La cara B del lujo: huelga en la textil gallega de la alta gama por los sueldos precarios
Los empleados de la ourensana Tetil Lonia, propietaria de Christian Lacroix, denuncian sueldos mileuristas por coser prendas en una empresa que tiene un beneficio millonario
Cobrar 950 euros por coser prendas que se venden a 4.000. Esa es la paradoja que denuncian los empleados de la ourensana Textil Lonia, la discreta empresa fundada por los hermanos de Adolfo Domínguez que domina el sector en Galicia a la sombra de Inditex. Es la cara B del lujo, que ha conducido a una sucesión de huelgas secundadas por el 95 % de su plantilla de producción. Firmas de alta gama como Carolina Herrera o Purificación García ven comprometido su suministro. Lo mismo que Christian Lacroix, la casa de moda adquirida por la compañía de Pereiro de Aguiar con la que sorprendió al sector a principios de 2025.
La expansión de Sociedad Textil Lonia mediante la compra de un mito de la moda francesa acentúa la contradicción que denuncian sus trabajadores en Ourense, que exigen mejoras salariales a un imperio en plena expansión internacional. Es un imperio con un beneficio de en torno a 36 millones de euros anuales, aunque las ganancias van en retroceso. En ese contexto, las negociaciones entre la compañía y el comité de empresa se desarrollan a cara de perro, en medio de una sucesión de huelgas que el pasado jueves alcanzó su tercera jornada en lo que va de año. "Quieren moda de lujo a precios imposibles, pero con trabajadoras con más de 20 años de antigüedad que siguen siendo mileuristas", denuncia Xulia González, secretaria comarcal de CIG Ourense. Consultada por este medio, la compañía ha preferido no hacer comentarios.
La última propuesta de la empresa, vinculada a la antigüedad, suponía, según el sindicato CIG –mayoritario en el comité–, un coste aproximado de 8.000 euros mensuales. "Una cifra vergonzosa, si tenemos en cuenta que el coste de fabricación es de 1,07 millones al mes", opina González. "Queda claro que la dirección prefiere engordar beneficios a repartir riqueza entre quien la genera con su trabajo diario". Las empleadas, en su mayoría mujeres, "se sienten esclavizadas por la exigencia permanente que conlleva confeccionar dichas prendas de lujo", continúa González, que considera su trabajo "muchísimo más valioso del que la empresa les reconoce". "Con lo que vale un abrigo en tienda se le da de comer a los cuatro miembros de mi familia": son palabras textuales escuchadas a las trabajadoras, asegura la sindicalista.
Las relaciones laborales se enturbiaron con el inicio de las huelgas de enero, especialmente después de que la empresa reaccionara con un comunicado interno en el que indicaba que "no está obligada a negociar" y advertía de la posibilidad de tomar "cuantas acciones o medidas considere necesarias" ante el paro, palabras que los sindicatos consideran "una estrategia de intimidación".
Además de las huelgas, las trabajadoras iniciaron una serie de concentraciones en Ourense delante de las tiendas de Carolina Herrera y Purificación García, dos firmas para las que Textil Lonia cuenta con licencia. Es un caso distinto al de Christian Lacroix, por la que la ourensana no paga un canon por el uso de la marca, sino que es 100 % de su propiedad, tras comprarla por un importe que se mantiene bajo un estricto blindaje de confidencialidad.
Ese hermetismo que impide conocer las cantidades pagadas por la histórica firma francesa es uno de los principales rasgos distintivos de Textil Lonia, una sociedad participada a partes análogas por los tres hermanos de Adolfo Domínguez (Jesús, Josefina y Francisco Javier), que se separaron de él en 1997, cada uno de ellos con el mismo 25 % que desde 2014 posee también el grupo catalán Puig. Según un informe elevado el pasado año a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Puig valora Lonia en 610 millones de euros.
Las memorias anuales de Puig permiten conocer que los beneficios netos de la ourensana cayeron en 2024 de 53,5 millones de euros a 37,3, un retroceso del 30 %. En diciembre de 2024, la junta general de accionistas aprobó un reparto de dividendos de 24 millones de euros, la mitad exacta que en agosto de 2023, cuando se autorizaron 48 millones con cargo a reservas. Pese a esa caída, atribuida en parte a la operación Lacroix, los sindicatos consideran que son cifras incompatibles con la situación de sus empleadas de producción. "No es que trabajen, es que están reventadas. Soportan una carga de trabajo brutal, están sometidas a presiones y solo se les compensa con desprecio, salarios ínfimos y peligro para su salud física y mental", denuncia la secretaria comarcal de CIG.
Con la adquisición de la legendaria y extravagante Lacroix, la empresa ourensana se orienta de forma directa en el sector del boato. "El grupo seguirá enfocado en su estrategia de consolidar las marcas dentro del segmento más exclusivo del mercado de lujo", apuntó en un reciente informe de gestión. La rentabilidad de la operación está por demostrarse, pero en las naves de Ourense ha prendido la mecha de la conflictividad laboral.
Cobrar 950 euros por coser prendas que se venden a 4.000. Esa es la paradoja que denuncian los empleados de la ourensana Textil Lonia, la discreta empresa fundada por los hermanos de Adolfo Domínguez que domina el sector en Galicia a la sombra de Inditex. Es la cara B del lujo, que ha conducido a una sucesión de huelgas secundadas por el 95 % de su plantilla de producción. Firmas de alta gama como Carolina Herrera o Purificación García ven comprometido su suministro. Lo mismo que Christian Lacroix, la casa de moda adquirida por la compañía de Pereiro de Aguiar con la que sorprendió al sector a principios de 2025.