“Los militares sufrieron la censura de Zapatero que escondía que estábamos en guerra”
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MAYTE CARRASCO, REPORTERA DE GUERRA 'FREELANCE' Y ESCRITORA

“Los militares sufrieron la censura de Zapatero que escondía que estábamos en guerra”

ENTRE FANTASMAS Carrasco (Tarrasa, 1974) cubre conflictos armados para

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“Los militares sufrieron la censura de Zapatero que escondía que estábamos en guerra”

ENTRE FANTASMAS

Carrasco (Tarrasa, 1974) cubre conflictos armados para prensa nacional e internacional. Premiada como Mejor Corresponsal en el Extranjero (CIP), finalista del Cirilo Rodríguez 2012 y galardonada también por su carrera profesional (Club de las 25), habla en Queremos saber (Debate) sobre la crisis del periodismo. Autora de Estaré en el Paraíso y La kamikaze se siente de la "generación limbo" -más de 30 pero menos de 50: ni contratable ni jubilable- mientras lucha por sobrevivir en la guerra (de Siria, Malí o Libia) y en la paz (de los medios que no pagan). Sobre el terreno, donde recoge testimonio de los que van a morir, sus "fantasmas reales", es simplemente María, en un quiebro a la superstición: Mayte en árabe es "muerta".

-¿Su primera vez?

-En Georgia cuando un miliciano me apuntó con un Kalashnikov.

-¿Qué la llevó hasta allí?

-La casualidad. Era corresponsal en Rusia y estalló la guerra. Yo era una mujer orquesta del periodismo -produzco, grabo y edito-, cogí un avión y me planté allí.

-Y pasó de mujer orquesta a malabarista del reporterismo bélico

-Llámelo como quiera.

-Lo dice usted

-Lo cierto es que tenemos que hacer de todo, rápido y como podemos. Atiendes a varios medios, varios formatos y en condiciones muy difíciles, entre tiros y bombas. Yo también lo llamo "supervivencia dentro de la supervivencia": primero esquivando el peligro allí y cuando vuelves aquí, debes pelear para que te paguen.

-Entonces de seguros, chalecos antibalas… ni hablamos

-He aprendido que estoy sola, que no tengo un medio de comunicación que me dé cobertura. Sé que no voy a tener un seguro a menos que yo me lo pague. Sé que no voy a tener un chaleco a menos que yo lo busque. No cuento con nadie.

-¿Y qué cobra por jugarse la vida en medio de tanta soledad?

-Demasiado poco. No me gusta hablar de lo que gano, sólo le digo que es digno porque no acepto menos de digno, pero es la cuarta parte de lo que aceptaba hace cuatro años.

-No me hable entonces de lo que cobra, sino de lo que los medios están dispuestos a pagar a un corresponsal de guerra

-¡Nada, nada! He tenido últimamente una oferta de Escenarios XXI: me ofrecieron colaborar "porque les encantaba mi trabajo" y pensaban "que era un honor que escribiera para ellos", pero añadían: "desgraciadamente en estos momentos no podemos remunerar las colaboraciones" (se ríe). Les contesté que era una vergüenza y que personas como ellos se iban a cargar el periodismo. Yo soy una profesional, cobro por mi trabajo porque tengo la mala costumbre de comer todos los días y debo pagar mi apartamento. No es un hecho aislado, le pasa a mucha gente.

-¿Hemos tocado fondo?

-Desde hace tiempo, pero nos hemos callado demasiado porque los periodistas no hablamos de nosotros mismos. El año pasado creamos Periodismo Real con muy poco eco dentro de la profesión. Yo que voy a las guerras y veo a gente tan comprometida que se juega la vida por una causa, cuando vuelvo aquí me da asco ver la indiferencia de los que se llaman indignados, pero no hacen nada. En el mundo del periodismo somos muchos indignados pero muy pocos valientes que dicen qué pasa y cómo pasa, y dan nombres y apellidos de los que tienen la culpa de esto.

