A la caza del Vakamulo, el coloso con colmillos que asusta al monte gallego
Galicia tiene un superjabalí que dobla el tamaño de un ejemplar común. Los problemas que genera también han crecido: destrozos urbanos. agrícolas y siniestros de tráfico
Hace unos días en el monte Castrove, en el municipio de Meis (Pontevedra), abatieron a un jabalí de 140 kilos. Era una pieza descomunal. Y el 25 de diciembre, dieron caza a otro de 145 kilos en Abegondo (A Coruña). Más o menos el volumen de un oso pardo o un hipopótamo joven. Y no es el único ejemplar de su especie que ha crecido desmesuradamente en el interior del monte gallego, en las zonas más agrestes, donde los destrozos que causan en los cultivos y campos son proporcionales a su tamaño.
Una suerte de coloso de cuatro patas que infunde temor. Los jabalíes son salvajes, territoriales y agresivos, si se sienten amenazados; su envergadura y unos colmillos afilados les convierte en animales imprevisibles con los que conviene guardar distancia. Lo habitual en un macho adulto es un peso de 65 a 90 kilos, pero se ha constatado que ya hay ejemplares que los doblan en tamaño, hasta rondar los 200.
Para referirse a estos grandes ejemplares de mamíferos suidos se impone la denominación de vakamulos, por su enorme volumen. Es el apodo que acuñó el jefe de una cuadrilla de cazadores de la Ribeira Sacra, en los cañones rocosos del río Sil que hacen frontera entre Ourense y Lugo, donde han sido vistos con mayor frecuencia en terrenos muy escarpados.
No son una especie nueva, precisan desde la Federación Gallega de Caza, son machos adultos que pasan de los diez años y que viven en zonas remotas, a salvo de las batidas de caza y que disponen de mucho alimento a ras de suelo, como castañas.
¿Cuántos hay? Los sindicatos agrarios estiman unos 180.000 ejemplares en Galicia
¿Cuál es la población total de jabalíes en Galicia? Aunque es difícil de precisar, los sindicatos agrarios de la región calculan que son unos 180.000 ejemplares. Ha crecido en los últimos veinte años y así lo reflejan los datos. En la temporada de caza 2023/34 se abatieron (oficialmente) 18.283 ejemplares y en la 24/25 se notificaron más de 4.200 avisos por los daños causados por su presencia, el triple que un lustro atrás. La factura no es ligera. Solo en 2024, el Gobierno gallego tuvo que destinar más de 4 millones de euros a paliar los destrozos causados y duplicar la partida para controlar la superpoblación.
Los jabalíes (y los corzos) también están detrás de la mayoría de los 36.087 accidentes de tráfico provocados por animales que la DGT registró en 2024. Son tres de cada cinco en Galicia, con un total de 3.700 y una media diaria de 10,2. Ocurren, sobre todo, por la noche, en carreteras convencionales pero también autovías como la AG-64 (de Ferrol a Vilalba).
Para combatir la superpoblación, la Xunta declaró —por quinta vez desde el 2019— la emergencia cinegética; se pueden cazar sin límite hasta el 22 de febrero del 2026 en 254 ayuntamientos de las cuatro provincias y en distintas modalidades (caza al salto, caza al rececho —sin perros— y al contado, con cuadrillas más reducidas). A mayores, se han colocado jaulas específicas de captura en puntos críticos y el Ejecutivo ofrece bonificaciones fiscales a los TECOR (Terrenos Cinegéticamente Ordenados) que logren mayor cupo de capturas. La consellería de Medio Ambiente estima que desde el 2020 se han abatido a 92.000 ejemplares.
Del monte a la ciudad
La presencia de los jabalíes en el centro urbano fue una de las quejas frecuentes de los vecinos de ciudades atlánticas como Ferrol, A Coruña o Vigo en los últimos años. Por las redes sociales, corrieron vídeos de jabalíes en ruta noctámbula por la plaza de María Pita, rondando las playas de Nigrán y, de nuevo esta semana, escarbando en las rotondas del puerto ferrolano.
El problema, lejos de remitir, parece aumentar o “ir a peor”, así lo han denunciado desde la Asociación de Vecinos de Canido (Ferrol). Las hembras han tenido crías y las piaras son más numerosas mientras esperan por unas jaula-trampa que no están instaladas. Los jabalíes han pasado de dar buena cuenta de los huertos urbanos a buscar restos de cualquier cosa en los contenedores de las calles Celso Emilio Ferreiro y acampar en el parque Antón Varela como vecinos de cuatro patas con vocación de permanencia.
Hace unos días en el monte Castrove, en el municipio de Meis (Pontevedra), abatieron a un jabalí de 140 kilos. Era una pieza descomunal. Y el 25 de diciembre, dieron caza a otro de 145 kilos en Abegondo (A Coruña). Más o menos el volumen de un oso pardo o un hipopótamo joven. Y no es el único ejemplar de su especie que ha crecido desmesuradamente en el interior del monte gallego, en las zonas más agrestes, donde los destrozos que causan en los cultivos y campos son proporcionales a su tamaño.