplo, al café del Mercado, propiedad de Wyoming y otros socios".

Al margen de cierres concretos, y de que sus sucesores en el distrito Centro fueron hermanitas de la caridad a su lado, el legado de Matanzo fue cambiar el paradigma cultural: abrió la veda contra el desfase en la noche madrileña, que en los ochenta se había utilizado incluso como reclamo turístico internacional (el imán de la Movida). El ayuntamiento comenzó a apretar las clavijas al ocio nocturno, con mayores requisitos para programar conciertos, horarios de cierre a la baja y laberintos burocráticos insondables, como recuerda Marcela San Martín, responsable (1995-2018) de la histórica Sala El Sol, que tardó "veinte años" en conseguir la licencia de actividad definitiva, pese a programar varios conciertos a la semana.

Estos meses de cierre pueden provocar que las salas de conciertos pierdan al público joven

Además de recordar con estupor la era Matanzo, San Martín señala otros momentos noventeros críticos para la noche madrileña, como el cambio de nomenclatura de los locales, cuando muchos garitos que abrían hasta las 06:00 gracias a licencias variopintas de actividad (por ejemplo, la de tablaos flamencos) pasaron a ser considerados pubs y fueron obligados a cerrar a las 02:30. San Martín vio ahí movimientos sociales de fondo: "Querían sacar el ocio nocturno del centro, desviarlo a polígonos periféricos y otras zonas de la ciudad, despejar el centro para los turistas. Fue un avance de la gentrificación posterior".

"Las corruptelas en el ayuntamiento en esa época y posteriores con el asunto de las licencias de locales eran escandalosas. Una muy habitual era exigir a los bares una reforma de la insonorización. Si la hacías con la empresa que ellos te recomendaban (que era mucho más cara que las normales), te venían a medir los decibelios al poco tiempo y ya podías abrir. Si la hacías con cualquier otra, jamás venían los empleados a medir los decibelios y te hundían el negocio. Por supuesto, el de la empresa de insonorización era familiar de uno del ayuntamiento", cuenta Entrialgo.

Hubo un tiempo en el que en Madrid había bares con conciertos hasta las tantas; ahora es ciencia ficción. A caballo entre los ochenta y los noventa, el Agapo estuvo seis años celebrando bolos y cerrando a las 6:00 a diario. Era el clásico local malasañero, oscuro y con música en directo, un 'antro' para grupos que empezaban, pero con suficiente pedigrí rockero como para que tocaran también Los Enemigos (favoritos de la casa), Manu Chao, Los Ronaldos, Burning o Joe Strummer (The Clash). Los bolos del Agapo fueron otra de las víctimas del matanzismo.

Con la llegada del siglo XXI, la música en directo comenzó a limitarse a las salas de conciertos, que sufren ahora una crisis aguda. "Estos meses de cierre pueden provocar que las salas pierdan al público joven. Es la pérdida del tejido cultural independiente. No es solo música. Los conciertos son lugares de socialización, agitación y aprendizaje", zanja San Martín.

A principios de los noventa, salía todo el mundo todo el rato

El toque de queda nocturno francés se podrá saltar enseñando una entrada de cine o teatro. En España, por su parte, el ministerio de Cultura da señales de parálisis total ante el covid. "Cultura no está haciendo casi nada para apoyar la cultura segura", opina San Martín, que pone sus esperanzas en el experimento de la sala Apolo de Barcelona, que prepara un concierto piloto con test rápidos de antígenos y sin distanciamiento, estudio científico auspiciado por el hospital de Can Ruti.

Otro ejemplo típico de que la noche madrileña cambió con el cambio de siglo: el Iberia (glorieta de San Bernardo), popularmente conocido como "el bar de los taxistas", dejó de abrir 24 horas al día, como hacía desde 1978. El Iberia se convirtió en un popular experimento castizo interclasista: las madrugadas se juntaban allí taxistas que empezaban su jornada con jóvenes que, ejem, acababan la suya. El 'after' cañí definitivo. Desde el 2000, ningún bar pudo cerrar más tarde de las 03:00 y la alcaldía de Alberto Ruiz Gallardón realizaría alguna rebaja más con los horarios. Tendencia a la baja que tampoco revirtió Carmena.

La noche es para ganar dinero; si no, se está muy a gusto en la cama en casa

La noche madrileña, en definitiva, ya se parecía poco a la de hace dos décadas antes del covid. Mauro Entrialgo, autor de decenas de viñetas sobre el costumbrismo nocturno, resume algunas de las diferencias entre épocas:

1) "Por decir una: los porteros. Cuando llegué a [Madrid] mediados de los 80, cualquier baretillo nocturno tenía portero que seleccionaba al público. Eso poco a poco fue cambiando, cada vez era más fácil entrar y al final han acabado teniendo, en vez de porteros, gente que te regala hasta chupitos si entras".

