¿Es Sánchez capaz de todo? III República e inviolabilidad
En el PP barajan todas las hipótesis sobre la idea de que el líder del PSOE no tiene límites para "perpetuarse" en el poder, modelo territorial y modelo de Estado incluidos. La España plurinacional ya está encima de la mesa. ¿Y la república?
El Rey saluda a Pedro Sánchez en la recepción del Día de la Fiesta Nacional. (EFE/Fernando Villar).
La personalidad política de Pedro Sánchez ha generado en el PP una especie de síndrome ante lo desconocido. Es una suerte de ataque de ansiedad permanente provocado por la sensación de que no logran anticiparse a su adversario, no tienen manera de prever el siguiente movimiento de un político que pasará a la historia como el presidente de las primeras veces: algunas son simplemente para construir artificialmente su personaje (el primer Gobierno con cuatro vicepresidentas, por ejemplo), pero otras suponen un ataque, probablemente irreversible, al Estado de derecho: gobernar sin Presupuestos, colonizar instituciones, defender a un fiscal general investigado, señalar a jueces y periodistas por su nombre y apellido, reunirse con prófugos de la Justicia, y un larguísimo etcétera que nadie ha documentado mejor queJosé Antonio Zarzalejos en su libro "La huella de Sánchez".
Por eso, en el PP hay gente trabajando en plantear todas las hipótesis. Entre las que ya circulan por la planta séptima de la calle Génova hay una que parecería inverosímil de no ser Sánchez el protagonista. El jueves en el Club Siglo XXI, la portavoz parlamentaria del partido, Ester Muñoz, enseñó la patita: “Los españoles deben ser conscientes de que si Sánchez lograra perpetuarse en el poder en las próximas elecciones pondrá en peligro nuestro modelo territorial y nuestro modelo de Estado. Es lo único que le queda por entregar”. ¿Qué significa exactamente esa afirmación?
De todas las hipótesis que se manejan en la calle Génova sobre el plan Sánchez la más extrema es que el líder socialista quiere que en las próximas elecciones empiece un proceso que acabe con él presidiendo la III República. No se trata solo de colmar la ambición política del líder de un partido sociológicamente republicano, sino de conseguir un beneficio personal colateral para un presidente sobre cuyo entorno se estrecha un cerco judicial: la inviolabilidad. Evidentemente, la hipótesis es muy extrema, porque no es una cuestión voluntarista de un líder capaz de todo. ¿O sí?
En este momento, semejante objetivo político no está al alcance de sus manos, porque los requisitos legales para conseguir tal cosa son inalcanzables incluso para Pedro Sánchez: reforma constitucional, disolución de las Cortes, mayorías cualificadas, etc. Sin embargo, esta afirmación eminentemente racional responde una vez más a un análisis institucional de la realidad, a un planteamiento clásico como el que le corresponde a un líder de maneras tradicionales como Núñez Feijóo. Responde, argumentan los más desconfiados del PP, a una estrategia de perdedor.
Pero, ¿y si quien se lo plantea es un líder político sin corsés institucionales, victimizado, bunkerizado y acosado judicialmente? ¿Y si quien se lo plantea es un líder político capaz de forzar la máquina hasta tal punto que las próximas elecciones generales se conviertan en un debate a cara de perro entre las izquierdas esencialmente representadas por él (sin él no son nada, que cantaría Amaral) y los partidos situados más allá del muro? ¿Qué pasaría si la izquierda española se dedicara a calentar la calle bajo el lema de que viene la ultraderecha y con la promesa de un futuro mejor en forma de la idealizada II República?
"Los españoles deben ser conscientes de que si Sánchez lograra perpetuarse en el poder en las próximas elecciones pondrá en peligro nuestro modelo territorial y nuestro modelo de Estado. Es lo único que le queda por entregar"
Los que en el PP consideran que Sánchez es capaz de todo y advierten de que ya se ha embarcado en una mutación constitucional con la participación del TC recuerdan que Pedro Sánchez y Miquel Iceta firmaron en 2017 la llamada "Declaración de Barcelona", en la que ya se hablaba de poner en marcha una reforma de la Carta Magna con o sin el PP para consagrar la España "Nación de naciones". Entienden que con Sánchez el PSOE no va a volver a ser un partido de mayorías amplias, "sino una plataforma a la que agregarle formas de extrema izquierda e independentistas", motivo por el que "su único proyecto es ya la desconcentración territorial del Estado y la plurinacionalidad".
"El PSOE ya ha defendido la reforma constitucional hacia un modelo plurinacional. Lo que no han expresado aún, pero tiene un gran predicamento en las bases de la izquierda y en los independentistas, es la cuestión del modelo de Estado. En esta hipótesis republicana, la figura del jefe del Estado incluiría como ahora el componente de la inviolabilidad; tal y como está su situación judicial, no es una posibilidad que haya que desdeñar. No hay pruebas fácticas de ello, sino el conocimiento psicológico de un señor capaz de todo, como ha demostrado, por ejemplo, con sus principios absolutamente flexibles respecto al modelo territorial", subrayan.
Lo cierto es que los escándalos se suceden, y el presidente del Gobierno actúa como si nada importara. En el Ejecutivo de Sánchez se dejó de conjugar el verbo dimitir muy pronto, a los tres meses de llegar a La Moncloa, cuando llegó el turno del presidente y su tesis plagada de plagios. Transcurridos más de siete años, Sánchez es preso de su hemeroteca, pero a él parece darle igual. Ha conseguido bunkerizarse junto a un ejército de fieles acríticos y ha logrado crear la imagen de que es capaz de cualquier cosa. En la opinión pública es lugar común afirmar que no se pueden hacer previsiones porque el presidente es imprevisible. Lo ha demostrado ya muchas veces, y con notable éxito si consideramos éxito pasar un minuto más en La Moncloa y hacerlo a cualquier precio.
La pregunta es qué más es capaz de hacer Pedro Sánchez para seguir en el poder. Pero no debe pasar desapercibido que esta misma semana ha sido transparente sobre su principal objetivo. No sólo confirmó que volverá a ser candidato, sino que desveló que es su única prioridad: "Trabajaremos para que el electorado socialista que se está quedando en la abstención se movilice para las generales". Esta declaración generó gran enfado entre los líderes autonómicos y municipales, que escucharon al presidente poniendo voz a sus temores: el PSOE es sólo un medio para un fin superior, los intereses personalísimos de su líder.
En un mundo normal, todas estas hipótesis serían carne de series disruptivas para Netflix o Amazon Prime. El problema, entienden los más temerosos del PP, es que ese es ya el mundo de ayer y conviene trabajar valorando todas las hipótesis. Suenen o no a ucronías o a locuras.
La personalidad política de Pedro Sánchez ha generado en el PP una especie de síndrome ante lo desconocido. Es una suerte de ataque de ansiedad permanente provocado por la sensación de que no logran anticiparse a su adversario, no tienen manera de prever el siguiente movimiento de un político que pasará a la historia como el presidente de las primeras veces: algunas son simplemente para construir artificialmente su personaje (el primer Gobierno con cuatro vicepresidentas, por ejemplo), pero otras suponen un ataque, probablemente irreversible, al Estado de derecho: gobernar sin Presupuestos, colonizar instituciones, defender a un fiscal general investigado, señalar a jueces y periodistas por su nombre y apellido, reunirse con prófugos de la Justicia, y un larguísimo etcétera que nadie ha documentado mejor queJosé Antonio Zarzalejos en su libro "La huella de Sánchez".