Bien por el Rey: así se recupera el liderazgo de España en América
Felipe VI se eleva sobre el ruido y sitúa a España en la cúspide de la comunidad iberoamericana ante la XXX Cumbre que se celebrará en Madrid en noviembre. Además, ha destapado a los radicales a izquierdas y derechas
El Rey, junto al embajador de México, el día que habló de los "abusos" en la Conquista de América. (Efe/Casa del Rey/José Jiménez).
La fecha clave no es 1492, con la llegada de Cristóbal Colón a La Española; ni 1521 con la conquista de Tenochtitlán por Hernán Cortés. Tampoco la aprobación de las distintas leyes de la Corona española para proteger a los indígenas americanos. Ni siquiera la presencia en igualdad de condiciones de diputados de ultramar en las Cortes constituyentes de 1810, que elaboraron la primera Constitución española. Aquí la fecha clave aún está por llegar y es el 4 de noviembre de 2026. Ese día comenzará en Madrid la XXX Cumbre Iberoamericana y será la demostración del liderazgo de España en esa comunidad histórica, política y cultural sobre la base de la definición que hizo el escritor mexicano Carlos Fuentes: “El Atlántico no es una frontera, es un puente".
Ese es el puente que está reconstruyendo Felipe VI tras años de pérdida de influencia y de cohesión entre las 22 naciones surgidas de la nación española y reconocidas no como hijas, sino como hermanas desde principios del siglo XIX. La pérdida de esa cohesión quedó demostrada en la cumbre de República Dominicana, celebrada el 24 y 25 de marzo de 2023. Aquel cónclave fue un fracaso porque hubo sonoras ausencias, empezando por las dos economías más relevantes de Iberoamérica, México y Brasil, y porque fue la constatación de que América Latina mira cada vez más a China y a Estados Unidos y la Unión Europea actúa por otras vías bilaterales y comerciales.
Es por eso que las declaraciones del Rey sobre México no sólo no son una equivocación, sino que son un enorme acierto estratégico y político. Primero porque ha destapado a los radicales que en España y en América adoptan posiciones extremosas respecto a la Conquista, radicales a izquierdas y derechas; segundo porque ha puesto en su sitio con serenidad y conocimiento a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y a su antecesor, AMLO, que reclaman una petición de perdón no sólo absurda sino anacrónica; y tercero y más importante, porque el Rey se ha situado por encima del ruido y ha colocado a España en el lugar que nunca debió abandonar: el liderazgo político y cultural en Iberoamérica. Esto es exactamente lo que está consiguiendo el Rey. Alta política en defensa y proyección de su país.
Y bien: ¿qué dijo exactamente el Rey ante el embajador mexicano acreditado en España? Don Felipe reconoció que hubo "mucho abuso" durante la Conquista pese a las Leyes de Indias adoptadas por la Reina Católica para proteger a la población indígena y admitió que aquellos comportamientos vistos desde la óptica y los valores actuales no son como para sentirse "orgullosos". ¿Y qué no dijo? No solo no pidió perdón, como reclamó AMLO y reitera Sheinbaum, sino que dio una lección de historia y con elegancia intelectual. ¿Cómo? Explicando lo obvio con la serenidad de los buenos profesores ante los malos alumnos: aquellos hechos hay que valorarlos "en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso". Y concluyó que "los propios Reyes Católicos, la Reina Isabel, con sus directrices, las Leyes de Indias" demostraron "un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso". Es decir: los abusos se hicieron contra las leyes, no en cumplimiento de ellas. Y esas leyes fueron un avance de siglos en la civilización europea, probablemente una de las grandes aportaciones de la Hispanidad.
Gracias a estas palabras, expresadas con naturalidad y conocimiento, el Rey ha fijado posición ante un debate que viene de lejos. Está bien que España reivindique su historia, es necesario que los historiadores nos den la perspectiva para anular la leyenda negra que durante siglos impulsaron los europeos, con los ingleses, los holandeses, los franceses y los italianos tratando de despreciar el que había sido el primer Imperio Atlántico. Es importante abandonar los discursos victimistas y depresivos sobre nuestro pasado, del que podemos sentirnos orgullosos, pero hay que hacerlo con la cabeza.
