ANALIZAMOS EL PLAN DE MANUELA CARMENA

¿Cuánto costaría cambiar el callejero? Cifras, quejas de empresarios y vecinos nerviosos

La alcaldesa de Madrid ha advertido que cumplirá la Ley de Memoria Histórica. Hasta 162 calles podrían de nombre. ¿Cuánto cuesta poner y mantener una placa? ¿Qué piensan los vecinos?

Foto: Calle Caídos de la División Azul, una de las vías que podría desaparecer.
Calle Caídos de la División Azul, una de las vías que podría desaparecer.

El callejero de Manuela Carmena saldrá adelante. La alcaldesa de Madrid dice que no está entre sus prioridades más urgentes -entre las que sí se encuentra combatir la malnutrición infantil de la capital- pero reconoce que su Ejecutivo cumplirá la Ley de Memoria Histórica y se revisarán las vías madrileñas que estén infringiendo la normativa. Ahora Madrid deberá decidir el criterio por el que seleccionará los nombres franquistas que a su juicio deben desaparecer de las páginas blancas madrileñas.

Como punto de partida tiene al menos tres catálogos elaborados por historiadores y asociaciones a favor de la memoria histórica, pero de distinto tamaño y método de elaboración. Entre unos y otros hay más de cien registros de diferencia, entre los que se pueden encontrar nombres del mundo de la cultura, el espectáculo y los negocios, y que estuvieron de alguna manera relacionados con el el régimen del franquismo. Era el caso de personajes como el pintor Salvador Dalí o el expresidente del Real Madrid Santiago Bernabéu, una calle con la que Carmena ha reconocido no tener ningún problema. “Habrá que distinguir lo que nos obliga la Ley de Memoria Histórica de otras cosas”, explicó la regidora en rueda de prensa el jueves. Estos puntos son parte de lo que establece el artículo 15 de la la normativa al respecto:

  1. Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas.

  2. Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.

El Confidencial ha puesto en común el catálogo del historiador Antonio Ortiz y el listado denominado 'Simbología exaltadora de la Guerra Civil y Dictadura' recogido en el derecho de petición que el abogado Eduardo Ranz elevó el 14 de abril de 2015 para que fueran retirados “de manera inmediata”. El resultado obtenido arroja 162 registros de direcciones que en su mayoría rinden homenaje a políticos, empresarios, combatientes y aristócratas que, de una manera u otra, aparecen vinculados a ese periodo de la Historia de España.

Sin embargo, el callejero actual también contempla otros nombres como Caídos de la División Azul, Batalla de Belchite, Mártires de Paracuellos y Primero de Octubre, que rememora la fecha en la que Franco fue nombrado jefe de Estado por las tropas sublevadas. Se incluyen asimismo referencias bélicas como la Avenida de la Paz, en homenaje a los “XXV años de paz” con los que se solía identificar el cuarto de siglo que siguió a la Guerra Civil, o la propia plaza del Caudillo, que hasta 1953 se llamó Plaza del Generalísimo.

Lavado de cara a las calles por 53.000 euros

Cambiar el nombre de una calle no es cosa de un día. Fuentes de la División de Mantenimiento del Callejero del Área de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Madrid reconocen que no es habitual nombrar o renombrar listas masivas de calles. “Sólo cuando se construye una zona nueva o cuando hay una decisión política se cambian nombres”, explican.

En caso de que por decisión política se hiciera una renovación completa de simbología franquista y falangista en el callejero madrileño, el Pleno del Ayuntamiento se sentaría a debatir para pensar en nuevos nombres sustitutorios con los criterios que establece una ordenanza municipal de 2013 recogida en el BOAM. La norma sugiere mantener la ”nomenclatura predominante en la zona” y “los nombres consolidados por el uso habitual”.

El consistorio establece también los requisitos de los contratos de mobiliario urbano, y especifica en un pliego de condiciones de 2012 (la última ordenanza y actualmente vigente a este respecto) que en el caso concreto de las “placas de señalización de calles vitrificadas” el gasto de colocar y mantener cada una puede ascender a los 292 euros por unidad. Por otro lado, según distintos fabricantes de placas consultados por El Confidencial, el precio medio calculado por impresión de cada una rondaría los 35 euros. Si bien, según explica la propietaria de una de las empresas que ya ha trabajado con antiguos ejecutivos madrileños, las cifras pueden cambiar. Las placas metalizadas de un tamaño habitual que sería de 48x24 centímetros, “más comunes en los nuevos tiempos por ser más económicas y fáciles de limpiar y mantener”, en fondo azul y sin escudo de la ciudad, suelen costar entre 32 y 38 euros más el IVA. Las placas en cerámica -más habituales en zonas antiguas y emblemáticas como en el Madrid de los Austrias- suelen ser un 50% más caras por tratarse de una labor puramente artesanal. “En todo caso es decisión del Ayuntamiento”, explica la dueña de la fábrica.

