cobran 18.600 euros brutos al año

Trabajar vigilando parquímetros: mileurista, insultos a diario y ¿en vías de extinción?

Hay 1.100 controladores del SER en la capital. Los sindicatos aseguran que en algunos barrios la plantilla se ha reducido un 50% y que siguen sufriendo agresiones: 200 al año

Foto: Un parquímetro de Madrid. (Foto: Pablo López Learte)
Un parquímetro de Madrid. (Foto: Pablo López Learte)

Un día cualquiera de la semana pasada. Cerca de las 15 horas. Los termómetros del Paseo de San Francisco de Sales, muy cerca de la glorieta de Cuatro Caminos, marcan los 33 grados. La jornada ya toca a su fin. Pilar (nombre ficticio) examina el tique de un vehículo. Todo en orden. De repente suena un pitido estridente a sus espaldas e inmediatamente llega el insulto del soez de turno, del maleducado de todos los días, del grosero impertinente: "Ya estás ahí multando hija de….", el final de la frase se amortigua con el sonido del tráfico. El incívico conductor que falta al respeto sigue ‘valiente’ su camino sin detenerse.

Bienvenidos al pan de cada día. Bienvenidos a uno de los 'curros' más incómodos, sin duda, de Madrid: los controladores de los parquímetros, un trabajo mal pagado, en muchos momentos ingrato y en vías de extinción. Patronal y sindicatos firmaron el mes pasado el tercer convenio colectivo que supondrá una subida salarial del 1% anual en los próximos tres años y que regula las condiciones laborales de un sector que tendrá importantes cambios organizativos a partir del 1 de enero de 2017: las cinco UTE que en régimen de concesión gestionan las siete zonas en las que se divide la capital pasarán a solo dos UTE con cuatro zonas.

"Creemos que es un buen convenio. Se ha negociado en dos meses. Ahora el salario medio es de 18.600 euros brutos al año. Teniendo en cuenta que se trata de personal no cualificado, con las subidas salariales de los próximos tres años llegarán cerca de los 20.000 euros. Tienen además 33 días naturales de vacaciones y tres días de asuntos propios", señala un portavoz de las adjudicatarias Devas y VEA, que gestionan tres de las siete zonas de Madrid. "Somos mileuristas. No engañemos a nadie. Por siete horas de trabajo diario. En la calle, con frío en invierno y con calor en verano. Expuestos al público. Hay compañeros que ganan 1.051 euros limpios al mes. Es lo que hay", señalan desde UGT. En CCOO son más optimistas: "Teniendo en cuenta la situación económica del país y el convenio que hemos firmado, no está tan mal".

"Somos mileuristas. No engañemos a nadie. Por 7 horas de trabajo diario. Con frío en invierno y con calor en verano. Expuestos al público. Es lo que hay"

El Confidencial ha hablado con siete controladores. Todos piden conservar el anonimato para no tener represalias y todos coinciden en diagnosticar el gran problema que conlleva su trabajo: las agresiones. Las verbales son diarias y las físicas, aunque han disminuido, son cada vez más violentas. ¿Por qué? "Porque nos exigen ser más estrictos, menos comprensivos con las situaciones cotidianas y por culpa del SER inteligente", que se implantó el 1 de julio de 2014 en la capital. Desde entonces los parquímetros obligan a introducir la matrícula del vehículo y a completar más pasos para obtener el tique.

"Un sistema más injusto para recaudar"

"Todo esto genera más problemas. El parquímetro te da el tique aunque te equivoques, por ejemplo, al poner solo un número de tu matrícula. El conductor ha sacado el tique y ha pagado, y aunque no se haya pasado de hora hay que multarle porque la matrícula está mal. Lo mismo pasa si un conductor paga por cuatro horas, el límite, y dentro de ese plazo aparca en otro barrio distinto al que sacó el tique. Aunque esté dentro del tiempo permitido está en una zona distinta y hay que multarle. Es un sistema más injusto y que solo busca recaudar", explican desde CCOO. El año pasado el Ayuntamiento recibió 180 quejas diarias denunciando el mal funcionamiento de los parquímetros.

Una trabajadora del Servicio de Estacionamiento Regulado. (EFE)
Una trabajadora del Servicio de Estacionamiento Regulado. (EFE)

Los datos sobre sanciones también son reveladores. El Ayuntamiento de Madrid formuló durante el pasado año un total de 2.099.475 denuncias de tráfico por un valor de 206.714.400 euros. El 56% de las sanciones llevaban la firma de un controlador del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). "Nos piden ser más estrictos. El tiempo de cortesía para un conductor que se ha pasado de hora no debe superar los 10 minutos".

Todo esto conlleva más violencia verbal y que las agresiones físicas sean cada vez más violentas, señalan los trabajadores. "Las verbales no se denuncian. No tienen sentido. Es su palabra contra la tuya". En cuanto a las físicas, UGT asegura que hay de media unas 200, aunque el récord se vivió en el año 2012 con 243 agresiones. No todas se denuncian. Desde los sindicatos relatan casos reales: un conductor fue multado con 160 euros por tirar a una controladora al suelo y arrastrarla por los pelos; otro tuvo una condena de 16.000 euros por un puñetazo a un controlador que le provocó graves daños en un ojo y que perdió parte de una oreja en la caída; otro conductor huyó tras rociar con espray pimienta a un controlador. A otro le tiraron por la cabeza un bote de pintura unos pintores que habían sobrepasado el límite de aparcamiento y multados. "Yo fui condenada a 50 euros porque una conductora me intentó tirar al suelo y al defenderme me sujeté de su pelo. A las dos nos multaron con 50 euros. Fue su palabra contra la mía", señala una de las trabajadoras entrevistadas.

