DISCRIMINACIÓN EN LA INSTALACIÓN PÚBLICA

Polémica en el Club de Campo: la 'plebe' no puede usar la piscina para evitar contagios

El selecto Club de Campo veta a los no abonados para prevenir el coronavirus, aunque el acceso es público desde 1984 y la titularidad es en un 51% del Ayuntamiento de Madrid

Foto: El Club de Campo es uno de los recintos de ocio más selectos de Madrid.
El Club de Campo es uno de los recintos de ocio más selectos de Madrid.

La pandemia ha traído una noticia positiva para los socios ‘pata negra’ del Club de Campo Villa de Madrid: podrán disfrutar de las fabulosas piscinas del club sin la molesta presencia de los no abonados. El club, cuya titularidad es en un 51% pública del Ayuntamiento de Madrid y que se asienta por completo sobre terrenos municipales, ha decidido que la mejor forma de prevenir el contagio de coronavirus en sus instalaciones es prohibir el baño a toda persona que no tenga carnet de socio.

Hasta la fecha, cualquier ciudadano podía disfrutar de una jornada de baño en el club comprando una entrada de día a precio de oro, o pagando una membresía anual para disfrutar de las instalaciones. El acceso es libre desde 1984, cuando el alcalde Enrique Tierno Galván exigió ese requisito para prorrogar la cesión pública de los terrenos a la Real Sociedad Española de Hípica. Pero la apertura solo quedó en el papel, porque el club continuó siendo un coto exclusivo para los socios, principalmente los altos cargos del Partido Popular madrileño desde inicios de los noventa. Las piscinas, por ejemplo, solo podían pisarlas los socios y sus invitados.

Años más tarde, Manuela Carmena quiso diluir el ambiente elitista de una entidad semipública (otro paquete del 24,5% es de Patrimonio Nacional) ampliando las opciones de acceso mediante el bono anual y apretando las tuercas a sus gestores para que abrieran todas las instalaciones deportivas. Pero ahora todos estos usuarios sin pedigrí han sido barridos por criterios sanitarios. Como en los viejos tiempos.

Vista aérea del Club de Campo Villa de Madrid.
Vista aérea del Club de Campo Villa de Madrid.

“Sin carnet está prohibido acceder a la piscina. Ni siquiera puedes llevar a un invitado”, confirma un abonado. El club, una sociedad mixta gestionada por los socios pero que depende de la Concejalía de Cultura, Turismo y Deporte, ha aprobado un protocolo de reservas por internet. Hay que reservar un día antes y se exige el número de socio. La medida ha soliviantado a los usuarios habituales no abonados, que bien han pagado la cuota anual para acceder al club (la piscina hay que pagarla aparte) o que de vez en cuando se dan el lujo de pasar en familia una jornada de piscina en uno de los recintos más exclusivos de la capital.

“Tiene gracia que aleguen falta de espacio, son 200 hectáreas y media docena de piscinas. Una de 50 metros, otra de 33, otra de 25…”, protesta uno de los ciudadanos asiduos, que tiene pagado el abono anual (cerca de 1.000 euros de coste) y que este verano se queda en la estacada.

El Club de Campo garantiza este verano el distancimiento social en todas sus acepciones

En el aire está la legalidad de esta medida. ¿Puede un club de titularidad pública discriminar a los ciudadanos? Contactado por este diario, el Club de Campo no se ha prestado a explicar el criterio empleado para garantizar el distanciamiento social. Aunque lo cierto es que lo cumple en todas sus acepciones.

Una de las piscinas del Club de Campo Villa de Madrid.
Una de las piscinas del Club de Campo Villa de Madrid.

El fin de la endogamia

“Esto va a poner muy contentas a las señoras que cuando abrieron la veda a los no abonados se escandalizaban de ver a gente con rastas y tatuajes en la piscina”, explica una abonada del club desde hace 15 años, que ha vivido la transición entre la ‘vieja guardia’ de aristócratas y grandes de España hacia las nuevas generaciones de ‘yuppies’, principalmente economistas y ejecutivos de las grandes consultoras y despachos de abogados. Un socio partidario de la medida es tajante: "Pagamos 900 euros de cuota cada año y el club se financia íntegramente con nuestro dinero. Creo que tenemos algo más de derecho que los no socios a usar las instalaciones".

