Es noticia
La salida del túnel (y III)
  1. España
  2. La crisis del sistema
Emilio Lamo de Espinosa

La crisis del sistema

Por

La salida del túnel (y III)

El nuevo Gobierno va a necesitar una mayoría fuerte. La lucha propiamente ideológica, la lucha política, es hoy más importante que nunca frente a una hegemonía de la izquierda que ha calado en la sociedad e intoxicado el lenguaje

Foto: Imagen: EC Diseño.
Imagen: EC Diseño.
EC EXCLUSIVO

Como he tratado de acreditar, no es solo la democracia lo que está en entredicho, es la misma existencia de España como una nación histórica, atacada al tiempo por la extrema izquierda y los nacionalistas, que permean e intoxican al Partido Socialista, incapaz de defenderla con firmeza. Por cierto, la misma alianza que liquidó la Segunda República a partir de 1934: socialistas radicalizados sumados a comunistas y nacionalistas.

Pedro Sánchez aguantará, "más por desesperación que por ambición" (Trapiello) asumiendo un tono cada vez más chulesco y retador; pues cuanto peor le vaya, más necesidad tendrá de aferrarse a la presidencia, más necesidad del blindaje jurídico (inmunidad, aforamiento, suplicatorio). El PNV se quejará amargamente, y ERC y Junts amenazarán con más exigencias (ingreso en la Unesco, financiación singular, referéndum), reforzando la bilateralidad. Pero no van a romper, pues, ¿cuál es la alternativa? Y mientras el PSOE empieza a moverse, nada inquieta más a un partido en el poder que el temor de perderlo y, con él, sus salarios, sobre todo si es un partido de profesionales de la política. Pero ¿tiene vitalidad, liderazgo alternativo? Sospecho que ello solo aflorará después de una seria derrota electoral que las recientes elecciones en Extremadura hacen presagiar. Hundimiento brutal del PSOE en una región de implantación histórica y fuerte crecimiento de la derecha, pero no del PP, sino de Vox.

Actualmente, todos los sondeos nacionales serios dan una fuerte mayoría al PP que, sumados a la subida de Vox, superan los doscientos escaños, mientras el PSOE se aproxima al abismo de los 100 escaños. ¿Podrá sostenerse el PSOE como el otro partido nacional? ¿Podrá repetir un gobierno Frankenstein? Nada de ello es probable hoy, más bien un largo calvario de reconstrucción, o incluso de desaparición, como ha ocurrido en no pocos países europeos.

En todo caso, con las Cortes bloqueadas y un gobierno zombi, la actual acumulación de casos de corrupción marca el fin de un ciclo político que comenzó en el 2018 con la moción de censura. Y en democracia las crisis políticas solo se solucionan (si acaso…) mediante elecciones que cambian gobiernos. Es un paso obligado, pues la oposición carece de instrumentos para forzar un adelanto electoral, de modo que, salvo imprevistos (que pueden ocurrir, dado el complejo calendario policial y judicial) habrá que esperar a que se cumpla el ciclo legislativo en julio-agosto del 2027. Demasiado tiempo en un contexto de demasiada incertidumbre.

Foto: sanchismo-psoe-desgobierno-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Una nación sin Estado, un Estado sin nación (I)
Emilio Lamo de Espinosa

Lo preocupante hasta entonces -y desde hace ya años- es asegurarse de que la oposición puede ganar las elecciones, es decir, asegurarse de que haya juego limpio, fair play político. Y quien intentó trampear en unas elecciones de su propio partido, con mayor motivo puede intentarlo fuera. La presencia de topos como la tal Leire Díaz en Correos, controlando el voto exterior, no ofrece mucha confianza. Y la Junta Electoral ya ha sancionado a Pedro Sánchez dos veces por "vulnerar el deber de neutralidad exigido a las autoridades públicas". Necesitamos una mínima neutralidad del Estado (dudosa dada su okupación por el poder), una mínima independencia de los medios de comunicación (sabiendo que los públicos han sido okupados también), y una clara neutralidad de la justicia y del sistema electoral. Sin esas garantías, la posibilidad de la alternancia (que es el verdadero test de una democracia) se ve seriamente coartada, algo que no ha ocurrido jamás en nuestra reciente historia democrática. Debemos desarrollar, pues, una estricta vigilancia y exigencia de neutralidad institucional.

