15 de mayo, festivo en madrid

San Isidro o cómo un labrador acusado de vago se convirtió en el patrón de Madrid

El 15 de mayo es San Isidro Labrador, festivo en la ciudad de Madrid, que se llena de chulapos, chulapas, claveles, chotis y rosquillas

Foto: Fiestas de San Isidro en Madrid. (EFE)
Fiestas de San Isidro en Madrid. (EFE)
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Llegó el 15 de mayo. Para los madrileños, este es de los mejores meses: después del Puente de Mayo —susceptible de celebrarse sumando el Día del Trabajador con el Día de la Comunidad de Madrid— llegan las fiestas de San Isidro, de las más castizas de la ciudad. Chotis, claveles, rosquillas y mucha luz y color llenan las calles de la capital durante los días que duran los festejos, que este año se han teñido de feminismo gracias a la campaña publicitaria del Ayuntamiento de Madrid. Pero el origen de la celebración de San Isidro como fiesta de Madrid tiene, como la mayor parte de las fiestas de la geografía española, un carácter puramente religioso.

Allá por el siglo XI, nacía de una familia humilde en Maŷrīṭ —el Madrid de la época árabe— un pequeño que, sin poder recibir educación, heredó de sus progenitores una profunda fe en la religión cristiana. Ya solo a la edad de 10 años comenzó a trabajar como labrador para la finca de Vargas, y años después se casaba con la entonces campesina María Toribio y ahora recordada como Santa María de la Cabeza. Sus asiduos paseos por los templos cristianos de madrugada, antes de comenzar a trabajar, le valieron críticas de sus compañeros, que lo acusaban de vago. Cuando el señor de la finca supo de estos rumores, decidió observarlo, y si bien veía que Isidro entraba más tarde a trabajar, mientras él oraba en la iglesia, un personaje —"quizás un ángel", dice la agencia de prensa religiosa ACI— guiaba sus bueyes, que araban el campo como si siguieran las órdenes de un campesino.

Se cuenta que su solidaridad no tenía límites, y que lo que ganaba lo repartía entre su familia, el templo y los pobres. También que una vez, estando en el campo con su hijo pequeño, la canasta donde estaba el bebé se cayó accidentalmente al fondo de un pozo profundo al que no podrían llegar. "Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo, hasta que apareció la canasta con el niño, y a este no le había sucedido ningún mal", relata ACI. En otra finca en la que trabajó, a Isidro le repitieron aquellas críticas que le habían hecho en la finca de Vargas, así que el nuevo patrón, al que le habían llegado las acusaciones de absentismo laboral, lo puso a cultivar una parcela de tierra. Y esta produjo el doble que las de los demás labradores.

'San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza', obra de Alonso del Arco.
'San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza', obra de Alonso del Arco.

Murió a los 90 años y la Iglesia le atribuye un total de 438 milagros, entre ellos el de elevar las aguas del pozo en el que se encontraba su hijo, el de arar la tierra con ayuda de su fe, el de mantener su cadáver incorrupto años después de muerto o el de sanar a los enfermos. Entre los afectados, el rey Felipe III, cuya enfermedad no conseguía ser curada por los médicos: los restos de Isidro parecieron alargar la vida del entonces moribundo monarca, recién regresado de Portugal.

¿Por qué el 15 de mayo?

Isidro fue beatificado por el papa Paulo V en 1619. Fue este quien, conforme a la revisión de las costumbres de la Iglesia tras el Concilio de Trento, decidió beatificar al labrador y decretar que la fecha de su festividad fuera el 15 de mayo. Sin embargo, tres años después, Gregorio XV lo canonizaba —aunque la bula de canonización fue firmada por el papa Benedicto XIII dos años más tarde, a causa de la muerte del anterior—. La santificación de Isidro el labrador respondía a la reanimación del monarca Felipe III, y en el decreto se hace alusión a la fiesta de traslación, por lo que el 15 de mayo podría referirse al traslado de los restos del cuerpo de San Isidro en 1212 a la Iglesia de San Andrés.

De sus más de 400 milagros destaca su papel en la batalla de las Navas de Tolosa: cuentan que Alfonso VIII, durante la guerra, recibió el consejo de un pastor que se le había aparecido y le había mostrado un camino secreto en Sierra Morena para sorprender a los musulmanes. Cuando el monarca contempló, tiempo después, el cuerpo de San Isidro, reconoció en él al pastor que se le había aparecido y que le había aconsejado en la batalla.

Madrid

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