FISCALÍA PIDE prisión e internamiento médico

El drama de una anciana desesperada: "Yo envenené a mi hijo con 16 pastillas"

Vació en un recipiente 16 pastillas de medicamentos, las trituró con una batidora y echó su contenido en dos vasos de cristal. Su hijo falleció, pero ella sobrevivió

Foto: María Luisa, la anciana de Torres de la Alameda que intentó suicidarse, posa en su salón junto a un retrato del día de su boda. (Fotos: Natalia Lázaro Prevost)
María Luisa, la anciana de Torres de la Alameda que intentó suicidarse, posa en su salón junto a un retrato del día de su boda. (Fotos: Natalia Lázaro Prevost)

Lo sucedido en la mañana del 26 de noviembre de 2015 tritura la mente —y el corazón— de María Luisa Martínez como si fuese un delirio. Este lunes, la Fiscalía del área de Alcalá de Henares hacía pública la acusación contra "una octogenaria que mató a su hijo e intentó quitarse la vida porque no podía cuidarlo”. En su escrito, el Ministerio Público solicitaba el internamiento en un centro médico de la acusada más seis años de prisión con atenuante incompleta de alteración psíquica y agravante de parentesco. La información —cuando menos imprecisa— señalaba a María Luisa, de 85 años y vecina de Torres de la Alameda, como autora de un delito de asesinato. El Confidencial ha acudido al lugar de los hechos para investigar lo ocurrido y reconstruir la historia con sus protagonistas.

Todo empezó en la década de los cincuenta, cuando María Luisa se casó con el amor de su vida, un vecino del municipio de Torres de la Alameda que trabajaba en una fábrica de ladrillos. Por aquel entonces, María Luisa tenía 18 años, aunque una personalidad ya de mujer y un hijo en camino que se llamaría Tomás —el mayor de cuatro hermanos y que falleció hace dos años por motivos que a día de hoy la familia denuncia no conocer con claridad—. María Luisa era la primera de seis hermanos que, al fallecer su madre cuando su hija había cumplido solo los 12 años, pasaron a ser 11 con el nuevo matrimonio de su padre. Se había visto obligada a madurar más rápido de lo habitual y antes de la mayoría de edad se trasladó a Madrid capital para servir a una familia pudiente. Sin embargo, con el matrimonio no desaparecieron las dificultades y la vida la siguió poniendo a prueba.

Madre e hijo fueron trasladados al Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, donde a ella se le practicaron dos lavados de estómago

“Fui limpiadora de los uniformes de la Brigada de Paracaidistas de Alcalá de Henares [actualmente con base en Paracuellos de Jarama]", sentencia con firmeza María Luisa. Su memoria no titubea ni por un segundo y recuerda a la treintena de hombres que tuvo a su cargo: “Cada semana, los paracaidistas me traían hasta los calzoncillos y los calcetines”, explica desde el sofá de piel marrón de su casa en Torres de la Alameda. Lavaba a mano decenas de prendas militares en un barreño de madera que, durante los meses de invierno, le provocaba hasta heridas en las manos por el agua congelada. Ganaba cuatro pesetas, que junto al sueldo de su marido eran pocas pero suficientes para construir la casa en la que hoy pasa su íntimo calvario.

Se trata de la muerte de su hijo Tomás Romero Martínez, que dependió totalmente de ella a lo largo de sus 64 años de vida. Nació con una minusvalía mental, falta de movilidad y era sordomudo. Nunca pudo trabajar, pero su estado de dependencia empeoró cuando ya de mayor se quedó ciego. “Tomás siempre estaba en el campo de fútbol de Alcalá de Henares, le encantaba el deporte y colocaba la ropa de los jugadores, que le querían con locura”, recuerda su madre con un profundo dolor marcado en los ojos. Y sigue: “Cuando se quedó ciego, empezó a tener miedo de todo, ya no quería salir ni de su habitación y solamente hacía las cosas si yo estaba a su lado”. Su nieta Sandra lo corrobora: “Cuando mi abuela no estaba, mi tío se ponía nervioso, solamente quería estar con ella porque era quien lo había cuidado toda la vida”.

María Luisa sujeta una imagen de la Brigada de Paracaidistas, a quienes limpiaba sus uniformes. (N. L. P.)
María Luisa sujeta una imagen de la Brigada de Paracaidistas, a quienes limpiaba sus uniformes. (N. L. P.)