Pero hay algo nuevo: en todas las anteriores elecciones generales, los ocupantes del poder (ya fueran del PSOE o del PP), sabían que tenían futuro en la sociedad civil más allá de la política. Pues bien, este no es el caso ahora, lo que obliga a una vigilancia muy estricta. El PSOE y buena parte de sus socios saben que perder las elecciones, más que perder el poder, es un riesgo serio de muerte civil, de modo que van a resistirse con uñas y dientes usando y abusando de cuantos instrumentos disponen, que no son pocos. Por ello es la hora de los socialistas de verdad, de los que sí son demócratas, de dejar oír su voz. Es incomprensible la actitud de muchos de ellos que, repudiando el sanchismo, acaban diciendo "pero ese es mi partido y le votaré", como si se tratara de una religión o un equipo de fútbol, poniendo la lealtad corporativa por encima del interés general. Esa no es una actitud democrática, sino tribal.

Foto: crisis-nacion-fragmentacion-estado-democracia-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
La herencia del sanchismo (II)
Emilio Lamo de Espinosa

El combate ideológico y las relaciones PP-Vox

Pero al tiempo hay que reforzar el rearme ideológico y la lucha por la hegemonía. No podemos seguir confiando en el deterioro del sanchismo y en la mera abstención de los votantes socialistas, lo que refuerza a Vox, como ha ocurrido en Extremadura. La indiferencia es, ciertamente, mejor que el apoyo, pero es insuficiente, pues el nuevo Gobierno va a necesitar una mayoría fuerte que solo podrá alcanzar ganando los corazones y las mentes de los ciudadanos. La lucha propiamente ideológica, la lucha política, es hoy más importante que nunca frente a una hegemonía de la izquierda que ha calado en la sociedad e intoxicado el lenguaje. El "Estado" español no es España; la "extrema derecha" es menos extrema que la "extrema izquierda"; los "nacionalistas" son también los "separatistas" y "golpistas", el "progresismo" es con frecuencia más regreso que avance, y no hay nada más "fascista" que muchos de los llamados nacionalistas. Incluso podemos encontrarnos con que se pretenda dar a las próximas elecciones un carácter plebiscitario y casi constituyente si el sanchismo avanza por las vías antes descritas. Y debemos estar preparados para dar esa batalla en los medios de comunicación, redes sociales incluidas, en medios nacionales, pero también internacionales. España no puede perder esa oportunidad que sería tanto como perder la historia.

Y para ello es imprescindible y urgente recomponer las relaciones entre el PP y Vox. Una gran coalición con el Partido Socialista -que hubiera sido lo adecuado hace años-, es hoy imposible dado el deterioro moral de esa organización. Duele decirlo -y he sido votante socialista muchos años—, pero hoy y aquí, estar con Sánchez es estar, no ya contra la democracia, sino contra la misma decencia. El socialismo español debe pasar por un duro calvario antes de su posible (pero no probable) regeneración. Si Sánchez se presentara como líder de la oposición, anularía al PSOE como partido de Estado; su oposición sería extremadamente dura. Si no lo hace, y el PSOE consigue renovar su liderazgo, sí será posible contar con su abstención y apoyos puntuales.

Así pues, no parece haber alternativa a un gobierno PP-Vox, ya sea un gobierno conjunto o un gobierno en minoría con la abstención de Vox pactando un programa político. No debería escandalizarnos esa posibilidad. En toda Europa los partidos de la llamada "extrema derecha" están consiguiendo avances considerables. En el gobierno o en coalición están en Italia, Hungría, Chequia y Austria. Y en participación en coaliciones o apoyo parlamentario en Países Bajos, Finlandia, Bélgica, Croacia y Eslovaquia. Y son casi el 30% en el Parlamento Europeo. En Francia, Marine Le Pen es casi seguro que ganará las elecciones en el 2027. En Suecia, gobiernan los conservadores con el apoyo de los Demócratas de Suecia (SD), quienes quedaron segundos en las elecciones generales. Acaban de ganar en Chile y antes en Argentina. El caso de Italia es aleccionador. Giorgia Meloni, líder de un partido posfascista, ha decepcionado a quienes esperaban un gobierno radical, y hoy goza de muy buena salud y ella misma de un notable crédito político internacional que ya quisiéramos nosotros. ¿Son todos ellos "fascistas"?

Foto: mambo-electoral-ano-nuevo-espana-comunidades
TE PUEDE INTERESAR
Mambo electoral en 2026: de lo fijo a lo probable
Ignacio Varela Ilustración: EC Diseño Vídeo: Patricia Seijas

Es más, si examinamos el ideario de la nueva derecha europea, encontramos no pocos elementos ya presentes en la extrema izquierda: una concepción plebiscitaria de la democracia en la que las mayorías priman sobre el rule of law, y un Estado fuerte, pues debe defender una forma de vida, un estilo nacional. Nada que sorprenda a nacionalistas o extrema izquierda. La principal diferencia de la nueva derecha con el liberalismo es su concepción del demos o pueblo, concebido, no como una categoría sociológica plural, sino como un sujeto moral homogéneo, una nación histórica y cultural. Pero la nueva derecha acepta elecciones competitivas, alternancia, partidos, Parlamento; no es tampoco autoritaria clásica ni menos pretende un Estado hegemónico (como, por cierto, sí pretende el paleocomunismo y los nacionalismos neoracistas). El modelo es una democracia iliberal con mayoría fuerte, Ejecutivo dominante y pluralismo tolerado, aunque no protegido. Hungría es el caso límite, Italia un ejemplo moderado. Pero ¿quién divide más entre "nosotros" y "ellos", Bildu, Junts o Vox? ¿Quién es más partidario de un demos culturalmente homogéneo y tradicional? ¿Quién habla de "maketos" o "botiflers"? España arrastra aún una cultura política heredada del antifranquismo, ideológicamente tuerta, que ha angelizado a la izquierda y los nacionalismos, y demonizado a la derecha. Por supuesto, Vox debe ser combatida, pero con la fuerza de argumentos universalistas, la defensa de sociedades abiertas. Todo hace sospechar (es el caso de Meloni y probablemente del lepenismo) que el paso por el poder suaviza su radicalidad.

Por lo demás, lo que une al PP con Vox es muy superior a las tácticas cortoplacistas que hoy les dividen. No más cordones sanitarios excluyentes, que son un intento de alterar la representación política y, por lo tanto, de la misma democracia. Incluso la expresión "extrema derecha" solo es correcta si se equipara con la de "extrema izquierda"; de otro modo, es un burdo intento de manipular las percepciones: unos estarían fuera del arco constitucional mientras que los otros (incluidos golpistas o terroristas) estarían dentro. Hay que preguntarse de nuevo quién está más lejos del marco democrático y constitucional, ¿Bildu, ERC, Junts… o Vox? La respuesta es evidente. El PSOE no está hoy en condiciones de dar lecciones de decoro constitucional a nadie.

Pero Vox debe posponer la tentación de sustituir al PP, haciéndole el juego al sanchismo; eso no toca hoy. Sabemos que el sueño húmedo de Sánchez es un resultado electoral en el que PSOE, PP y Vox acaben teniendo cada uno 100 diputados más o menos, azuzando la división de las derechas. Y por ello PP y Vox deberían presentarse con una lista común en aquellas circunscripciones donde la demoscopia lo aconseje. El abusivo discurso sanchista sobre la "fachosfera" está ya descontado en un electorado que ha tenido que soportar alianzas con partidos claramente extraconstitucionales y, por cierto, bastante más próximos al fascismo que el de Abascal.

Foto: esto-va-mas-rapido-de-lo-que-sanchez-cree Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Esto va más rápido de lo que Sánchez cree
Nacho Cardero

Un nuevo Gobierno

Pero incluso si llegara el caso de que se ganaran las elecciones, el nuevo Gobierno se iba a encontrar con enormes dificultades. Un Estado y una administración pública trufada de enemigos, un Tribunal Constitucional contrario, partidos, sindicatos y muchas fuerzas sociales contrarias, y no pocos medios de comunicación opuestos. Y con Vox a la espera de aprovechar cualquier error para ocupar el lugar del PP.

Necesitaremos un Gobierno fuerte, pues el PP tendrá que actuar de manera rápida y contundente, sin demagogias ni extremismos, pero con firmeza e incluso con rotundidad. Y por lo tanto, debe empezar a definir desde ya su nuevo gobierno con amplio equipo de expertos, elaborando dosieres con las reformas legislativas necesarias. Un plan de choque a seis meses, sin dejar tiempo para reaccionar después de la derrota del sanchismo. Si no sabe hacerlo en el corto plazo, no podrá hacerlo más adelante. Trump ha mostrado que seis meses son suficientes para dar un brusco cambio a un país; el PP puede intentar también dar ese brusco cambio, solo que ahora para bien. No puede desaprovechar esa oportunidad como ya desaprovechó la mayoría absoluta de Rajoy en el 2011. Debe estar preparado y ágil.

Pero el PP titubea. Es como si el mismo PP asumiera esa hegemonía ideológica temiendo dar la batalla donde es más importante: en las ideas. Pero estamos entrando claramente (y no solo en España, y no solo en Europa) en un nuevo ciclo político caracterizado por el agotamiento de esa hegemonía que ha derivado en el estrambote de la cultura woke. "Es rara la oportunidad que va a tener el PP de poder modelar, venciendo resistencias e inercias, un nuevo país. Pero para esto ha de tener ideas… Echar a Sánchez no es suficiente. La política es una batalla de ideas" (J. A. Gómez Yáñez). El PP debe asentarse en un programa claro y sencillo, reiterado una y mil veces, a saber: igualdad de todos los españoles; prosperidad, con una economía sostenible; y seguridad interior y exterior. Poco más. España prioriza hoy lo que todas las sociedades han priorizado en su historia: seguridad.

Foto: giro-derecha-politica-espana-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
España se derechiza. Y no solo electoralmente
Ramón González Férriz

El sanchismo, ¿un cisne negro?

Y termino. La historia enseña que los países devienen conscientes de su inevitable deterioro cuando han pasado ya el punto de no retorno. La lechuza de Minerva toma el vuelo casi siempre al atardecer. Y me pregunto lo que ya me pregunté en el 2023: ¿estamos cruzando ese punto de no retorno? ¿Corremos el riesgo de que los historiadores, en veinte o cuarenta años, recuerden estos meses como el instante en que la democracia española comenzó a naufragar en aras del "republicanismo luminoso" que el jefe del Ejecutivo evocaba en su autoexaltación del "épico" traslado de los huesos de Franco? ¿Podremos repetir, con Ortega, "no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa"? ¿Reiterar de nuevo lo de "no es esto, no es esto"? O bien miraremos atrás para recordar el presente como "un enorme cisne negro en la historia de la ya frágil democracia española" (J. A. Zarzalejos). De nosotros depende.

Como he tratado de acreditar, no es solo la democracia lo que está en entredicho, es la misma existencia de España como una nación histórica, atacada al tiempo por la extrema izquierda y los nacionalistas, que permean e intoxican al Partido Socialista, incapaz de defenderla con firmeza. Por cierto, la misma alianza que liquidó la Segunda República a partir de 1934: socialistas radicalizados sumados a comunistas y nacionalistas.

PSOE Pedro Sánchez Vox Partido Popular (PP)
El redactor recomienda