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Así son los despachos de las mujeres que mandan en Madrid
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VISITA A SUS DESPACHOS, DONDE trabajan CADA DÍA

Así son los despachos de las mujeres que mandan en Madrid

El poder de Madrid está en manos de mujeres desde el pasado 24 de mayo. El Confidencial visita a las principales representantes políticas, que abren sus despachos y cuentan cómo es su día a día

Las elecciones autonómicas y municipales del pasado 24 de mayo configuraron un mapa político femenino que la democracia española no había visto antes. Aunque existen casos en prácticamente todas las regiones, Madrid es el más significativo: los principales cargos de representación pública los copan hoy mujeres. Cristina Cifuentes, al mando de la comunidad, Concepción Dancausa, frente a la Delegación del Gobierno, y Manuela Carmena, alcaldesa en el consistorio. También en el resto de partidos del ayuntamiento: la jefa de la oposición, la popular Esperanza Aguirre, la socialista Purificación Causapié y la portavoz de Ciudadanos, Begoña Villacís. Las expertas consultadas coinciden en que la proliferación del mundo femenino en la vida pública mucho tiene que ver con las exigencias de la denominada nueva política.

Según Inma Aguilar, asesora y experta en comunicación política, "los valores asociados a las mujeres sociológicamente, como empatía, diálogo o colaboración, son precisamente el mayor reclamo de la sociedad en esta nueva etapa". En esa línea, la politóloga Silvia Claveria asegura también que los nuevos problemas sociales a los que tanta importancia da hoy la política "obligan a conceder un mayor protagonismo a las mujeres".

Aunque el salto al nivel nacional deberá esperar por lo menos cuatro años más, el 24-M fue una revolución en este sentido. Casi el 20% de los ayuntamientos españoles está dirigido por una mujer, y el 35% de las concejalías también tiene una política al mando. En Madrid, de una u otra forma, las representantes públicas electas estrenaron tras las elecciones sus nuevos despachos. Cada uno es distinto del anterior, acorde a su personalidad y su actividad. No todas le dan el mismo uso ni pasan las mismas horas entre sus paredes. Algunas valoran el silencio y otras prefieren la actividad frenética de las constantes visitas. Cada una, como los partidos que representan, son un mundo distinto.

Las expertas aseguran que los valores asociados a las mujeres sociológicamente son el mayor reclamo de la nueva política

Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) ejerce su labor de presidenta desde una "ventana abierta" a Madrid. En sentido literal, porque los ventanales se asoman a la Puerta del Sol. Abandonó la delegación y fue investida con el apoyo de Ciudadanos tras ser la fuerza más votada en el Parlamento autonómico. A pesar de las dimensiones del despacho, la presidenta asegura que para trabajar solo necesita una mesa y una silla "cómoda por la espalda", aunque lleva consigo un cojín de casa para el respaldo.

Tiene la -mala- costumbre de "acumular muchas cosas" y recuerda con amargura las últimas mudanzas. De hecho, todavía no ha tenido tiempo de deshacer las últimas cajas, aunque reconoce que en cuanto llegó a la Puerta del Sol colgó tres cuadros que la acompañan desde hace 15 años. Un Tintín que pintó su marido, una pintura de un guerrero chino que compró en Singapur y, su preferido, uno que pintó su hija cuando tenia nueve años. "Para mí tenerlo aquí es como estar en casa". Los 'fetiches profesionales' que siempre van con ella: el tricornio de la Guardia Civil y la gorra de la Policía Nacional. "Ser la jefa de ambas fuerzas ha sido un honor", recuerda con cariño.

Concepción Dancausa (Burgos, 1952) tiene una dilatada trayectoria política, y tras la marcha de Cristina Cifuentes ocupa ahora el cargo de delegada del Gobierno en la comunidad. El suyo es un "privilegio" de despacho ubicado en un elegante palacete de la calle Miguel Ángel que antes fue la Embajada de Japón. "Es amplio y muy silencioso", reconoce la delegada, que ha pasado por muchos otros, teniendo en cuenta que fue concejala en el consistorio, diputada y presidenta de la Asamblea y parlamentaria en las Cortes Generales. Aun así, asegura "no tener demasiado apego a los lugares, sino a las personas".

Sí hay ciertos fetiches que la acompañan siempre, como una miniatura de la catedral de Burgos -en honor a su tierra natal-. El escritorio lo preside un retrato de Felipe VI, y uno de los muebles está repleto de marcos con fotografías, algunas familiares y otras con las personas que han marcado su vida profesional, como Esperanza Aguirre o Alberto Ruiz-Gallardón, y miembros de la Casa Real, a los que reconoce su trabajo por España. Hay dos cosas de las que no se separa en todo el día: las gafas y el móvil. "Lo primero no tiene remedio" y lo segundo... tampoco. "Este trabajo es así y soy delegada del Gobierno las 24 horas".

Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) divide sus jornadas diarias en dos despachos. Por un lado, el de presidenta del PP madrileño en la mítica sede de la calle Génova y, por el otro, un sencillísimo escritorio ubicado en el edificio de grupos municipales de la calle Mayor que corresponde a la portavocía de los populares en el consistorio. La 'lideresa' se levanta a las siete cada día y escucha la radio todas las mañanas. En la oficina de la calle Mayor se reúne con miembros de asociaciones y fundaciones.