Pero ojo: el Rey lo pudo haber dicho de otra manera sin faltar a la verdad, pero siendo más hiriente, y no lo hizo porque no está tratando de ganar una batalla dialéctica, sino de tender puentes: por ejemplo, recordando que los que cometieron abusos fueron los antepasados de Sheinbaum y AMLO, no los de quienes se quedaron en España. O diciendo que la antropofagia era una práctica común en Mesoamérica. O que se celebraban rituales con vírgenes de tribus vasallas.
O, en sentido contrario, el Rey podía haber fanfarroneado con aquello que los españoles llevaron a América: desde muy pronto en el siglo XVI se construyeron hospitales, universidades e infraestructuras que permitieron a estos pueblos dar un salto hacia la civilización. Incluso, el Rey pudo haber dicho que, a diferencia de otros conquistadores europeos, los españoles se mezclaron con los indígenas, empezando por Hernán Cortés y la famosa Malinche. Ese mestizaje fue repudiado por los anglosajones como algo perverso hasta bien entrado el siglo XX. Es más, el Rey podía haber hecho referencia a las políticas de Donald Trump y ese discurso antiinmigrantes que no es más que un discurso antihispanos en 2026, 500 años después de las primeras directrices de una Reina española para proteger a los indígenas.
Los historiadores han visto irreprochables", "evidentes" y "acertadas" las palabras del Rey y han desligado la Conquista de la exigencia de perdón por parte del Gobierno de México: "Son los criollos los que más barbaridades cometieron". Así Enrique Moradiellos, José Carlos Mainer, Fernando del Rey o José Luis Corral, como tantos otros hispanistas, muchos de ellos ingleses. De manera que quienes desde la extrema izquierda quieren ver que el Rey se quedó corto denunciando abusos, como dicen en Podemos y en Sumar, deberían leer un poco más de Historia y someter su ideologización a la ciencia. Y quienes desde la extrema derecha creen que el Rey está actuando contra nuestro país por reconocer unos abusos que son obvios deberían elevar un poco la mirada, no dejarse llevar por el patrioterismo y entender que Felipe VI está situando a España en su lugar.
La XXX cumbre iberoamericana que se celebrará en Madrid en noviembre será un gran éxito para España y para Felipe VI. Cualquiera que haya visto cómo se recibe al Rey de España en aquellos países entenderá su enorme ascendencia sobre ellos, siempre desde el respeto. Y, además, don Felipe dijo lo mismo que dijo su padre en 1990. Por cierto, Juan Carlos I solía inaugurar estas cumbres de manera informal con un encuentro con el presidente de México, un país con gran influencia en la región y con un hermanamiento especial con España. Ojalá en noviembre el Rey y Sheinbaum puedan hacer lo mismo y pongan fin a estas disputas viscerales y anacrónicas impulsadas por intereses antiespañoles al otro lado del Atlántico y alimentados por radicales en nuestro país. El camino lo está marcando el Rey.
La fecha clave no es 1492, con la llegada de Cristóbal Colón a La Española; ni 1521 con la conquista de Tenochtitlán por Hernán Cortés. Tampoco la aprobación de las distintas leyes de la Corona española para proteger a los indígenas americanos. Ni siquiera la presencia en igualdad de condiciones de diputados de ultramar en las Cortes constituyentes de 1810, que elaboraron la primera Constitución española. Aquí la fecha clave aún está por llegar y es el 4 de noviembre de 2026. Ese día comenzará en Madrid la XXX Cumbre Iberoamericana y será la demostración del liderazgo de España en esa comunidad histórica, política y cultural sobre la base de la definición que hizo el escritor mexicano Carlos Fuentes: “El Atlántico no es una frontera, es un puente".