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Madrid, 2 de mayo (de 1808): la fiesta por el fin de la invasión de los franceses

Si el 1 de mayo, Día del Trabajador, es día de fiesta para todos los españoles, el casi siempre posible 'puente de mayo' es una auténtica

Foto: Monumento a Daoiz y Velarde en la plaza del Dos de Mayo de Madrid
Monumento a Daoiz y Velarde en la plaza del Dos de Mayo de Madrid
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Si el 1 de mayo, Día del Trabajador, es día de fiesta para todos los españoles, el casi siempre posible 'puente de mayo' es una auténtica bendición para los madrileños. El 2 de mayo es fiesta en la Comunidad de Madrid, prevista casi siempre en el calendario laboral de la comunidad, lo que permite a sus trabajadores disfrutar de dos días seguidos que, con suerte, se solapan al fin de semana. En 2019 no es el caso, ya que estos dos festivos se colocan en mitad de la semana, pero solo con un día libre, el viernes, uno se puede construir un auténtico 'acueducto' con cinco días de descanso.

[Calendario laboral 2019 de Madrid]

A pesar de ser una fiesta que se celebra con más fervor en la capital, lo que se conmemora es un logro de todo el pueblo español: el 2 de mayo fue el levantamiento contra los franceses, que dio inicio a la Guerra de la Independencia española. ¿Por qué Madrid? Porque fue el centro neurálgico del nevaltamiento, que partió de las clases populares y con una importante presencia de mujeres en lucha contra los 'mamelucos', los integrantes de la Guardia Imperial francesa.

'Defensa del Parque de Artilleria de Monteleón' de Joaquín Sorolla (1884).
'Defensa del Parque de Artilleria de Monteleón' de Joaquín Sorolla (1884).

En el centro de la capital, en pleno barrio de Malasaña, se erige el monumento a los capitales Luis Daoiz y Torres y Pedro Velarde Santillán, en la plaza que lleva el nombre de la jornada: Dos de Mayo. Daoiz y Velarde fueron quienes aportaron el espíritu nacional a la revolución para que se uniese a la batalla no solo el pueblo madrileño, sino también el Ejército. Y Daoiz y Velarde es como comúnmente se conoce a los dos leones que protegen la entrada del Congreso de los Diputados.

"Muerte a los franceses"

La mañana del 2 de mayo de 1808 los españoles decidieron que estaban hartos de los franceses. La invasión había comenzado sin grandes incidentes: España y Francia habían acordado tratar de llegar a Portugal para repartirse el botín, pero los soldados galos comenzaron a ocupar ciudades españolas a su antojo. La gota que colmó el vaso fue la amenaza de que el general Joaquín Murat, mariscal de Francia al servicio de Napoleón, pretendiera llevarse al hijo menor del rey a tierras franceses. Fue entonces cuando el madrileño dijo que no podía ser y dio el gran grito: "¡Muerte a los franceses!".

El levantamiento provocó una represión brutal: según algunos historiadores, hubo más de 400 muertos. Durante los días 2 y 3 de mayo se llevaron a cabo los famosos fusilamientos, el primer día en el paseo del Prado —además de en la Puerta de Alcalá, en Cibeles o en Recoletos— y el segundo, en la montaña del Príncipe Pío y en el Parque del Retiro. Francisco de Goya dejó plasmadas estas dos jornadas en dos de sus cuadros más famosos, 'La carga contra los mamelucos en la Puerta del Sol' y 'Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío', ambos conservados en el Museo del Prado.

Manuela Malasaña, heroína de Madrid

En medio de la historia, el nombre de una mujer que nunca se borró: Manuela Malasaña es considerada como heroína del pueblo madrileño, y su apellido da el nombre popular del barrio de Tribunal. Malasaña es la verdadera representación del 2 de mayo: un enfrentamiento que partió de las clases populares contra los invasores franceses ante la indiferencia de las clases acomodadas. Tal y como recoge la Real Academia de la Historia, Malasaña podría haber muerto el 3 de mayo, y no el día del levantamiento, asesinada a manos de los franceses en patrullas llevadas a cabo por soldados galos de paisano, al descubrir que llevaba un arma. Su arma, según relata esta versión, eran unas tijeras. La otra historia, plasmada en un cuadro de Eugenio Dumont, es la de una joven a la que un francés asesina mientras ella suministraba a su progenitor los cartuchos de fusil que necesitaba para combatir a las tropas desde su propia casa. Mientras ella yace muerta, junto a su propia arma, el padre, Juan Manuel Malasaña Oñoro, venga su muerte.

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