La 'cartilla covid-19' de Díaz Ayuso, sin respaldo científico, técnico, ético ni legal
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La 'cartilla covid-19' de Díaz Ayuso, sin respaldo científico, técnico, ético ni legal

Ya en abril los expertos descartaron la idea del pasaporte inmunológico. Ahora la Comunidad de Madrid vuelve a la carga con la idea cuando se sabe que los anticuerpos se destruyen

Foto: La 'cartilla covid-19' de Díaz Ayuso, sin respaldo científico, técnico, ético ni legal
La 'cartilla covid-19' de Díaz Ayuso, sin respaldo científico, técnico, ético ni legal

Isabel Díaz Ayuso ha resucitado esta mañana la idea de crear un pasaporte inmunológico para aquellas personas que hayan pasado ya la enfermedad provocada por el coronavirus y, por tanto, desarrollado anticuerpos contra el SARS-CoV-2. La 'cartilla covid-19', como la presidenta de la Comunidad de Madrid ha apodado tentativamente a este proyecto, es un concepto que se valoró a comienzos de la pandemia en varios países y pronto se guardó en el cajón de nuevo por múltiples razones que pasaremos a enumerar a continuación.

A mediados de abril, el virólogo Andrea Crisanti que dirigió la estrategia de contención de la epidemia en la región de Véneto, ya definió la idea de los pasaportes de inmunidad como "una estupidez sin precedentes" en entrevista con este periódico. "No lo aconsejamos. Ni siquiera sabemos si la respuesta inmunitaria protege contra el virus. Es absurdo hacer planes sobre algo así".

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Alrededor de esa fecha, la OMS se pronunció también sobre la conveniencia de estos certificados: "Actualmente no hay evidencia de que la gente que se ha recuperado de covid-19 y tenga anticuerpos esté protegida de una segunda infección". Esto era en abril, cuando aún existían ciertas dudas sobre la inmunidad y estos pasaportes parecían una buena idea para reabrir con seguridad las economías.

Pronto cayeron muchos más hechos en la balanza para acabar definitivamente con la idea. En primer lugar, empezaron a acumularse las evidencias de que los anticuerpos no son la única forma de inmunidad contra el coronavirus. Hace casi un mes, el Instituto Karolinska sueco demostró en un estudio que las llamadas células T, generadas por el organismo ante la presencia del virus, también proporcionaban una respuesta inmune natural que evitaba el contagio, todo ello sin que hubiera anticuerpos del SARS-CoV-2.

Un médico recoge muestras de sangre para valorar la inmunidad de anticuerpos IgG (EFE / EPA)
Un médico recoge muestras de sangre para valorar la inmunidad de anticuerpos IgG (EFE / EPA)

Otras líneas de investigación han demostrado también que existe una inmunidad cruzada, provocada probablemente por otros coronavirus como los que generan el resfriado común. Por ello, cuando los expertos hablan de esa inmunidad de grupo necesaria para frenar la expansión del virus ya no son tan tajantes como hace un par de meses, cuando se hablaba del 70% de inmunidad. Ahora el margen oscila entre el 40 y el 70% debido a todos estos factores.

La inmunidad no es eterna

Demasiadas evidencias sobre la propia inmunidad conferida por los anticuerpos se han acumulado también sobre la mesa como para perseverar en la idea de un pasaporte inmunitario de covid-19.

"Tenemos ingresos de seis a ocho semanas y esos mantienen anticuerpos positivos mucho tiempo", contaba recientemente Santiago Valor, de los laboratorios de análisis clínicos Synlab, que han realizado seguimiento de trabajadores sanitarios durante varios meses. "Sin embargo, vemos a gente joven con una sintomatología leve que o no desarrolla inmunidad o en seguida pierde los anticuerpos".

Un test rápido de anticuerpos (Reuters)
Un test rápido de anticuerpos (Reuters)

Es decir, solo los casos más graves de covid-19 parecen producir anticuerpos IgG durante el tiempo suficiente como para lograr una 'cartilla covid-19' de la Comunidad de Madrid. Muchos de los casos leves o asintomáticos de los meses de marzo o abril probablemente sean ya seronegativos a la enfermedad.

Hay otro factor preocupante: la posibilidad de un falso positivo en un test de anticuerpos existe y no es despreciable. Esto nos dejaría con una persona que tendría el pasaporte covid pero que mantendría intacta sus opciones de contagiarse más adelante y transmitir el virus a otras personas... que quizá ya hayan perdido su protección.

La ética de estos pasaportes

Preguntado por la medida anunciada por la Comunidad de Madrid, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, se mostró en desacuerdo. "Ningún organismo internacional, ni la OMS ni ningún documento que hemos elaborado contempla este tipo de medidas", declaró en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

La idea de Díaz Ayuso es que, en una situación de confinamiento, las personas que ostenten este pasaporte puedan seguir haciendo vida normal y acceder a recintos cerrados, salas de baile o gimnasios, para que Madrid no se pare. Esto genera un problema: "Existen serias preocupaciones de que los pasaportes de inmunidad puedan crear dos clases de ciudadanos y proporcionar un incentivo perverso para contraer el virus deliberadamente", dice aquí Nigel McMillan, experto australiano en enfermedades infecciosas.

En efecto, cualquier persona joven, creyéndose a salvo de los efectos más perniciosos del covid-19, puede querer garantizarse el acceso a esos recintos buscando infectarse adrede. Además crearía dos clases de ciudadanos, ya que aquellas personas mayores, embarazadas o con enfermedades no se expondrían de la misma manera ni obtendrían estos pasaportes: "Los pasaportes de inmunidad impondrían una restricción artificial sobre quién puede y quién no puede participar en actividades sociales, cívicas y económicas", escribe Alexandra McPhelan, de la Universidad de Georgetown, en 'The Lancet'.

Los pasaportes de inmunidad imponen una restricción artificial sobre quién puede participar en actividades sociales, cívicas y económicas

Además de que la medida podría introducir un elemento de corrupción —falsificación o venta de estas cartillas, aunque en principio irán asociadas a la tarjeta sanitaria virtual según ha informado la presidenta— no está claro que legalmente pueda habilitarse algo así. La comparación con las cartillas de vacunación no se sostiene, dado que las primeras incentivan la inmunización, lo cual es un bien social, y la 'cartilla covid-19' promueve la infección.

En segundo lugar, dado que los test para certificar la inmunidad cuestan dinero, podrían crearse barreras de acceso a estas 'cartillas covid-19' y que sectores más precarios de la población se vieran afectados por su incapacidad para acceder a una prueba, que actualmente se realizan en laboratorios privados a un precio de entre 30 y 50 euros dependiendo del tipo de test. O por el contrario, si la Comunidad de Madrid optara por subvencionarlos para sus más de seis millones de habitantes podría generar un cuello de botella de gente tratando de hacerse el test para poder disfrutar de libertad en caso de confinamiento.

Los pasaportes de inmunidad no solo se asientan sobre un conocimiento científico lleno de lagunas y con muchas limitaciones técnicas, sino que también suponen —según los expertos— un enorme desafío social, por la discriminación que generaría, y legal, dado que las actuales normas constitucionales o sanitarias en ningún caso prevén entre sus excepciones el inmunoprivilegio.

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