2) "Y luego, la más evidente: los horarios y la gente. Salía todo el mundo todo el rato. A primeros de los 90 había atascos en Fuencarral a las cuatro de la mañana. Y a las cinco de la mañana de viernes y sábados era imposible coger un taxi".

Break dance nocturno. (Carmen Castellón)
Break dance nocturno. (Carmen Castellón)

Adiós a la noche

El taxista Jesús L. llevaba haciendo el turno de noche en Madrid desde 1985. Pues bien: se acabó. Lo resume así:

"A partir de las 12 ya solo hay cuatro monos y los del botellón".

"Después de 35 años, merezco descansar de la noche".

"La noche es para ganar dinero; si no, se está muy a gusto en la cama en casa".

El 'after' de Scorsese

Que 2020 es el año negro de la vida nocturna en España es algo fuera de discusión, pero hay más. La noche es algo más que el ocio nocturno. Por las noches pasan muchas cosas en las ciudades, como saben los dueños de Carrefour, que en enero de 2016 decidieron abrir 24 horas al día el súper de la Plaza de Lavapiés. Ante el escepticismo general: ¿quién demonios iba a ir a comprar al Carrefour un martes de madrugada?

La respuesta se supo enseguida: mucha gente. Este periódico cubrió una de las primeras noches del Carrefour de Lavapiés. Extractos:

01:20: Se forma algo de cola para pagar. En ella espera Artem, un joven de San Petersburgo que trabaja en una empresa de cosméticos y al que le gustan los horarios españoles. "Madrid es genial de noche..." 02:45: Continúa el goteo de clientes, principalmente de dos tipos: trabajadores de hostelería que hacen pequeñas compras antes de ir a casa ("mi desayuno y la comida del perro") o grupos de amigos que salen de tomar copas en los bares y compran empanadas, bocadillos y bollos en el 'take away'. Hay excepciones, como Federico y Andrea, dos italianos que han aterrizado desde Milán pasadas las 11 de la noche... 03:20: Entran un chico y una chica abrazos por la cintura. Son vecinos del barrio, naturales de Rabat (Marruecos). Estaban viendo una peli y han bajado a por Coca-Cola, aunque al final han acabado comprando más cosas. 03:55. Dos mujeres y un hombre, todos rondando los 40, compran entre risas. "Pan y anchoas para bajar el pedo. ¿Quieres un poco?". También entran periódicamente hombres solos, indios o bangladesíes... 04:15: Inmaculada es relaciones públicas de una discoteca. De vuelta a casa compra pan, queso y fuet, "para cenar o desayunar". Poco después, otra mujer se para a charlar. Es vigilante de seguridad: "Yo trabajo de noche, vivo de noche y me parece raro que no haya más cosas abiertas. Las ciudades cada vez son más 24 horas".

En efecto, de noche pasan muchas cosas, pero los horarios están en disputa. "Esperanza Aguirre dio libertad comercial. Pero ¿para quién?... Para algunos, porque para nosotros no. Para nosotros era persecución total. Ahora los McDonald’s están abiertos todas las noches. Y nosotros, que somos pioneros en esto de abrir las 24 horas, hemos tenido que cerrar", se quejaron a 'El País' en 2018 los encargados del Iberia, el bar de los taxistas, mencionado antes.

La pregunta del millón de rupias es: ¿Qué futuro le espera a la vida nocturna? "Buf, ni idea. Si no sabemos ni si va a haber cabalgata de reyes estas Navidades, como para saber qué va a ser de la noche. En cualquier caso, les deseo mucha suerte a todos los profesionales del sector porque tengo muchísimas cosas que agradecerles", zanja Entrialgo.

Desde el punto de vista cultural, el que mejor entendió que la noche urbana era mucho más que el ocio nocturno fue Martin Scorsese, al que le iba bastante la marcha. '¡Jo, qué noche!' ('After Hours' en el original) era la historia de un oficinista que sale a dar una vuelta por Nueva York y se ve envuelto en un enloquecido carrusel de situaciones nocturnas absurdas: ligues, rupturas, trapicheos, robos, euforia, desmadre, mal rollo, buen rollo, economía sumergida, punks, artistas, chiflados, flirteos, pérdidas de papeles... La ciudad nunca duerme.

Toda esa frenética actividad nocturna ha quedado en suspenso en Madrid y otras grandes ciudades hasta nueva orden. Un canal de socialización se ha quedado seco de pronto. Las nuevas generaciones lo van a echar de menos... Mal tiene que estar la cosa para que sintamos nostalgia de los atascos a las tres de la madrugada; Ayuso tenía razón.

Madrid

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