-¿Qué fue entonces del periodismo?

-Hemos dejado de hacerlo. Nos hemos convertido en tuiteros, facebookeros, opinadores... y periodismo no son 140 caracteres, no se puede estar en una guerra escribiendo en profundidad, haciendo una crónica telefónica y tuiteando y facebookeando, porque al final se resiente a la calidad.

-Y todo eso, además de a los periodistas, ¿a quién afecta?

-Afecta profundamente a todos. Sin periodismo no hay democracia. La gente no se da cuenta de hasta qué punto afecta que no haya información veraz, honesta y contrastada. Otro gran problema es el intrusismo y la confusión entre el periodista profesional y el llamado "periodista ciudadano". ¿Aceptaríamos a un "médico ciudadano" para operarnos?

-¿Y no ve culpa en los periodistas?

-La de la pérdida de la credibilidad y la dignidad: durante mucho tiempo hemos sido la voz de los poderes económicos y políticos, aquí y en el resto del mundo.

-Mire, en España se ha recordado el décimo aniversario de la guerra de Irak con un polémico video sobre la actuación de nuestros soldados

-Todo hecho de este tipo es denunciable, pero me parece lamentable que se midan los tiempos en los que se denuncian las cosas y de qué manera se hace tomándonos por tontos.

-Entonces el Gobierno vendía al Ejército como si fuera una ONG

-Conozco a muchos militares españoles, los he visto en Afganistán y han sufrido mucha política de censura del Gobierno de Zapatero que escondía que estábamos en una guerra real mientras se empeñaba en trasladar a la opinión pública que era una misión humanitaria; un Gobierno que ha impedido durante años a los periodistas acceder a empotrarse y estar con las tropas españolas que estaban en grave peligro y que a la vuelta eran recibidos como gente que parecía que estaba de vacaciones en un país extraño y remoto. Los militares españoles han hecho un gran trabajo en Afganistán y es una pena que por un video así que sale a destiempo y con el fin político de manipular a la opinión pública se dé esta mala imagen del Ejército español que a mi me merece mucho respeto

-¿Por qué lloró de rabia?

-Cuando enterraron a un niño de 8 años con su madre en Al Qusayr, Homs. Lloré mucho. La imagen de ese niño me persigue.

-Sé que también tiene algo de Cenicienta

-(Se ríe) ¡Unos zapatos! La leyenda es que pertenecen a Aisha Gadafi. Había perdido mi mochila en el caos del hotel Corinthia de Trípoli y vino Félix de La Vanguardia y me dijo: "Toma Mayte, para que no estés tan triste". Eran de Prada, que en mi vida he tenido unos zapatos tan caros, horribles de feos, pero yo emocionada con mis Prada que guardo como un tesoro.

-¿Quiso tirar la toalla?

-Tantas veces... cada año dos o tres veces... ¿Qué hago yo en Chechenia, en Ingushetia, contando cómo son las viudas negras y las causas de un conflicto que aún permanece en la guerra sucia del Kremlin? Pero me anima la gente que sobre el terreno te dice gracias por venir, por estar aquí, por contarlo. Eso me da fuerzas para seguir. Pero para comer tengo que buscar otra fuente de financiación.

-¿La próxima?

-Imagino que Siria, que va a durar mucho tiempo, pero intento no hacer solo Siria porque es un conflicto que te puede engullir desde el punto de vista sentimental. Es tan injusto lo que está pasando que es muy difícil ser objetivo.

-Veo que hace mudanza, ¿se va de España?

-A París. Me da mucha pena, pero en España no hay oportunidades, sueldos de hambre, elevados impuestos que hay que pagar antes de cobrar las facturas, una justicia que no te protege ante esos abusos... Los medios extranjeros te tratan mejor. El New York Times sigue tratando a la gente de forma exquisita y por eso sigue siendo el NYT. Espero que en España algún día recuperemos la dignidad.

-Pues suerte, Mayte

-Siempre hay una razón para la esperanza.

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