“La llegada de la plebe fue un trauma muy grande para un club de alta sociedad muy endogámico que llevaba décadas casándose entre ellos", prosigue la abonada. "Desde los noventa, había gente de mucho dinero que no podía ser socia porque no había más plazas, aunque se morían de ganas porque esto era como una segunda residencia para el politiqueo y los grandes negocios desde tiempos del PP de Álvarez del Manzano. Y de repente con Carmena vieron que aquí entraba cualquiera y metían a 2.000 socios nuevos de golpe. Luego tampoco se ha notado tanto la entrada de la gente corriente desde que los de Ahora Madrid metieron mano, pero aún hoy sigue escociendo. No es raro escuchar a alguien ponerse nostálgico y culpar a los rojos y a Carmena cuando algo no es de su agrado”.

El alcalde de Madrid es el nuevo villano. Su pecado, ser socio del club rival, el Puerta de Hierro

Desgastado ya el rencor hacia Manuela Carmena, que según la rumorología que corría entre los socios en los primeros compases de su mandato iba a convertir el club en una granja escuela y luego en una checa, el nuevo villano favorito es José Luis Martínez-Almeida. Sí, Almeida comparte color político con muchos de los abonados del Club de Campo, pero tiene un pecado casi más grave que ser rojo: es socio del Real Club Puerta de Hierro, club rival situado justo al otro lado de la M-30, en el extremo noroeste de Madrid, y que excita los complejos del viejo Club de Campo por ser el cónclave más exclusivo de España, el lugar donde se codean los poderosos.

Usuarios jugando al golf en el Club de Campo de Madrid.
Usuarios jugando al golf en el Club de Campo de Madrid.

El Puerta de Hierro no acepta nuevos socios desde hace 30 años y solo se puede acceder acompañado de un socio. Por ‘culpa’ de Carmena, en el Club de Campo han ingresado 2.000 nuevos socios cuyo pelaje nadie conoce (pero cuyo dinero era necesario para equilibrar el presupuesto del club) y cualquiera puede pasearse hoy por su piscina o por su magnífico campo de golf si paga el ticket. Claro que el Puerta de Hierro es 100% privado y el Club de Campo es, teóricamente, de todos los madrileños. Según admiten los abonados consultados, Carmena sembró mucho menos terror entre la vieja aristocracia del club de lo que parecía en los primeros meses. Se limitó a subsanar la discriminación de acceso a una entidad municipal aunque sin regular los precios, que entre acceso al recinto y pago de piscina puede ascender a 70 euros el remojón veraniego.

“Ahora la comidilla por aquí es que Almeida se quiere cargar el club. Con esto de los protocolos de prevención, las señoras están muy soliviantadas porque para reservar en la piscina o en el golf hay que usar una ‘app’ que funciona bastante mal, por cierto. Les parece que el servicio que está dando el club es horrible. Lo mismo para la piscina. Este verano solo puedes ir en turno de mañana o en turno de tarde, y previa reserva el día antes. Les parece escandaloso. ¿La culpa? De Almeida, que juega al golf en el Puerta de Hierro y nos odia”, explica un usuario. Una especie de disputa Oxford contra Cambridge de lo más cañí y pintoresca.

Una de las piscinas del Club de Campo.
Una de las piscinas del Club de Campo.


"Ya no es lo que era"

“Hay gente muy ‘pitita’ que se ha dado de baja porque esto ya no es lo que era", indica otro usuario. "Y no por culpa de los no abonados, sino por los mismos socios que pululan ahora por aquí. Hace 20 años las familias venían a la piscina con la bolsa de Mallorca [una de las pastelerías más selectas de Madrid] y en los últimos cinco o seis años vienen con la bolsa del Mercadona y se comen un gazpacho. Esto es consecuencia del cambio social. Los españoles en general vivimos peor que nuestros padres, también los abonados del Club de Campo, aunque sigan apareciendo por aquí con el Lexus”.

Pese a la pérdida de ese aura súper elitista, el Club de Campo sigue siendo un club social exclusivo y muy solicitado. En 2019, se notificó a 250 personas que habían sido aceptadas como nuevos abonados. Estos solicitantes se habían inscrito en la lista de espera entre noviembre de 1996 y febrero de 1997.

Madrid

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