Es noticia
El destape del 23-F y los lunes de Sánchez
  1. España
  2. Hay que vivir
Juan Fernández-Miranda

Hay que vivir

Por

El destape del 23-F y los lunes de Sánchez

Cada vez que la Transición irrumpe en la actualidad nos muestra que esta España es una deformación de aquella. La desclasificación del golpe de Estado nos ha permitido percibir la excitación de la clase política actual

Foto: Exposición fotográfica 'Nuestra Constitución más longeva' en el Congreso. (J. I. R.)
Exposición fotográfica 'Nuestra Constitución más longeva' en el Congreso. (J. I. R.)
EC EXCLUSIVO

El 26 de diciembre de 1978 tuvo lugar una solemne sesión conjunta del Congreso y el Senado. Se trataba de celebrar la ceremonia de firma de la Constitución, aprobada en referéndum el día 6 de ese mismo mes. En el texto original debían plasmar su firma el Rey; y los presidentes de las Cortes, Antonio Hernández-Gil; del Congreso, Fernando Álvarez de Miranda, y del Senado, Antonio Fontán. Sí, en la legislatura constituyente había tres presidentes, y no dos, como fijó la Carta Magna. Ese ejemplar está hoy expuesto en el sótano del Congreso en la exposición "Nuestra Constitución más longeva", un reflejo deformado de nuestra historia reciente obra de Rafael Simancas para apropiarse de la democracia en beneficio del PSOE, como publicó este periódico.

Foto: la-exposicion-del-gobierno-sobre-la-constitucion
TE PUEDE INTERESAR
El Gobierno 'copa' la Constitución: sin Juan Carlos I, Aznar o Rajoy y más Sánchez que Suárez
Juan Fernández-Miranda Fotografía: Jon Imanol Reino

Aquel día de 1978, cuando todo estaba preparado, alguien se percató de un error: en lugar de "Fernando Álvarez de Miranda" en el ejemplar original pone "Torcuato Fernández-Miranda", el anterior presidente de las Cortes. Había que imprimir de nuevo, pero en aquellos años no era tarea fácil. Cuando el presidente de las Cortes, Antonio Hernández-Gil, tomó la palabra, la nueva impresión aún no había llegado al palacio, por lo que se vio obligado a alargar improvisadamente su discurso a la espera de que le hicieran un gesto en el momento en el que la nueva Constitución estuviera disponible. Tuvo que hablar mucho más de lo inicialmente previsto.

Finalmente, el documento llegó y un ujier hizo un gesto al presidente, que acabó como si nada hubiera sucedido. Me pregunto qué habría pasado si a Francina Armengol la hubiese tocado alargar un discurso sobre la marcha. Probablemente habría acabado cantando la Internacional socialista. Otra deformación, como también lo fue que en el acto de celebración de la Constitución no se invitara a las viudas o a los hijos de los tres presidentes de las Cortes de la legislatura constituyente. Mal gusto, nula sensibilidad o pura improvisación.

La desclasificación del 23-F también ha destapado nuestras vergüenzas. Primero, un Gobierno que intenta obsesivamente que se hable de otra cosa, la que sea, menos de sus problemas. Esta manía de intentar cambiar la conversación pública con anuncios random a primera hora del lunes (cambio horario, Operación Campamento, 23-F...), podía bautizarse como "Los lunes con Sánchez": admito que los domingos por la noche estoy nervioso pensando qué ocurrencia lanzará el presidente en cuanto amanezca la semana. ¿Qué será el próximo lunes? Moncloa debe estar preparando algo gordo, porque a las 9:30 de la mañana está citado José Luis Rodríguez Zapatero a declarar en la comisión de investigación del Senado. Palabras mayores.

Foto: 23f-caso-cerrado-desclasificacion-documentos-rey-cesid-suarez

Segundo, una oposición excitada, la del PP, que dispara a todo lo que se mueve aún a riesgo de alcanzar a un inocente: deben aprender en Génova que un reloj parado da bien la hora dos veces al día, y eso es lo que le ha pasado a este Gobierno sin pilas con el 23-F: probablemente sin querer, Moncloa ha reflotado la imagen de don Juan Carlos y ha descubierto a millones de jóvenes españoles que el día de los transistores no fue el del apagón de abril de 2025, sino el del golpe de Estado del 23 de febrero. Y que quien defendió la Constitución fue ese rey del que tan mal les han hablado. Gran servicio a quienes creemos que conviene rehabilitar a don Juan Carlos. De modo que el PP se precipitó poniendo a parir al presidente, aunque luego Alberto Núñez Feijóo demostró arrojo siendo el primero en pedir que Juan Carlos I debería volver a España.

Tercero, otra oposición, la de Vox, que se queda mudita cuando la cosa no les gusta: llámese aranceles, Groenlandia o Juan Carlos I. Resulta que Vox también tiene sus contradicciones, y una de ellas es su acercamiento a la figura constitucional del Rey, porque hay una derechona de toda la vida que erosiona la Corona cuando pide al monarca lo que no pude hacer (por ejemplo, no firmar la amnistía) o que disfruta anteponiendo sus posicionamientos políticos a la institucionalidad (por ejemplo, no acudiendo al día de la Fiesta Nacional o al día de la Constitución).

Y cuarto, un montón de partidos minoritarios y extremistas que están rabiosos porque los papeles del golpe de Estado dicen exactamente lo contrario de lo que ellos llevan décadas alimentando: que el Rey no solo trajo la Transición, sino que la salvó. Esa es la verdad. El problema es que los partidarios de las teorías de la conspiración siempre encuentran una rendija para seguir creyendo, así que habrá que seguir soportándolos.

Foto: juan-carlos-i-del
TE PUEDE INTERESAR
Juan Carlos I: Del "Mi querido general" a desmontar el Franquismo en cinco movimientos
Juan Fernández-Miranda Diseño: Emma Esser Diseño: Blanca Casanova Datos: Marta Ley Desarrollo: María Mateo

Estos cuatro posicionamientos vuelven a demostrarnos que cada vez que nos miramos en el espejo de la Transición salimos deformados, ya sea esta semana con el 23F o la anterior con la celebración de un hecho relevantísimo: la Constitución es ya la que más tiempo ha durado en vigor en nuestra Historia. Lástima que el día que se celebró ese acto no estuvieran en las Cortes ni don Juan Carlos ni los familiares de los presidentes que la firmaron. Una auténtica pena, aunque habitual en un periodo de sobreexcitación incompatible con un mínimo de institucionalidad.

El 26 de diciembre de 1978 tuvo lugar una solemne sesión conjunta del Congreso y el Senado. Se trataba de celebrar la ceremonia de firma de la Constitución, aprobada en referéndum el día 6 de ese mismo mes. En el texto original debían plasmar su firma el Rey; y los presidentes de las Cortes, Antonio Hernández-Gil; del Congreso, Fernando Álvarez de Miranda, y del Senado, Antonio Fontán. Sí, en la legislatura constituyente había tres presidentes, y no dos, como fijó la Carta Magna. Ese ejemplar está hoy expuesto en el sótano del Congreso en la exposición "Nuestra Constitución más longeva", un reflejo deformado de nuestra historia reciente obra de Rafael Simancas para apropiarse de la democracia en beneficio del PSOE, como publicó este periódico.

Rey Felipe VI Rey Don Juan Carlos
El redactor recomienda