Una ciudad fuera del mapa: la red de autovías se olvida de Lugo
La demora de la conexión con Santiago se suma al inexistente enlace con Ourense y a una unión con Asturias paralizada por las nieblas
El presidente Pedro Sánchez tuvo un desliz en el Congreso. En la penúltima sesión de control, aseguró que la autovía Santiago-Lugo está "plenamente operativa". Ya les gustaría a los usuarios, que llevan casi 30 años esperando por una finalización que difícilmente se completará antes de que termine el año, como se anunció. Cuando lo haga, todavía quedará mucho para situar a Lugo en el mapa de las grandes infraestructuras. A la demora de la A-54 hay que sumarle el desastre de la autovía con Ourense, con 8,8 kilómetros abiertos y otros 103 de carretera en lamentable estado. Y por supuesto, el fracaso de la unión con Asturias por la A-8, que con hasta 500 horas de cierre al año a causa de las nieblas, se ha convertido en símbolo del desacierto técnico y político de las infraestructuras en la provincia.
El lapsus de Sánchez hubiera pasado inadvertido si el tramo pendiente (Melide-Arzúa) no llevase en obras desde marzo de 2018, o si el ministro de Transporte y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, no se hubiese comprometido a estrenarlo antes de finalizar el presente año, como hizo en febrero, al inaugurar Palas de Rei-Melide. El PP gallego aprovechó la ocasión para lanzarse contra el presidente del Gobierno, reprocharle "falta de interés" y acusarle de lanzar "un bulo". Lo cierto es que las obras avanzan lentamente, y que el propio Ministerio sembró dudas sobre la fecha de finalización en una reciente respuesta parlamentaria a diputados populares, cuando a la pregunta concreta del cumplimiento del plazo previsto contestó que trabaja "para finalizar lo antes posible".
La capital gallega sigue así sin conexión completa por autovía con una de las cuatro capitales provinciales casi tres décadas después de que se iniciaran los primeros trámites para unir ambas ciudades, a principios de los años noventa del siglo pasado. El que queda pendiente experimentó un cambio de contrato con la empresa constructora con la ejecución ya en marcha, en diciembre del 2021, a un año y cuatro meses de la finalización inicialmente prevista. Posteriormente, se autorizaron dos ampliaciones de plazo atribuidas a modificados de proyectos, lo que disparó a casi 100 millones de euros un presupuesto inicial de 88,5 millones.
Cuando se corte la cinta definitiva, habrán pasado 33 años desde que Josep Borrell, entonces ministro de Obras Públicas, anunciase los primeros estudios para la construcción de la autovía. Las obras del primer tramo (entre Santiago y Lavacolla) se iniciaron a finales de 1996 y se inauguraron tres años más tarde, cuando no existía el compromiso todavía de extenderla hasta Lugo.
Mucho más lenta que la conexión de Lugo con Santiago avanza la autovía a Ourense (A-56), que carece además de vías alternativas como el enlace a través de la A-6 y la AP-9 que mitiga la demora de aquella. No existen en España muchos casos de provincias vecinas sin conexión entre sus capitales, pero en Lugo la situación se agrava por el lamentable estado de la carretera actual (la N-540), que la prensa local suele describir como un compendio de baches, curvas peligrosas y firme desgastado, especialmente en la provincia de Lugo.
De los 66,7 kilómetros de los que constará (desde Ourense hasta la conexión con la A-54, a 23 kilómetros de Lugo), solo 8,8 están operativos y otros 1,8 en obras, en la variante Norte de Ourense. El resto es una suma de proyectos caducados pendientes de renovación o ya completados pero sin adjudicar. Incluso el tramo en obras ha visto retrasada su apertura, probablemente hasta 2027.
Son muchos los años que los usuarios deberán seguir circulando por una carretera nacional que representa el deterioro de las comunicaciones en el interior gallego. El Gobierno reconoció que solo en 2024 se registraron 240 siniestros, 53 de ellos directamente vinculados al mal estado del firme. El BNG ha llevado el caso al Congreso, donde denunció su "total estado de abandono", con "socavones, grietas y tramos sin asfalto", especialmente en zonas urbanas como Guntín. A la denuncia política se suman protestas vecinales en municipios como Chantada, donde usuarios y transportistas reclaman una reparación urgente.
Si la conexión de Lugo hacia el sur es deficiente, hacia el norte sufre los efectos de uno de los mayores absurdos de las obras de infraestructuras de España. Se trata de la conexión con Asturias por la A-8 en el tramo entre A Veiga de Pumar y Mondoñedo, que solo en sus tres primeros años desde su inauguración, en 2014, permaneció inutilizado una media anual superior a un mes, con cortes que se prolongaban hasta cinco días consecutivos. La causa son las densas nieblas que afectan a la zona, que no fueron tenidas en cuenta en su construcción. El punto más crítico, O Fiouco, se encuentra a unos 700 metros de altitud, en una zona donde la nubosidad se forma y mantiene durante horas o días, reduciendo la visibilidad a menos de 40 metros. Cuando eso ocurre, la DGT desvía el tráfico hacia una antigua carretera de montaña estrecha y sinuosa, la N-634, que tiene que soportar una intensidad de 10.000 vehículos diarios y provoca que se duplique el tiempo de viaje.
Los errores en la elección del trazado obligaron al Ministerio a experimentar soluciones extravagantes de escaso éxito. Desde sistemas de balizamiento y paneles luminosos a pantallas antiniebla, como las que se presentaron en 2019 y se paralizaron por un informe ambiental negativo y entre críticas técnicas por su dudosa eficacia. También se han planteado túneles o variantes subterráneas que se descartaron por su elevado coste. El Gobierno trabaja en una "alternativa técnica segura y ambientalmente viable", pero no hay proyecto aprobado ni calendario concreto.
A las deficientes comunicaciones por carretera, suma Lugo su inexistente conexión con la alta velocidad ferroviaria. Es, junto a Ferrol, la única de las siete ciudades gallegas a la que no ha llegado.
El presidente Pedro Sánchez tuvo un desliz en el Congreso. En la penúltima sesión de control, aseguró que la autovía Santiago-Lugo está "plenamente operativa". Ya les gustaría a los usuarios, que llevan casi 30 años esperando por una finalización que difícilmente se completará antes de que termine el año, como se anunció. Cuando lo haga, todavía quedará mucho para situar a Lugo en el mapa de las grandes infraestructuras. A la demora de la A-54 hay que sumarle el desastre de la autovía con Ourense, con 8,8 kilómetros abiertos y otros 103 de carretera en lamentable estado. Y por supuesto, el fracaso de la unión con Asturias por la A-8, que con hasta 500 horas de cierre al año a causa de las nieblas, se ha convertido en símbolo del desacierto técnico y político de las infraestructuras en la provincia.