Ha pasado por muchos despachos -lo ha sido casi todo en el Partido Popular-, aunque en el de la sede nacional de la formación, que ocupa desde 2002 y que antes fue de Pío García Escudero- tiene fetiches muy especiales. Una raqueta de Rafa Nadal, un capote de Cayetano Rivera dedicado cuando confirmó alternativa en Madrid en 1996 y muchas fotografías. La mayoría, políticas. Las hay de campañas electorales con 'pesos pesados' del partido, con los expresidentes de la comunidad -Joaquín Leguina, Alberto Ruiz-Gallardón e Ignacio González- y con los actuales Reyes. En la mesa de reuniones, la esperan los miembros de su equipo.

La portavoz municipal socialista, Purificación Causapié (Guadalajara, 1964), suele empezar la jornada sobre las nueve de la mañana. Aunque reconoce que a veces pasa "demasiado tiempo en el despacho", lo que más le gusta es salir a la calle y encontrarse con la gente. Su oficina es austera. No le da importancia a cómo es sino para qué sirve. "Un despacho debe ser un espacio de trabajo". En este, ubicado en el edificio de grupos, además, cayó de pronto. Tras la destitución de Antonio Miguel Carmona, pasó a ocupar la portavocía de los socialistas de Madrid. "Tengo que traer algunos cuadros pero he estado demasiado atareada", confiesa. Aun así, guarda algunas referencias -de especial significado para ella- que mucho tienen que ver con su compromiso con el PSOE y el feminismo, una lucha a la que ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional. Arrastra con ella un cuadro que le regalaron un grupo de mujeres que decía: "Juntas podemos conseguir la igualdad". Sí reconoce estar 'pegada' siempre al móvil y al iPad, sus dos herramientas básicas de trabajo.

La portavoz del grupo municipal de Ciudadanos, Begoña Villacís (Madrid, 1978), es novata en la cosa pública. Cuando intenta describir su nueva vida, se da cuenta de que no hay un día a día como tal. "Este trabajo es muy activo y no existe una rutina". Lo dice solo con cierta resignación, porque reconoce estar enganchada a eso de "no parar quieta un minuto". Todos los días trabaja en el despacho de la tercera planta del edificio de la calle Mayor, aunque no tiene mucha intención de 'hacerlo suyo' porque entiende que es algo transitorio, "tendrán que renovarme los madrileños". Aun así, no faltan fotografías de sus hijas. "Ahora que no paso tanto tiempo con ellas, me gusta verlas aquí".

Todavía no ha colgado sus cuadros pintados por ella misma, y las caracolas de la mesa, sin embargo, las cogió haciendo buceo. Hay dos plantas importantes en el despacho de la abogada. Un ramo de flores que le llevó "una señora muy fan de Ciudadanos" a la sede de la calle Carranza, "me hizo muchísima ilusión". La otra la compró hace 14 años con su marido cuando se fueron a vivir juntos. Aunque en el grupo municipal tiene una sala de juntas, prefiere reunirse con su equipo en el despacho, que, insiste, "tiene siempre la puerta abierta".

La remodelación de Carmena

La nueva alcaldesa en el consistorio de la capital, Manuela Carmena (Madrid, 1944), -que no ha querido participar en este reportaje con el resto de las representantes públicas de la ciudad- está actualmente reformando el despacho que heredó de Ana Botella, por entender que era innecesariamente amplio y tenía demasiadas salas de reuniones. Las obras de racionalización del espacio en la cuarta planta del Palacio de Cibeles tendrán un coste de 148.102 euros. Aunque este diario no ha tenido acceso al despacho, en principio se dividirá en tres partes: una será la sala de las juntas de gobierno, otra será utilizada por miembros del Gabinete de alcaldía y personal administrativo, y el tercer espacio será el despacho que utilice la alcaldesa con un lugar para las visitas. El gran salón institucional desaparecerá y pasará a ser un espacio diáfano donde se instalarán diversos puestos de trabajo, igual que ocurrirá con la sala en la que hasta ahora se celebraban las juntas de gobierno. El consistorio explicó que el coste de la remodelación quedará amortizado al reubicar 54 puestos que hasta ahora se encontraban en edificios que costaban a las arcas municipales 203.000 euros al año.

Las elecciones autonómicas y municipales del pasado 24 de mayo configuraron un mapa político femenino que la democracia española no había visto antes. Aunque existen casos en prácticamente todas las regiones, Madrid es el más significativo: los principales cargos de representación pública los copan hoy mujeres. Cristina Cifuentes, al mando de la comunidad, Concepción Dancausa, frente a la Delegación del Gobierno, y Manuela Carmena, alcaldesa en el consistorio. También en el resto de partidos del ayuntamiento: la jefa de la oposición, la popular Esperanza Aguirre, la socialista Purificación Causapié y la portavoz de Ciudadanos, Begoña Villacís. Las expertas consultadas coinciden en que la proliferación del mundo femenino en la vida pública mucho tiene que ver con las exigencias de la denominada nueva política.

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