REPARTEN 220 MENÚS GRATIS AL DÍA

La cola del hambre llega al restaurante: "Ya damos más de 220 menús gratis al día"

El restaurante Dudua Palacio, en Madrid, reparte menús gratis desde el 1 de mayo. Sus trabajadores no cobran por ello, pero quieren seguir con la iniciativa hasta que les permitan reabrir

Foto: La cocina de Dudua Palacio empieza a funcionar a las 10 de la mañana y no para hasta el mediodía. (Carmen Castellón)
La cocina de Dudua Palacio empieza a funcionar a las 10 de la mañana y no para hasta el mediodía. (Carmen Castellón)

A las 12:45, mientras Adriana Lastra arranca su discurso en la tribuna del Congreso, el primer mendigo se presenta con muletas en la puerta del restaurante Dudua Palacio. El local se encuentra junto a la plaza de España, en Madrid, y reparte menús gratis desde el 1 de mayo. "Al principio eran 40 y ahora damos más de 220 al día", explica Miguel Ángel, un camarero que luce la bandera de España en la muñeca y va de lado a lado dando órdenes a sus compañeros. En la televisión tienen puesto el debate sobre la prórroga del estado de alarma, pero nadie le presta atención. Este miércoles, durante dos horas, solo importa repartir paella, chuleta de Sajonia y gelatina.

En la cola aguarda todo tipo de gente: un joven con camiseta Burton, una anciana con bastón, una mujer con camiseta de rejilla... No hay un perfil concreto, pero les une el hambre. "Me quedé sin trabajo en diciembre y ahora es imposible ganar dinero. Nos echaron del piso el 30 de abril", explica Jesús, un venezolano de 58 años que viste un polo amarillo. Junto a él espera su pareja, Rodrigo, un colombiano de 61 años: "Ahora vivimos en el piso de una fundación y con esto tenemos para comer, cenar y darle un poco a una amiga". Los dos relatan sus penurias sin caer en el victimismo y, cuando posan para la cámara, solo lamentan que la mascarilla les impida salir sonriendo.

Jesús y Rodrigo posan frente al restaurante. (C. C.)
Jesús y Rodrigo posan frente al restaurante. (C. C.)

Situado a dos minutos andando de la Gran Vía, el restaurante Dudua vive del turismo. Se refleja en la entrada, donde todavía se acumulan folletos sobre el cabaret que acogió el Teatro Fernán Gómez entre el 4 y 8 de marzo. "El 40 o 50% de la caja venía de los extranjeros. Trabajábamos con agencias y nos traían japoneses, chinos, americanos, coreanos, italianos... Ahora me han dicho que hasta septiembre no cuente con ellos", explica Juan Hernández, el dueño del Dudua. En el local también tienen vitrinas con botes de aceite y galletas de membrillo para vender a los turistas, pero el negocio saltó por los aires con el coronavirus.

La primera reacción ante la pandemia fue aplicar un ERTE a la plantilla. Con la persiana bajada, el personal se quedó de brazos cruzados, situación que se mantuvo hasta que una de las cocineras, Jade, propuso echar una mano a los más necesitados. "La iniciativa fue suya. Había intentado empezar a trabajar en el Hospital 12 de Octubre de limpieza y no pudo, y tenía la ilusión de hacer algo para otra gente", explica Juan. Jade, sin embargo, evita atribuirse el mérito. Con una mascarilla negra en la que puede verse una pequeña bandera de España en la esquina, la cocinera, de origen marroquí, rehúye las preguntas para centrarse en la bandeja de comida que tiene delante.

Miguel Ángel prepara uno de los menús que se reparten a diario en su restaurante. (C. C.)
Miguel Ángel prepara uno de los menús que se reparten a diario en su restaurante. (C. C.)
Jade es cocinera y la artífice de la idea de convertir el restaurante en un local de reparto de comida. (C. C.)
Jade es cocinera y la artífice de la idea de convertir el restaurante en un local de reparto de comida. (C. C.)

En el Dudua, la escena se repite a diario desde el 1 de mayo: camareros y cocineros se juntan a las diez de la mañana para empezar a cocinar y no paran hasta que terminan con el reparto. Los lunes, judiones. Los martes, patatas revolconas. Los miércoles, paella. Los jueves, cocido completo. Los viernes, pasta. "Damos pescado o carne de segundo y un postre", explica Miguel Ángel. Los empleados no ganan dinero por su trabajo y el restaurante lo pierde, pero no piensan parar hasta que las autoridades les permitan abrir de nuevo el local. "En cuanto hablé con los trabajadores, todos se sumaron. Son unos cracks absolutos", resume Juan.

La iniciativa ayuda a gente como Rebeca, una mujer que lleva una camiseta de rejilla y viste de negro. Mientras Rodrigo y Jesús cuentan su experiencia, ella se empeña en que le hagan una fotografía: "¿Va a salir en el periódico? Qué bien, así me ve mi hijo. Llevo 15 años sin tocar las drogas y estoy con la metadona, pero no me lo quieren dar", explica entre lágrimas. A un par de metros espera Sandra, una colombiana de 35 años que lleva cuatro meses en España: "Vine con mi madre y mi hijo. Empecé a trabajar cuidando a una señora dos horas, pero con el coronavirus le dio miedo que siguiese yendo, así que ahora vengo a coger comida para toda mi familia".

Rebeca acude a por un menú y pide una fotografía para que la vea su hijo. (C. C.)
Rebeca acude a por un menú y pide una fotografía para que la vea su hijo. (C. C.)

El restaurante se encarga de atender las parroquias del Buen Suceso y de San Antonio de la Florida, pero a medida que pasan los días, cada vez son más los que llegan de otros lugares. Miguel Ángel hace de portero y pone a prueba a aquellos que se presentan por primera vez ante la puerta del restaurante: les pregunta si vienen de las parroquias, por el nombre del párroco... Si le piden más de un menú, se revuelve y les insiste en que deben venir de uno en uno, pero al final siempre cede:

—¿De dónde viene usted?

—De la calle.

—Pero hay que venir de las parroquias...

—Ya, pero es que yo...

—Bueno, venga, hoy te doy un menú.

El restaurante reparte más de 200 menús al día. (C. C.)
El restaurante reparte más de 200 menús al día. (C. C.)

Con el paso de los días, las caras se repiten y a muchos ya les saludo por su nombre. "Damos preferencia a gente que tenga niños. De las dos parroquias vienen unos 50 y luego pues todos los que van llegando", explica Miguel Ángel. "Esto es duro. Ves cosas buenas, ves cosas triste... Aquí viene gente necesitada de verdad". Mientras el camarero lleva bolsas de lado a lado, el debate sobre el estado de alarma sigue sonando en la televisión sin que nadie le preste atención.

Madrid

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