Un parquímetro con el mensaje 'alta polución cuando el Ayuntamiento de Madrid prohibió aparcar.
Un parquímetro con el mensaje 'alta polución cuando el Ayuntamiento de Madrid prohibió aparcar.

UGT pone un ejemplo muy reciente, cuando el Ayuntamiento gobernado por Manuela Carmena activó hace unos meses el protocolo por alta contaminación que prohibió a los no residentes aparcar en el centro de Madrid. "Un conductor agredió con una fuerte patada en la rodilla a un compañero que tuvo que estar 21 días de baja. Y luego huyó. Fue detenido porque salió corriendo y se dejó a su esposa perpleja en el lugar de la agresión".

Las bajas no se reponen

Aunque no dan datos, desde las empresas señalan que las agresiones han ido disminuyendo con el paso de los años. "Ya no hay el nivel que había al principio, cuando el SER se implantó en el año 2002". Las UTE que prestan el servicio aseguran que dan cursos de gestión de conflictos a sus trabajadores para que aprendan a lidiar con estos problemas y que todos los que son agredidos cuentan con el servicio jurídico de sus compañías para ir a juicio.

"La verdad es que seguimos estando mal vistos. Cuando publicasteis en vuestro medio lo del recaudador que había robado dinero trucando una placa de los parquímetros tuvimos que aguantar esos días algún que otro insulto llamándonos ladrones", explica otro controlador.

Otro de los graves problemas a los que se enfrenta la plantilla es la disminución de efectivos. Desde UGT señalan que se han perdido 700 trabajadores desde 2008. Ahora hay unos 1.100. Las adjudicatarias ahorran costes y han detectado que las nuevas tecnologías ayudan a ello. Desde enero de 2015 varios coches recorren la capital con dos cajas adosadas al techo con cámaras en su interior que enfocan hacia los laterales de la calzada en ambos sentidos. Los vehículos escanean las matrículas de los coches aparcados en las plazas verdes y azules. Los datos se trasladan al sistema informático centralizado, que da la voz de alarma en caso de que el propietario de un vehículo no haya abonado la tasa o se haya pasado de tiempo.

Uno de los coches con cámaras en el techo.
Uno de los coches con cámaras en el techo.

Los coches solo pueden denunciar en el momento las infracciones de tráfico, como la doble fila, pero detectan al comprobar la matrícula si está pagado el tique y si sigue dentro de hora. Si hay alguna irregularidad, avisan a controladores que van en moto o a pie para que multen. "Las nuevas tecnologías provocarán que cada vez se necesite menos personal", se lamentan desde UGT y CCOO, que aseguran que la reducción de la plantilla es un goteo que no cesa. Ya sea por despidos disciplinarios (te pueden echar si un inspector te pilla, por ejemplo, haciendo una llamada telefónica personal en tu tiempo de trabajo o si te pasas con frecuencia de los 20 minutos de desayuno que tienen los que trabajan en el turno de mañana), por despidos objetivos (te pagan la indemnización) "o porque te invitan a marcharte”, muchas de las zonas "han perdido hasta un 50% de la plantilla". Es lo que llaman la mecanización del servicio, que avanza en detrimento del personal.

También ha ayudado que los nuevos pliegos de los nuevos contratos que se han firmado ya no obligan a que la adjudicataria tenga que tener un ratio de controladores por número de plazas. De las siete zonas en las que se distribuye Madrid, en cuatro ya no se aplica ese ratio. Y a partir de enero de 2017 no se aplicará en ninguna zona. Es el contrato que la anterior alcaldesa, Ana Botella, del PP, adjudicó en 2014 por 862,4 millones repartidos en 12 años y que dividió la ciudad en cuatro lotes. El servicio fue adjudicado a dos UTE. La primera, formada por Dornier, API Movilidad, Vinci Park, Setex y Electronic Trafic; y la segunda, por Estacionamientos y Servicios, Valoriza, Tevaseñal y Montajes y Obras.

La exalcaldesa, Ana Botella. (EFE)
La exalcaldesa, Ana Botella. (EFE)

"Los coches hacen el trabajo de 15 controladores". Desde las empresas niegan que haya presiones. "El 85% de las bajas son voluntarias. Gente que se va porque encuentra otro trabajo". Las UTE, no obstante, aseguran que no se reponen las bajas pero que el servicio se está cumpliendo a la perfección. En Madrid hay 3.924 parquímetros para regular 154.500 plazas, según datos de diciembre de 2015. "Sustituir al personal es un error. El usuario necesita al controlador muchas veces para aclarar dudas y trasladar las quejas. La mecanización del servicio conllevará además un aumento de las sanciones", concluyen desde UGT.

Este es un trabajo de mujeres. Más del 75% de la plantilla son féminas. Pilar acaba la jornada. Empapada en sudor. La gorra ha ayudado a que el día haya sido más llevadero. Se está meando. Menos mal que en un bar que conoce la dejan entrar al urinario sin consumir nada. Hoy ha puesto 15 multas. Se despide. Un conductor le deja un último regalo: una ‘peineta’ con el dedo mientras circula a su lado. "Es lo que hay".

Madrid

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