tras la máquina, los gallos y babelia CAEN

Puigcerdá: el cierre del callejón de moda en Madrid amenaza empleos y cenas navideñas

La orden de cese de actividad del restaurante La Máquina puede en el callejón de Puigcerdà se amplía a Babelia y Los Gallos por irregularidades en el cerramiento de las terrazas

Foto:  El restaurante La Máquina, en la esquina de Puigcerdà con Jorge Juan, cerrado tras la orden del ayuntamiento. (EC)
El restaurante La Máquina, en la esquina de Puigcerdà con Jorge Juan, cerrado tras la orden del ayuntamiento. (EC)

La milla de oro gastronómica de Madrid, el enclave de los locales de moda de la capital en la calle de Puigcerdà, está en pánico desde este miércoles cuando se produjo el cierre del restaurante La Máquina —esquina con Jorge Juan, en pleno barrio de Salamanca— dejando en vilo a los 70 empleados que atienden mesas y cocina cada día y a sus propietarios, que este jueves celebran la vista con el ayuntamiento en un intento de aclarar la situación y reabrir el restaurante cuanto antes en fechas tan señaladas. "Esto es una faena. No lo pueden hacer", se lamentan empleados a las puertas del local. Pero el jueves por la mañana se confirmaron las peores sospechas para los empresarios de la zona: el Ayuntamiento también ha precintado los locales de al lado, Los Gallos y Babelia. Mañana celebrarán la vista con el consistorio.

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El miércoles hacia las 10 de la mañana acudieron hasta la mítica calle efectivos del consistorio con la orden de cese de actividad que ahora cuelga de varias de las puertas de los restaurantes. El Gobierno municipal es claro al respecto: los locales invaden espacio público a causa del cerramiento de las terrazas, y reanudar su actividad está tipificado como una infracción que podría conllevar multas de hasta tres millones de euros. Precisamente las quejas de los vecinos de los edificios colindantes al callejón gastronómico hicieron saltar las alarmas del ayuntamiento, que desde el pasado verano advierte a los propietarios de los ruidos, olores y difícil convivencia denunciados por el vecindario. "Esa terraza está cerrada porque es ilegal", insistía una vecina del número 11 de la misma calle.

Cartel del Ayuntamiento de Madrid que podía leerse ayer en el local.
Cartel del Ayuntamiento de Madrid que podía leerse ayer en el local.

Y La Máquina fue el primero, pero no el último. Finalmente, la orden de cierre llegó hoy mismo a sus competidores de al lado, Los Gallos y Babelia, ambos locales propiedad del empresario José Caldas, que también advierte del riesgo que pueden sufrir las 200 familias que dependen de sus trabajadores. "No sabemos qué tenemos que cambiar ni cuál es el problema", afirmó Caldas a los medios de comunicación tras conocer la noticia. Los locales tenían orden de continuar el ritmo habitual y los empleados, que critican las "continuas inspecciones" del ayuntamiento cada fin de semana, rezaban por que la situación no les llegue a salpicar "en estas fechas".

Precisamente el calendario es la mayor preocupación para el callejón de Puigcerdà, que acumula reservas hasta después del Día de Reyes. Empleados de La Máquina confían en que la vista prevista para la mañana de este jueves dé sus frutos. "Tenemos que volver a abrir. ¿Qué vamos a hacer con las reservas de Navidad o del último día del año?", se lamentan. El restaurante tiene reservas todos los días señalados del año y sus empleados no quieren ni imaginar los daños que causaría un cierre prolongado del local, lo que obligaría a cancelar las mesas para unas fechas tan emblemáticas. "¿Qué les vamos a decir a las familias si esto no se arregla?".

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En la otra cara de la moneda están las cenas de empresa, que esta semana y la próxima continúan coleando con todos los restaurantes de la ciudad prácticamente llenos. En la puerta de La Máquina, uno de los aparcacoches que trabajan con los clientes del callejón comenta que hace un rato una chica se ha acercado a conocer la situación del restaurante de primera mano. "Este jueves tienen la cena de empresa. Son 30 personas. A ver qué hacen ahora, porque es imposible encontrar otro sitio", afirma.

Pero en la acera opuesta, en el lado donde se encuentran los bloques de viviendas, la visión es muy distinta. "Pagamos alquileres altísimos como para estar sufriendo esta situación", se defiende una señora ante las preguntas de algún curioso. En el barrio es la noticia del día. Todos los transeúntes se paran a preguntar o comentan con sus acompañantes "lo de Puigcerdà". "Y si fuera poco el ruido y que no se puede ni pasar, también está el tema del tráfico", insiste un matrimonio de edad. Además de las ampliaciones de las terrazas, los vecinos insisten en que no pueden soportar los atascos que se generan en una calle tan estrecha y concurrida. "Siempre coches en doble fila, fíjese. Así no se puede bajar a la calle", repite la señora mientras su marido se acerca a un coche de la Policía Nacional.

Callejón de Puigcerdá. (Enrique Villarino)
Callejón de Puigcerdá. (Enrique Villarino)

Precisamente junto al restaurante de La Máquina, que pasa el día en oscuridad y cerrado a cal y canto, permanecen tres coches con matrícula diplomática durante un rato largo. "No hay derecho. Se tienen que ir de aquí", reitera el señor mientras pide apoyo a los agentes. El rifirrafe se alarga mientras la Policía se cerciora de la conveniencia de que los vehículos permanezcan ahí o no. Al final, la orden favorece los intereses de los vecinos: no se pueden parar. "¡Ven! No se puede", grita el matrimonio, animado tras saborear una pequeña victoria. Son los mismos que denuncian el recargamiento de la milla de oro gastronómica.

De vuelta al otro lado de la acera, la inseguridad retorna. Los restaurantes insisten en haberse sentido sorprendidos ante la acción del ayuntamiento. Los empleados del Cinco Jotas, el otro restaurante 'estrella', son los únicos que respiran tranquilos. Aseguran que ellos tienen "todos los papeles en orden" y que el cierre no les afectará. Las mesas continúan llenas, a pesar de ser las cuatro de la tarde. Los propietarios, por su parte, dicen querer formalizar las terrazas y los veladores a través de un procedimiento riguroso... pero el dictamen del consistorio —a falta de conocer la resolución de la vista este jueves— es claro: el cerramiento no cumple con los requisitos e invade espacio que no pertenece al ámbito del local.

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