La vida de María Luisa nunca ha dejado de ser dura. Su marido también perdió la vista y se puso al mando de un quiosco de la ONCE en Alcalá de Henares hasta su jubilación, poco antes de que un cáncer de garganta se lo llevase. La pérdida del cabeza de familia tuvo lugar hace ahora cinco años y afectó de tal forma a su esposa que decidió mudarse con dos de sus hijos varones —entre ellos Tomás— a la casa de Torres de la Alameda, por aquel entonces su segunda residencia. Según el testimonio que la misma protagonista ha contado a El Confidencial, fueron el dolor acumulado y el deterioro de su salud por la avanzada edad los principales motivos que la llevaron a tomar la fatídica decisión de terminar con la vida de su hijo Tomás y la suya propia, aunque finalmente sobrevivió. "Yo envenené a mi hijo, quería que muriésemos los dos", confiesa con pena por no haberse ido ella también.

Los hechos se desencadenaron de la manera siguiente. Entre las 9:40 y las 12:00 del día 26 de noviembre de 2015, María Luisa Martínez Barranco, nacida el 10 de mayo de 1932 y sin antecedentes penales, decidió preparar un brebaje tóxico para ingerir. Según la nota informativa de la Fiscalía, la anciana vació en un recipiente 16 pastillas de medicamentos correspondientes a ibuprofeno, paracetamol, urbason y enantyum, entre otros. Los trituró todos con una batidora y echó su contenido en dos vasos de cristal. Acto seguido, le dijo a su hijo Tomás que se bebiera el primero de los vasos, sin que el mismo tuviera posibilidad de conocer su contenido, tomándose ella el segundo de los vasos. Ambos entraron en estado de inconsciencia por intoxicación. Su nieta Sandra, que había acompañado junto con su madre Loli a su otro tío al médico, los encontró tumbados en la cama de uno de los dormitorios cuando regresaron a la vivienda.

Maria Luisa, con su otro hijo, sujeta un retrato de Tomás, el fallecido, en la habitación donde les encontraron. (N. L. P.)
Maria Luisa, con su otro hijo, sujeta un retrato de Tomás, el fallecido, en la habitación donde les encontraron. (N. L. P.)

Madre e hijo fueron trasladados al Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares donde, según han explicado estos dos familiares a María Luisa, se le practicaron dos lavados de estómago mientras que al primogénito no. Sandra recuerda que su tío estaba consciente cuando ella entró en casa. “Nos avisaron que al día siguiente podíamos ir a recoger a mi tío porque ya estaba bien”, insiste Sandra. Tomás Romero Martínez falleció a las 15:00 del 27 de noviembre de 2015. En palabras del escrito de la Fiscalía, fue “a consecuencia de una hemorragia cerebral por sobreingesta medicamentosa”, sin embargo, los familiares confiesan que los médicos atribuyeron la causa de la muerte a “otra enfermedad”. Al parecer, la autopsia —a la que todavía no han tenido acceso— determinó que el fallecido tenía cáncer.

María Luisa Martínez está a la espera de un juicio todavía sin fecha con un jurado popular. La suya no fue una decisión improvisada sino un acto de amor desesperado, según defienden sus familiares. “Mi madre lo que no quería es dejarnos a nosotros la carga de nuestro hermano sabiendo que ella estaba mayor”, cuenta Loli. A esta anciana le duele no poder coser ya los trajes de disfraces para sus nietos y ver cómo el hijo que vive con ella —también con una discapacidad— limpia los rincones de la casa que ella no logra alcanzar. Todos los hijos han renunciado a cualquier tipo de indemnización por el suceso y denuncian la falta de consideración de algunas personas: “Estamos muy mal viendo lo que se dice de nuestra familia sin que nadie nos haya preguntado nada, tenemos miedo de lo que vaya a pasar porque lo que ha hecho mi madre lo hubiesen hecho muchas otras mujeres en su situación”, denuncia su hija Loli, que cada día va a casa de su madre a comer.

Los vecinos de la zona no sabían nada

Dos enanitos de piedra salvaguardan la casa de María Luisa, alzada tras una puerta de rejas negras. Llegar a ella no fue fácil, ya que la mayoría de las fuentes consultadas no conocían el caso. Entre ellos, los presentes en el Hogar del Jubilado, funcionarios del ayuntamiento y la Concejalía de Asuntos Sociales, agentes de la Policía Local, los vecinos que tomaban la sombra en la plaza del Sol y hasta la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, de la que estaba ausente el cura Álvaro hasta la misa de la tarde. “Nadie sabe ni quiere decir nada porque los que conocemos a María Luisa sabemos que fue algo muy íntimo, que decidió sin consultar con nadie porque pensó que era lo mejor para su familia”, confiesa un vecino, que prefiere preservar su anonimato, entre susurros. Y remata: “Es muy fácil juzgar cuando no conoces, pero una madre es capaz de hacer cualquier cosa por su hijo, aunque algunos no lo compartan”.

Madrid

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