LOS MADRILEÑOS SE ECHAN EN MASA A LA CALLE

Familias enteras en bici por el parque: el desconfinamiento ya no lo para nadie

Lo que se concibió como un paseo alrededor de la manzana de la mano de los padres se ha convertido en lo que realmente era: el primer día del desconfinamiento

Foto: Una familia monta en bicicleta por la Dehesa de la Villa.
Una familia monta en bicicleta por la Dehesa de la Villa.

Pocos días mejores en el calendario podía haber elegido el Gobierno para dejar salir a los niños. En Madrid, un sol radiante y 19 grados han recibido a los más pequeños, que llevaban sin pisar la calle más de cuarenta días.

Apenas han transcurrido unas horas desde que entrase en vigor la relajación del confinamiento y ya abundan las infracciones de los límites establecidos por Sanidad. Tres de las que más se han repetido, la prohibición de entrar en parques, la de alejarse más de un kilómetro del domicilio y la de un solo padre por niño, han volado al cerrar la puerta de casa.

Aunque la mayoría de los espacios verdes de Madrid siguen precintados, en la ciudad hay parques imposibles de cerrar. Uno de ellos es la Dehesa de la Villa, en el noroeste, que pese a las sucesivas dentelladas municipales, aún conserva 64 hectáreas de masa verde.

A la Dehesa se puede acceder desde Moncloa, Tetuán, Saconia, Ciudad Universitaria, Puerta de Hierro o El Pardo; es imposible de acordonar. Esta mañana, olvidando la prohibición, cientos de padres con sus niños se han echado al parque para pasar la mañana: “Hacía muchísima falta esto. Mi hija pequeña, esta última semana, se echaba a llorar y patalear por nada, necesitaba ver el sol”, dice Marlén, una madre que ha venido con sus dos hijas, de 4 y 6 años. “La pequeña estaba incluso impresionada hoy al salir, de ver tanta gente y tanta luz, me ha dicho: ‘Mamá, no me acordaba ya de esto’, y se me ha echado en brazos”, dice.

Marlén, junto a sus hijas.
Marlén, junto a sus hijas.

 La hija pequeña de Marlén había perdido los nervios con el confinamiento.
La hija pequeña de Marlén había perdido los nervios con el confinamiento.

El día es espléndido: cantan los pájaros, la vegetación refulge y la temperatura permite sol y sombra sin tocar el atuendo. En las zonas más profundas del parque, donde no hay casas a un kilómetro a la redonda, es donde se concentran la mayoría de los visitantes. No obstante, según un estudio publicado hoy, la Dehesa de la Villa es uno de los parques más seguros de Madrid: no tiene entradas, lo que evita aglomeraciones, y además tiene espacio de sobra. Si todos los niños de la zona viniesen a la vez, cada uno dispondría de 160 metros cuadrados de uso. La Dehesa podría incluso albergar a todos los niños de la ciudad y cada uno dispondría de 12 metros cuadrados, mucho más de lo ofrecen la mayoría de parques de Madrid.

Como sucede con los pediatras, entre los padres tampoco hay consenso acerca de quiénes lo están pasando peor, si los niños pequeños o los más mayores. "Este lo ha llevado fenomenal, de hecho esta mañana no quería salir, he tenido que sacarle a rastras", dice Javier, que pasea con un niño de 4 años. "Su mundo es pequeño: ver películas, jugar en la habitación, darse carreras por el pasillo... en casa está su hermano, de 14, que es el que realmente lo está pasando mal. Él no puede salir más que para hacer la compra y no le gusta, pero tampoco le apetece salir con sus padres, lo que quiere es estar con sus amigos", dice.

María Jesús, sanitaria de profesión y paseando con Íñigo, de un año y medio, ha vivido la experiencia opuesta: "Su hermano mayor lo está llevando mucho mejor. Entiende la situación y sabe que no puede salir, pero éste", dice señalando al niño. "Está disfrutando muchísimo, los últimos días se le han complicado mucho".

El incremento de la temperatura, la orografía de la Dehesa y el bajón de forma física provocan que se vean más caras coloradas de lo habitual. A primera vista no hay menos gente que un domingo normal, pero sí más silencio: "Es lo que más me ha llamado la atención, que la gente está muy deprimida. Será la falta de luz o de ejercicio, pero estamos todos como un poco de bajón", dice la sanitaria.

María Jesús, junto a Íñigo.
María Jesús, junto a Íñigo.

"Nosotros ya nos mudamos aquí", dice Carlos, trabajador de banca, que observa cómo su hijo juega con un balón. A un lado de la explanada, varios niños juegan al baloncesto; al otro, el hijo de Carlos les mira con pena e intenta inegrarse en su juego:"¡No, no, tú en esta canasta!", grita su padre desde un banco. Sabe que, antes o después, los niños acabarán jugando juntos: "A ver cuántos días aguanta, porque ve que hay un grupo de niños jugando juntos y, claro, no entiende por qué tiene que estar solo", dice Carlos.

Pese a que lo más habitual es un padre con su hijo, también pueden verse por la Dehesa familias al completo en bicicleta, con niños de más de 14 años, y paseantes sin razones para estar allí. Pocos cumplena a rajatabla con lo indicado por Sanidad, pero no hay reproches: la temperatura, la primavera y los niños disfrutando han liquidado el control vecinal. Hoy es día de gafas de sol y miradas nostálgicas a las terrazas cerradas. El desconfinamiento ha empezado y ya no lo para nadie... salvo el virus.

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