 

 

Según estas cifras, el coste de cambiar las placas de 162 calles madrileñas -siempre en chapa de acero y azul oscuro Pantone 2757C, con la tipografía habitual que se corresponde a 'Gil Sans MT Condensed', al ser la marca el modelo homologado- podría suponer un gasto para el Ayuntamiento de unos 53.056 euros. Sólo por la impresión y mantenimiento.

Para quienes trabajan a diario con vías, calles y avenidas, como el servicio de mapas del gigante Google y Correos, el cambio no supondría “ningún gasto adicional” porque en ambos casos es frecuente hacer modificaciones, tal y como confirman a este diario. El buscador recalca que los usuarios “pueden llegar a hacer decenas de miles de ediciones al día”, mientras la empresa postal explica que su verdadera referencia “son los códigos postales y no el nombre de la vía”. No obstante, Correos asegura que daría un plazo “de uno o dos años” para que los ciudadanos y la Administración reportaran cada cambio de nomenclatura antes de devolver la correspondencia.

Comerciantes y vecinos, los grandes afectados

Los que sí están más preocupados con el cambio de nombres de las calles son los pequeños empresarios que regentan negocios en las mismas. Lara, que regenta una peluquería en la Calle Caídos de la División Azul, asegura que serán los comerciantes quienes acaben “pagando el verdadero coste del cambio”. Insiste en que cambiar las tarjetas, las carteleras, las direcciones de todos los sitios en donde las tienen publicadas y la confusión de la clientela son unos cuantos gastos que no quiere asumir. “Sumas y sumas y al final los números suben. Y no están las cosas para andar gastando así como así”, se queja al otro lado del teléfono. “Sinceramente, me parece una chorrada. Lo de los nombre está superado y no creo que sea el momento de andar cambiando nada”.

Jorge regenta un restaurante en la calle General Yagüe, otra de las vías susceptibles de desaparecer, y tampoco está de acuerdo con el cambio. “Estas vías son muy emblemáticas, Capitán Yagüe, Capitan Haya… como todos los comercios y oficinas tengamos que cambiar nuestros nombres, podemos tener muchos problemas. Imaginate las empresas que tienen mayores estructuras. Es un verdadero lío. ¿Quién va a pagar los cambios derivados del plan de la Alcaldesa? ¿Nosotros?”, se pregunta el emprendedor madrileño.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (EFE)
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (EFE)

Los vecinos, sin embargo, tienen opiniones diversas. El presidente de la Federación de Vecinos de Madrid, Enrique Villalobos, asegura que los cambios afectarán a toda la ciudad “para bien”. El representante de los vecindarios insiste en que se trata de una inversión a largo plazo para “democratizar el callejero y la ciudad”. Villalobos cree que el Ayuntamiento debe cumplir la Ley de Memoria Histórica y que cumplir hará a Madrid “más libre”. E incluso insiste en que “si un concejal no puede ser intolerante, sería absurdo permitir que una ciudad lo fuera a través de sus nombres”.

Vecinos de la Colonia de Primo de Rivera, a sólo unas calles de la plaza Arriba España, no contemplan cambiar el nombre. Es el caso de Pablo Porteros, presidente la Asociación Vecinal y Cultural de esta Comunidad ubicada en el barrio de Prosperidad, porque no lo ve como una cuestión ideológica, sino logística. “A los vecinos les da lo mismo el nombre, se ríen, suena un poco raro, pero también es verdad que es una colonia histórica desde 1947 y yo no sé hasta qué punto cambiarle el nombre será un problema administrativo y podría acarrear problemas”, comenta. Aunque hace unos años los vecinos plantearon sacar del callejero el lema franquista “Arriba España”, Porteros reconoce que ese no es para nada el mayor de sus problemas: “Aspiramos a que el Gobierno municipal se encargue de la conservación de zonas verdes y comunes, no a que las calles tengan un nombre u otro”.

Madrid

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