De la "remontada" del PP al interés por Cs: morbo e incertidumbre en la Puerta del Sol
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FESTIVIDAD DEL DOS DE MAYO

De la "remontada" del PP al interés por Cs: morbo e incertidumbre en la Puerta del Sol

Todos los corrillos llevaban a la misma pregunta: "¿Y ahora qué va a pasar?". Los dirigentes del PP insistieron en que reflotarán la situación, mientras Ciudadanos saborea las encuestas

Foto: De la "remontada" del PP al interés por Cs: morbo e incertidumbre en la Puerta del Sol
De la "remontada" del PP al interés por Cs: morbo e incertidumbre en la Puerta del Sol

La Real Casa de Correos fue un hervidero el mediodía de este Dos de Mayo​. Las especulaciones sobre un posible boicot por parte de la oposición tras la caída de Cristina Cifuentes hicieron agua. No faltó apenas un diputado de todas y cada una de las formaciones políticas madrileñas. En las filas populares, el objetivo pasaba por intentar que la crisis institucional no se notara, especialmente el día de la Comunidad de Madrid. El presidente en funciones, Ángel Garrido, afrontó la jornada con cierta inquietud y dedicó a los asistentes un discurso de continuidad y fortaleza para la región sin mención alguna para la expresidenta. “Tocaba hacer un discurso institucional, de presente y de futuro”, explicaron desde su entorno.

Estaba confirmada la asistencia de la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, y de los vicesecretarios Pablo Casado (en todas las quinielas, candidato para la capital) y Javier Maroto. A última hora, también confirmó su asistencia la secretaria general del PP y amiga de Cifuentes —como no ha escondido en los momentos más difíciles—, María Dolores de Cospedal. Las dos mujeres más poderosas del Ejecutivo y del partido, respectivamente, arroparon la festividad aunque no cruzaron palabra en ningún momento. Cospedal sí compartió paseo y conversación con Garrido, en mitad de las especulaciones sobre quién ocupará la presidencia interina en la región hasta las próximas elecciones.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (i), y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal (d). (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (i), y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal (d). (EFE)

Y es que ese era el verdadero morbo entre tanta gente. Más de 1.000 invitados a la recepción en la sede del Ejecutivo autonómico y 250 periodistas acreditados en la totalidad de los actos. Los corrillos y las conversaciones entre dirigentes, alcaldes, diputados, empresarios, personajes del mundo de la cultura conducían a la misma pregunta. “¿Y ahora qué va a pasar? ¿Tú qué sabes?”, se decían unos y otros sin obtener respuesta. Muchas miradas estaban puestas en la vicepresidenta, ahora que su posible candidatura a la comunidad parece haber resurgido. Pero quien creyera que obtendría algún dato relevante, se quedó con las ganas porque la número dos del Gobierno de Rajoy no pisó la recepción para evitar entablar conversaciones al respecto. Igual que Cospedal, se marchó al término del desfile.

Casado sí atendió a todos los que se acercaban, aunque con poca concreción. Sí habló del futuro de Madrid y de la importancia de recuperar la normalidad cuanto antes. Estuvieron todo el Ejecutivo autonómico y los diputados del PP en la Asamblea de Madrid al completo salvo Cifuentes. También una amplia representación de los concejales en el ayuntamiento, encabezados por José Luis Martínez-Almeida. El mensaje desde las filas conservadores iba en una misma dirección: “Las encuestas son malas, pero reversibles”, apelando a la “remontada” en un bastión histórico para el PP.

En la otra cara de la moneda, los protagonistas de las encuestas. Ciudadanos decidió ceder todo el protagonismo a sus líderes madrileños. Ignacio Aguado y Begoña Villacís aparecieron en Sol escoltados por un cuantioso número de diputados y concejales naranjas, y también por los diputados nacionales Miguel Gutiérrez (secretario del grupo parlamentario) y Patricia Reyes (secretaria en la Mesa del Congreso). Insistieron en la prudencia a la hora de valorar los sondeos demoscópicos, pero una cierta euforia que rodea al partido de Albert Rivera —de viaje en Argentina y Chile— era inevitable. Más todavía teniendo en cuenta que, en parte, se convirtieron en las estrellas de la fiesta. Recibieron saludos de unos y otros. Rivales políticos, empresarios y habituales de los saraos donde se concentra el poder de la capital. Todos los asistentes notaron el interés que despertaban los centristas, con especial insistencia —siendo antes menos habitual— a Aguado.

Los portavoces del grupo parlamentario de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado (i), y del PSOE, Ángel Gabilondo (d). (EFE)
Los portavoces del grupo parlamentario de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado (i), y del PSOE, Ángel Gabilondo (d). (EFE)

PSOE y Podemos no fueron menos. Los socialistas también contaron con ‘llenazo’ de sus dirigentes, con Ángel Gabilondo y Puri Causapié a la cabeza, que estuvieron arropados por el secretario general, Pedro Sánchez, en los primeros actos, y por sus diputados y concejales en todo momento. El único expresidente autonómico que se acercó a la festividad fue Joaquín Leguina. Ni rastro de Ruiz-Gallardón, Aguirre y González. La formación morada contó con sus portavoces y diputados, y también con el cartel electoral para las próximas autonómicas: Íñigo Errejón y la parlamentaria Tania Sánchez, que también irá en la lista.

Otro de los mayores reclamos fue la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que intercambió varias palabras con Sánchez días después de que se conociera el ofrecimiento “informal” de José Manuel Franco, secretario general de los socialistas madrileños. La regidora madrileña saludó y se hizo fotos con todos los que se lo pidieron, que no fueron pocos. Su asistencia fue exitosa, pese a que no se confirmó hasta que Cifuentes dimitió, ya que estaba previsto que la portavoz municipal, Rita Maestre, acudiera a la cita en su lugar.

Y mientras tanto, a las puertas de la Real Casa de Correos, decenas de mujeres se manifestaban contra la sentencia de La Manada. "Hoy no hay nada que celebrar", repetían una y otra vez en una nueva concentración de indignación social ante el caso de los Sanfermines de 2016. "No es abuso, es violación", clamaron entre pitos, silbidos y caceroladas.

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