Matías, el músico-taxista que ha convertido sus ahorros en mascarillas
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TRAS 37 AÑOS AL VOLANTE

Matías, el músico-taxista que ha convertido sus ahorros en mascarillas

Este octogenario ha donado casi 20.000 mascarillas a sus colegas, los taxistas de Madrid. En agradecimiento, la nave donde desinfectan los coches lleva su nombre

Foto: Matías, en su domicilio.
Matías, en su domicilio.

Matías es un personaje de Ibáñez de carne y hueso. Dicharachero, con ojos color azabache, barba canosa, larga, casi valleinclanesca –que tiemble Agustín Zamarrón– y con ocho décadas de vida a las espaldas. "Y los años que me quedan, eh...", comenta por teléfono. "Tengo como 4.000 'whatsapps' acumulados, porque la gente me habla mucho. Me queda aún toda la vida por delante para irlos respondiendo".

Si el móvil de este octogenario echa más humo que el de un adolescente confinado es por un motivo: Matías ha donado casi 20.000 de mascarillas a sus vecinos y a sus colegas, los taxistas de Madrid. "A todas las asociaciones, que yo no me meto en politiqueos ni discrimino a ninguna", cuenta. También ha repartido geles hidroalcohólicos –en botes que suman más de 30 litros– y guantes. Esos cientos y cientos de 'whatsapps' son agradecimientos. "Mira que yo he intentado que no se entere tanta gente, pero se ha corrido la voz y a ver cómo respondo yo ahora a todos", indica, con una preocupación que uno le escucha y juraría que es real.

Foto: Varios taxistas participan en el homenaje a los sanitarios en la puerta del Hospital Infanta Leonor, en Madrid. (EFE)

Matías ha estado durante 37 años al volante de un taxi que era a la vez sala de conciertos, confesionario y consulta psicológica. "A mí se me conocía en Madrid porque me compré un órgano pequeñito y lo tocaba mientras conducía", recuerda. "Una vez salí en la tele y dije que si algún cliente se animaba a cantar, no le cobraba la carrera", declara. Y, en los meses posteriores a esa entrevista, hubo quienes se libraron de la factura a cambio de los estribillos de 'Clavelitos' o del 'Porompompero'. "De hecho, una señora le dijo a su marido que cantara algo, aunque fuese 'La Vaca Lechera'", narra.

Allá por 2007, le grabó un reportaje Televisión Española, cuando La 1 tenía el logo antiguo y Matías casi 15 años menos. "Y también he salido en La 1 pero en la de Francia", expone.

En el asiento de atrás ha llevado a anónimos e ilustres. Una vez abrió la puerta Alberto Ruiz-Gallardón. "Y claro, me preguntó que cómo se me ocurría tocar el órgano mientras conducía. Yo le dije que en ninguna ley pone que esté prohibido tocar el piano al volante de un taxi", recuerda. Ahí desarmó al alcalde.

Y según cuenta, el 'popular', ya con el motor apagado, le pidió el instrumento y ambos se pusieron a cantar. "Toca el piano mejor que yo, eh", comenta. De casta le viene al galgo: pocos saben que el exregidor es sobrino nieto del compositor Isaac Albéniz.

placeholder Matías.
Matías.

"Gallardón me preguntó y le dije que en los 25 años que llevaba entonces al volante no había tenido ni un solo accidente". Y el dato debió tranquilizar al político. Los políticos son muy dados a usar los buenos datos para tranquilizarse.

Foto: Un taxi que funciona con FreeNow (antes MyTaxi) en Madrid. (Foto: cedida)

Como Matías no se mete en politiqueos, en otra ocasión llevó en su coche a Joaquín Leguina. El que fuera presidente de la Comunidad de Madrid entre el 83 y el 95, del PSOE, era más de cantar. "Y entona los boleros mejor que Antonio Machín", recuerda el taxista, hoy jubilado. "Ojalá diesen un concierto juntos, a dúo, uno al micrófono y el otro al piano; yo iría a verlos", expone. Una 'gran coalición musical'.

Matías ha sido taxista de profesión –la que da de comer– y músico por vocación –la que alimenta el alma–. Aunque su público se reduzca a dos o tres pasajeros por cada carrera y a los conciertos que aún ofrece durante las fiestas de su pueblo, donde le han dedicado una calle. Es un niño de la posguerra ya crecidito, aunque sigue siendo un poco niño y la guerra tampoco le ha dejado del todo en paz. "Ahora nuestra guerra es luchar contra el virus... Hay tantas y tantas familias destrozadas...", lamenta. Colegas suyos también han caído en combate, contagiados tras ofrecerse a llevar gratuitamente a médicos y enfermeros a los hospitales y a visitar a los pacientes en cuarentena.

Matías ha estado durante 37 años al volante de un taxi que era a la vez sala de conciertos y consulta psicológica. Hoy ya está jubilado

De ahí su donación de casi 20.000 mascarillas. "Haberla hecho me ayuda a dormir mejor", comenta. Sus hijas, dice, no le han puesto ni una pega a este gesto y hasta "sienten satisfacción", aunque se les reduzca la herencia. "Me dicen: 'Papá, tú haz lo que quieras con tu dinero, que es tuyo'".

"¿Y cuánto le han costado?", trata de indagar el que escribe estas líneas. Un "uy..." reticente al otro lado del teléfono. Al rato, cuando la voz se ablanda, le pone una cifra: "A 20.000 euros no ha llegado".

Matías le reza a San Lucas, patrón de los médicos; que ninguna ayuda es poca. Y a San Juan de Dios, "para que nos cuide a las enfermeras", a las que también aplaude desde su balcón todas las tardes a las ocho. Tampoco se queda sin oraciones San Cristóbal, el santo de "los míos", los conductores y los transportistas. "Ah, y le rezo a los Ángeles Custodios y a la Virgen del Pilar, para que no les pase nada a los policías ni a los guardias civiles", añade tras hacer un repaso mental por el santoral.

placeholder Rótulo homenaje a Matías en la nave dedicada a la desinfección de taxis. (Cedida por la Asociación Gremial)
Rótulo homenaje a Matías en la nave dedicada a la desinfección de taxis. (Cedida por la Asociación Gremial)

No es la primera vez que Matías echa un cable a sus compañeros: décadas atrás, pagó de su bolsillo las casi 6.000 fotocopias que hizo a un listado de mil palabras en inglés, para que chóferes y turistas se entendieran. O, al menos, lo intentaran. "Y me acuerdo aún de muchas, eh", dice. En el sector, hay quien le llama 'El Patriarca'. También es el que reparte bocadillos y refrescos cuando el taxi sale a la calle a protestar.

En agradecimiento a su gesto, y a toda una vida, la Asociación Gremial le ha puesto su nombre a la nave de 9.000 metros cuadrados cedida por el Ayuntamiento para desinfectar casi 400 vehículos por día. "Se lo merece, Matías es puro corazón, un 'crack'", declara a este periódico Ángel Julio Mejía, impulsor de la iniciativa y presidente de la agrupación de taxistas. "Bueno, bueno, pues... que se lo pongan entonces", expresa Matías sobre su homenaje, con una modestia que uno le escucha y volvería a jurar que es real. "Yo lo que digo es una cosa", insiste, desviando el tema. "Con que una sola de esas 20.000 mascarillas evite un contagio, para mí, habrá valido la pena".

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