EN ASISPA, CONCESIONARIA EN MADRID

Detrás del 'botón del pánico' para ancianos: "Hacemos trabajo de enfermeros sin serlo"

Los trabajadores denuncian que se les obliga a realizar tareas propias de un enfermero, además de atender a clientes privados desde equipos financiados por el ayuntamiento

Foto:

Los trabajadores de Asispa, una de las concesionarias del servicio de teleasistencia del Ayuntamiento de Madrid, han dicho basta. Denuncian que la empresa les obliga a tomar la tensión y la temperatura, comprobar las pupilas o buscar golpes en los pacientes a los que visitan, unas tareas propias de personal sanitario, de enfermero concretamente, cuando ellos no disponen de esos conocimientos ni están siendo retribuidos como tal. "Nosotros estamos para acudir a la casa de los ancianos, levantarlos si se han caído, y sopesar si llamar al 112 para que les lleve al hospital. Nada más", dice Rafael Aguilera, trabajador de Asispa con 19 años de experiencia en el servicio.

El servicio de teleasistencia es el popular 'botón del pánico' de los ancianos. Cuando sufren un percance en casa, pulsan el botón y un oficial acude en su ayuda. Pese a que algunos ostentan conocimientos sanitarios, por amor a su trabajo, el puesto no requiere estudios más allá de la educación secundaria. En Madrid, tres empresas concesionarias se reparten el servicio, dividiéndose por distritos. Son Atencia, Ilunion y Asispa, que cubre la zona centro (Centro, Arganzuela y Carabanchel) y la zona norte (Tetuán, Chamartín, Barajas y Fuencarral).

Tanto un juez como una inspectora de Trabajo han constatado que se exige al personal por encima de su preparación académica

Natalia Dívar es otra trabajadora que ha estado en Atencia y Asispa: "Todas estas empresas tienen una cosa en común: deberían contratarte como técnico de emergencias, que es lo que haces, pero en su lugar te contratan como auxiliar de unidad móvil porque les sale más barato", dice. "Yo tengo el título de técnico en emergencias y nunca me lo han pedido, pero había muchos de mis compañeros que no lo tenían, y no tenían ni idea de cómo atender a un paciente". Dívar explica que la gran diferencia entre concesionarias radica en el botiquín: "En Asispa, te obligan a ir con un botiquín y un tensiómetro en cada salida. ¿Para qué? Nos obligaban a tomar la tensión a todos los pacientes sin tener ni idea de cómo hacerlo. ¿Y si le digo a alguien que está bien, no va al médico y luego muere?".

Pero ¿por qué Asispa obliga a sus trabajadores a tomar la tensión, cuando no es una función del servicio de teleasistencia? "Porque los pacientes tienen que dar su opinión sobre el servicio y esas valoraciones van al ayuntamiento. Los políticos, si les llegan opiniones positivas, no dicen nada", explica un trabajador de Asispa. Lleva 10 años en el puesto y aún no se ha acostumbrado a hacer mediciones: "Es que después de tomar la tensión a un paciente, nos piden que le hagamos una valoración. ¿Y yo qué le digo? Es una responsabilidad que no tengo por qué asumir, nadie me ha dado una formación para esto. Y todavía nos podemos dar con un canto en los dientes, porque hasta hace poco íbamos también con un ambú, un globo resucitador para casos de parada respiratoria...", dice el oficial.

Los trabajadores también denuncian que, a los que se niegan a llevar a cabo estas funciones, Asispa los despide. "A uno de mis compañeros, Rafael Granados, le pusieron en la calle por no querer ir a tomar la tensión a un paciente. Posteriormente, ganó el juicio contra la empresa, claro está", dice. Otro trabajador, Rafael Aguilera, escribió un informe a sus jefes advirtiendo de que no volverá a efectuar las tareas propias de un sanitario que le exige la empresa, a saber: comprobación del nivel de consciencia, orientación espacio-temporal, reactividad, tamaño y simetría de las pupilas, frecuencia y ritmo de la respiración, velocidad del relleno capilar, frecuencia, ritmo y amplitud de la onda de pulso del latido cardíaco, medida de la tensión arterial, medida de la temperatura corporal... "No me contestaron. Yo creo que no me despiden por la de años que llevo en este sector, pero parece que la carta tampoco ha servido de mucho", lamenta Aguilera.

Pero los jueces y los trabajadores no son los únicos en señalar lo irregular de esta actividad. En una reciente inspección de trabajo (PDF), la inspectora Ana Varela detectó dos anomalías en Asispa. Por un lado, que no se respeta el tiempo mínimo de descanso de los trabajadores y, por el otro, que se siguen exigiendo al personal tareas que están por encima de su preparación: "Asimismo, se constata que se realizan la anamnesis y el registro de constantes, funciones que además de la cualificación expresa que requieren, no son conformes a las establecidas en el Convenio Colectivo (...) La realización de tales actividades por el personal cualificado, en la medida que implican un riesgo para el personal objeto de la presentes actuaciones, asumiendo una responsabilidad y debiendo pronunciarse sobre el estado de salud de las personas que atienden, supone una vulneración del derecho de dicho personal a la dignidad y consideración debida a su integridad, entendiendo como tal su integridad moral y su seguridad jurídica en el ejercicio de su trabajo".

Pacientes privados con uniforme municipal

Por si fuera poco, el trabajador añade otra función extra a su labor: "Asispa tiene una cartera de clientes privados a los que también atendemos nosotros. Esto es, un servicio financiado con dinero público que también sirve para atender a clientes privados, no necesariamente ancianos", explica. Según su versión, a estos pacientes privados se les atendía, en primera instancia, con el polo y el coche rotulado con el logotipo del Ayuntamiento de Madrid, "incluso si está en Tres Cantos, que no pertenece al ayuntamiento, les da igual", dice. Natalia Dívar, extrabajadora, apunta el relato: "En los últimos tiempos, nos dieron un chaleco y un coche sin rotular para ver a estos pacientes, pero es igual, seguíamos atendiéndoles los mismos del servicio municipal, con lo que, si estás con un paciente privado y te entra la llamada de uno público, tiene que esperar, pese a que lo esté pagando con sus impuestos".

Un coche del ayuntamiento de Madrid asistiendo en Tres Cantos, a 25 kilómetros de la capital
Un coche del ayuntamiento de Madrid asistiendo en Tres Cantos, a 25 kilómetros de la capital

Continúa el trabajador: "Somos entre 5 y 7 oficiales por cada base, el mínimo que establece el pliego. Estamos siempre saturados. Entonces, si tenemos que levantar a un paciente de más de 90 kilos, como el protocolo dice que hemos de ir tres personas, con dos de estos pacientes ya no hay servicio en varios distritos de Madrid". El trabajador, que también ha expuesto estos problemas ante la dirección de Asispa, considera que lo único que le importa a la concesionaria es que los tiempos de respuesta y las opiniones de los pacientes sean positivas con el menor coste posible en recursos: "Muchas veces va una sola persona a situaciones complicadas, es una impotencia tremenda, porque no podemos hacer casi nada. La prioridad es llegar y apagar la alarma para que vean que nos hemos dado prisa en llegar, porque queda un registro, pero muchas veces tenemos que dar conversación a una persona que está tirada en el suelo hasta que lleguen los refuerzos, que pueden estar trabajando para un cliente privado".

Este periódico se ha puesto en contacto con Asispa, que no ha querido ofrecer su versión de los hechos.

Madrid

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios