Ideas ligeras
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Aprobado general para el que entienda qué es una evaluación diagnóstica
"Hablamos de una evaluación comprensiva, diagnóstica, formativa e integral", explicó Isabel Celaá desde el atril. Ponga un adjetivo más si eso, señora
Isabel Celaá es hierática. Tiene la rigidez de la Dama de Elche, pero sin las ensaimadas a los lados, y voz de institutriz de radionovela. Salió esta tarde de miércoles rigidísima al atril para contar que nada de aprobado general, pero que los profesores mirarán a nuestros hijos con más cariño este tercer trimestre. Y los contenidos descolgados se reforzarán el curso siguiente. “No hablamos de suspensos o aprobados. Hablamos de una evaluación comprensiva, diagnóstica, formativa e integral”, explicó. Ponga un adjetivo más si eso, señora.
Tampoco habrá clases en verano porque a saber si no seguiremos enjaulados. Y porque de haber salido, están previstos “espacios libres integrados con actividades del conocimiento”. Vamos, los campamentos urbanos de toda la vida en los que aprender inglés consiste en guerras de agua en una piscina municipal. Mientras, los monitores te dicen todo el rato “please” o “thank you” y te endosan el bocata de mortadela con aceitunas a unos 300 grados al sol.
A la ministra le apetecía poco dar explicaciones y parecía incómoda. Porque es hierática, pero también coqueta. La única vez que la que escribe coincidió con ella, la ministra de Educación y Formación Profesional le daba instrucciones precisas a una maquilladora de televisión enseñándole una foto de ella misma en su móvil en otra aparición televisiva. El confinamiento le ha permitido seguir con su habitual color de pelo, pero no así el peinado. De vez en cuando, se tocaba los mechones laterales sin resultados positivos, integradores, formativos e integrales.
Celaá confía en la buena voluntad de las comunidades autónomas. Cosa que demuestra que además de lo dicho es una mujer poco rencorosa, después de los deliciosos episodios regionales acaecidos en febrero a causa del pin parental.
En el turno de preguntas, miró a los lados y le pasó la pelota, no sin cierto gesto de hastío por la insistencia de los periodistas ante determinados asuntos, a sus secretarios de Estado, Alejandro Tiana y Clara Sanz. En varias ocasiones, juntó las manos en actitud de rezo, como si fuera a posar en la foto de la Primera Comunión, o pidiendo que aquello acabara pronto, porque tiene mucha plancha en casa.
En varias ocasiones juntó las manos en actitud de rezo, como si fuera a posar en la foto de la Primera Comunión, o pidiendo que aquello acabara pronto
El secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, le tenía preparada una sorpresa para el final de su intervención. Le pidió que, dada su trayectoria como catedrática de inglés de instituto, les diera unos consejos a los alumnos “mirando a la cámara”. “Ay, yo de eso no me acuerdo”, dijo evasiva pero sonriente. Pero miró al piloto rojo y nos dijo, a sus alumnos y al resto, que el desafío mayor de estos tiempos es la ciencia. Así que necesitamos científicos. Y ay de aquel que no sepa inglés. Porque un científico sin idiomas es como un campamento urbano sin bocadillo de mortadela con aceitunas integradas.
Isabel Celaá es hierática. Tiene la rigidez de la Dama de Elche, pero sin las ensaimadas a los lados, y voz de institutriz de radionovela. Salió esta tarde de miércoles rigidísima al atril para contar que nada de aprobado general, pero que los profesores mirarán a nuestros hijos con más cariño este tercer trimestre. Y los contenidos descolgados se reforzarán el curso siguiente. “No hablamos de suspensos o aprobados. Hablamos de una evaluación comprensiva, diagnóstica, formativa e integral”, explicó. Ponga un adjetivo más si eso, señora.