pagó 3.000 € por su 'actuación' en ribadeo

Los gastos en 'atrezzo' del pequeño Nicolás: 28.000 € en berlinas con chófer en 18 meses

La empresa que le alquilaba vehículos de alta gama entrega a la investigación detalles de los viajes que solicitaba el chaval: restaurantes, despachos de abogados, casas particulares...

Foto: Mapa de los puntos donde los coches recogían al Pequeño Nicolás. (Elaboración propia)
Mapa de los puntos donde los coches recogían al Pequeño Nicolás. (Elaboración propia)

Aparentar una vida que no es de uno tiene su precio. El ‘pequeño Nicolás’, a quien todavía no se le conoce un oficio reconocido, se gastó casi 28.000 euros en año y medio en contratar los servicios de Cabify, una empresa que pone a disposición de sus clientes coches de alta gama con chóferes. Francisco Nicolás Gómez Iglesias, que fue detenido por inventarse que colaboraba para el Gobierno, solicitaba reservas anticipadas o peticiones inmediatas para traslados propios o de terceros. No le importaba el coste del trayecto. La tirada más cara que abonó fue el verano pasado, cuando pagó 2.219 euros por disponer de un coche de alta gama en Segovia durante cinco días.

El origen y el destino de los viajes que reservaba el ‘pequeño Nicolás’ eran de lo más variopintos, según consta en la documentación que la empresa de rent a car entregó al juez del caso Nicolas, en poder de este diario. El muchacho normalmente solicitaba el servicio para que lo recogieran en su casa y, dependiendo de la jornada, volvía a pedir otro coche para unas horas después. El caso más espectacular fue el famoso día que se trasladó a Ribadeo escoltado por cuatro vehículos de alta gama presuntamente oficiales. Dos de ellos no lo eran, ya que pertenecían a esta empresa privada y Nicolás abonó los 3.000 euros que le costó vestir con aparente oficialidad un almuerzo donde esperaban al rey Felipe VI. La estrambótica puesta en escena se inició en el Paseo de la Habana. Tres conductores y dos Audis A6 propiedad de Cabify recogieron al chaval a las cuatro de la madrugada del 14 de agosto. El objetivo era llegar a Galicia al mediodía y, por el camino, se grabó a sí mismo escoltado por un amplio dispositivo móvil para presumir ante sus amigos. Un error de principiante que propició su detención.

La relación que mantuvo con la compañía de coches de alquiler no siempre fue buena. Nicolás se obsesionó con que le dejasen viajar en sus coches gratis y, para conseguir su objetivo, se inventó que trabajaba para la Casa Real. Esta era la razón por la que pedía insistentemente en cada viaje que el coche no circulase con placa SP (servicio público). Sus ansias de poder llegaron tan lejos que un día invitó a comer en el Club Puerta del Hierro a los dueños de esta empresa y les ofreció 5 millones de euros por ella. Esta vía no fructificó y entonces pidió que cargaran todos los gastos a una cuenta de otro usuario, cuyo nombre y clave se sabía. Los propietarios de la compañía se negaron y Francisco Nicolás desapareció hasta unos meses antes de su detención, cuando volvió a necesitar sus servicios.

El adolescente más famoso de Madrid pedía habitualmente coches de lujo para impresionar a sus interlocutores. También solía exigir el chófer que quería que le acompañase en su nueva aventura y dejaba mensajes tan surrealistas como este: “Estoy en la iglesia”. Acudía a cualquier hora a casas de particulares, a restaurantes (Paseo de la Habana, Puerta de Hierro, La Dorada...) u hoteles (Meliá Castilla, Villa Magna), al Teatro Real, al aeropuerto de Barajas, a la estación de Atocha... en Madrid o fuera de la capital. No importaba el coste ni el lugar. La primera tirada que reservó fue el 17 de marzo de 2013 para ir al casino de Torrelodones, un trayecto de menos de cuarenta kilómetros por el que se dejó 205, 98 euros. El último viaje no lo llegó a abonar: fue el día de su detención.   

Justo el día de antes, Francisco Nicolás se gastó casi 400 euros en que dos vehículos de Cabify lo transportaran por Madrid. El primer trayecto, el de las 9.30 de la mañana, le costó 315 euros. Pasadas las 8 de la tarde, volvió a solicitar un servicio que lo dejó en la madrileña calle de Potosí. Ese mismo día se reunió al mediodía con el abogado Juan Untoria, el letrado que defendió a Javier Martínez de la Hidalga, el empresario que prestó dinero al chaval. Un mes antes, el 12 de septiembre, Francisco Nicolás alquiló un coche a las seis de la tarde para que le transportara desde el Work Center de la calle Raimundo Fernández Villaverde hasta el número de la calle Ayala, donde el abogado de Martínez de la Hidalga tiene su despacho. Allí estuvo durante hora y media. Otro vehículo de alquiler le recogió en la puerta de la oficina del letrado y, antes de dejarlo en su casa, pasó por la sede de Manos Limpias.  

Los viajes de Manos Limpias

Otro día especialmente frenético para el joven estudiante de Cunef fue el 31 de julio. Otro imponente vehículo lo recogió en su casa, lo llevó a Puerta de Hierro, después pasó por Executive Forum (empresa que organiza desayunos informativos y donde colaboraba activamente el chaval), visitó el chalet de El Viso que utilizaba como centro de operaciones y terminó el servicio en el ministerio de Economía “donde está Legaz”. Ese día se dejó por el camino 438,5 euros. 72 horas antes pagó casi 600 euros por un trayecto que empezó y terminó en la calle Ferraz, en la sede de Manos Limpias, aunque no es el único viaje que compartió con su presidente, Miguel Bernad, que denunció públicamente que había viajado con el chaval en un vehículo oficial propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Lo que no contó Bernad es que el 25 de septiembre, tres semanas antes del arresto del muchacho, un coche de alquiler recogió a Nicolás en su casa, pasaron a buscarlo, fueron juntos al chalet de El Viso y al paseo de la Habana. Juntos, hicieron un trayecto que costó 441 euros y abonó íntegramente el ‘pequeño Nicolás’.   

Frecuentemente, el adolescente alquilaba un Audi A6, un vehículo que solía utilizar un rotativo modelo V-1 de color azul, idéntico a los que usan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, lo que permite que los demás coches que circulan le faciliten el paso. El chaval también se beneficiaba así de la apariencia de vehículo oficial, ya que el conductor aparcaba en doble fila o dejaba el coche mal estacionado sin ser multado, lo que contribuía a reforzar su puesta en escena frente a quien fuera su interlocutor.

Madrid

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